Críticas
Lapönia: Ahora los padres son los Reyes

Fotos de rodaje de 'Lapönia'. ©David Herranz. Montaje: ©Cine con Ñ
A Lapönia es a donde se va una pareja y su hijo a conocer a Papá Noel y a visitar a la hermana de ella, que vive allí junto a su novio finlandés y su hija compartida en una fantástica casa de madera en Romanievi. Pero el viaje acaba de empezar muy mal: la prima le acaba de decir al primo que el hombre barbudo que trae regalos no existe. Pronto las dos parejas tendrán que enfrentarse a la decisión de si seguir con la fantasía o decirles la verdad.
Comedia con dilemas de crianza que está basada en la obra de teatro de Marc Angelet y Cristina Clemente, que han escrito también el guión de la película. El director es David Serrano (Voy a pasármelo bien, Días de fútbol), que, por primera vez en su carrera en cine, no participa también en la escritura (acreditada, por lo menos) de una película que dirige.
Lapönia es, en la base, una película de gente hablando en una casa. Es decir, está muy determinada por su formato teatral, que impregna todo el concepto y la estructura: una esencia hiperdiscursiva que tiene que buscar sus estímulos en la información que se va ocultando y desvelando a lo largo de una noche con aurora boreal. Si se aceptan estas normas previas, la película se sostiene bastante bien.
Lapönia y por qué criar es un dilema

Lapönia se puede enmarcar en este reciente ‘cine de padres’ —como Altas capacidades, con la que ha coincidido en la Sección Oficial del Festival de Málaga—: comedias con ramalazos de fondo serio, alejadas del cine familiar, centrada en las formas de afrontar la crianza y valores a transmitir a los hijos.
Aunque es una preocupación atemporal, es cierto que la apertura a nuevos modelos y roles, con una consciencia adquirida de la importancia de la educación en casa para el desarrollo de las ‘personas del futuro’, hace que sea un tema más presente en nuestras sociedades sobreestimuladas. Es natural que el cine, mayoritariamente hecho por personas con edad para tener niños pequeños (personas entre los 35 y los 50 años), lo refleje.
Lapönia lo hace de una forma bastante inteligente, manteniendo un dilema que, aunque parezca que no, tiene más aristas de las que parece: ¿Es bueno mantener determinadas fantasías a los niños aunque no sean ciertas? ¿Cuál es el límite de lo que tienen que saber? A partir del miedo a que se descubra que Papá Noel son los padres, la película va dosificando los distintos lados y formas de ver el asunto y, pese a que le dan 40 vueltas a lo mismo, se van planteando prismas y razones convincentes desde ambos lados, balanceando la comedia con una discusión honesta sobre un tema real.
Papá Noel es el teatro

En España se hacen varias películas al año sostenidas en un planteamiento teatral. Es decir, pocos personajes, localización única y un guión que los hace ir hablando mientras se van descubriendo cosas que los protagonistas ocultan. Lapönia es esa película también, con los peajes habituales a la hora de tener que hacer dinámico el continuo plano-contraplano: cambios de «escenario» dentro de la casa, conversaciones apartadas para mantener la intriga, revelaciones estratégicas, etc…
Pero, dentro de ese modelo, que puede ir desde Un dios salvaje (2011) a algunas de las comedias recientes de Cesc Gay (Sentimental, 53 domingos), Lapönia es de las películas que se preocupan de que el guión tenga la profundidad suficiente para mantener el interés y que sus personajes tengan la entidad para aguantarlo. Serrano, que siempre ha dirigido bien en la coralidad de voces, vuelve a acertar con unos Natalia Verbeke, Julián López, Ángela Cervantes y Vebjørn Enger muy bien balanceados en la fina línea entre lo odiable y lo entendible y muy dentro de sus personajes.
Por ir abriendo los regalos: Lapönia es una película de alma teatral que tiene que convivir con algunas limitaciones y estructuras que la obligan a jugar en un tablero muy concreto, con las reglas muy predeterminadas, lo que la obliga a tener también unas aspiraciones más limitadas. Con todo eso encima, la película puede incluso tener más mérito que se mantenga divertida, fresca, perspicaz y hasta profunda cuando quiere.
Dónde ver


Arturo Tena