Vuelve el asesino de estudiantes
En marcha la secuela de ‘Tuno Negro’, el regreso del ‘slasher’ ibérico de los 2000

Fele Martínez la emprende a tiros en 'Tuno Negro' (2001).
La leyenda del tuno negro regresará con Tuno Negro, reiniciando, la ‘recuela’ del slasher español del año 2001 que dirigirá uno de los dos cineastas creadores de la original, Pedro L. Barbero. Una continuación de la historia original 20 años después que al mismo tiempo reinicia o pone al día algunos de los elementos de aquella, adaptándolos al terror de 2025 y el público actual. De momento se desconocen detalles del futuro reparto o el argumento, pero sus responsables adelantan una historia «accesible pero llena de guiños a los fans de la original».
La historia del tuno asesino en serie que persigue a los malos estudiantes por el campus de la Universidad de Salamanca empezó a regresar «en 2021, coincidiendo con el 20 aniversario del estreno de la original», explica José Alberto Sánchez (Los futbolísimos, El crack cero), productor de Chester Media, firma detrás del regreso de Tuno Negro. En su día la película recaudó el equivalente al cambio de más de 2,3 millones de euros actuales y llevó a las salas a 583.344 espectadores.
«Se hicieron homenajes y coloquios para hablar de una película que se había convertido en una cinta de culto. Había una gran parte de fans que no habían dejado de pedir la continuación desde el mismo día del estreno de la primera», explica Sánchez a Cine con Ñ junto al director, Pedro L. Barbero. «El caldo de cultivo estaba ahí y, por otra parte, la nueva generación de fans jóvenes necesita su propio Tuno Negro».
El cineasta firmará el guión de esta nueva entrega junto a María Molina, «ya que ver la historia también desde el punto de vista de una mujer en la nueva historia es fundamental», añaden desde Chester. En Tuno Negro, reiniciando «las mujeres tienen mucho que decir y son protagonistas absolutas. No son sólo las víctimas».
El reparto, del que aún se desconocen los nombres, «es completamente nuevo pero, como ocurre en las ‘recuelas’, estarán también algunos de los personajes clásicos de la película original», añaden. Una ‘recuela’, recuerda el productor José Alberto Sánchez, «funciona simultáneamente como remake y como secuela. Repite elementos exitosos de la original, volviendo a iniciar la historia, pero también prolonga su narrativa».
De momento, poco más se sabe. El futuro argumento «girará en torno a si los asesinatos son cometidos por el antiguo Tuno Negro o es alguien que ha decidido ponerse la máscara y revivir aquellos crímenes», en guiño nada disimulado a la saga Scream, una de sus inspiraciones confesa. Por otro lado, el tuno asesino abandona Salamanca, «tenía que viajar para hacerse más universal. Aunque aún no podemos adelantar nada sobre la ciudad en la que transcurre la historia, no se queda atrás: hemos buscado una catedral y una universidad aún más grandes. El nuevo escenario no va a defraudar en absoluto», anuncian Sánchez y Barbero.

Tuno Negro y el slasher español de los 2000
El proyecto de Tuno Negro, reiniciando surgió así «de la misma forma que nació el Tuno Negro original: viendo el éxito de las nuevas versiones de Scream, Sé lo que hicisteis el último verano y esas películas que fueron referencia en el cine de terror de una época», de manera que «decidimos poner en marcha la continuación del slasher más exitoso del cine español».
Tuno Negro (2001), de Pedro L. Barbero y Vicente J. Martín, se estrenó verano del año 2001 siguiendo la estela de éxitos del slasher de finales del siglo pasado como Scream (1996), de Wes Craven, y sus secuelas, o Sé lo que hicisteis el último verano (1997), de Jim Gillespie. Reunió un elenco de caras conocidas de la época, como Jorge Sanz, Silke, Fele Martínez, Maribel Verdú o Marián Aguilera, junto a ya veteranos como Eusebio Poncela, entre otros.
La base de la trama era una leyenda urbana de la Universidad de Salamanca —inventada por los propios Martín y Barbero, también autores del guión, aunque dos décadas después alguna web de consulta la de por «natural» e incluso algún asistente de IA la cite como anterior al filme—: la de un asesino en serie infiltrado en la tuna que se dedica a ‘cazar’ cada año a los peores estudiantes, acabando con la vida del que saca peores notas de cada clase.
Tuno Negro formó parte de la pequeña «edad de oro» del slasher español, que duró menos de un lustro. A rebufo también del éxito de Tesis (1996), de Alejandro Amenábar, se estrenaron también El arte de morir (2000), de Álvaro Fernández Armero, School killer (2001), de Carlos Gil, o Más de mil cámaras velan por tu seguridad (2003), de David Alonso. Recientemente El club de los lectores criminales (2023), de Carlos Alonso Ojea, que repite ambiente universitario, ha recogido su legado.
Una secuela de Tuno Negro para las nuevas generaciones
Sánchez y Barbero explican que «Tuno negro, reiniciando pretende ser una historia nueva para las nuevas generaciones. Que pueda disfrutarse sin haber visto la historia original y en la que los espectadores más jóvenes se puedan identificar totalmente con unos personajes que les sean muy cercanos. Queremos que éste sea su Tuno Negro«.
Pero, por otra parte, «no podíamos olvidarnos de los fans de la película original, aquellos que vieron la película en los cines en 2001 y que tanto han demandado estos años una continuación… Éstos la van a disfrutar de una forma muy especial ya que el guión está lleno de guiños para ellos».
El director ha querido que sea un homenaje, no ya al personaje, si no «a todos aquellos que se saben de memoria el Tuno Negro salmantino», por lo que ha plagado la historia con imágenes y detalles «que les sacarán una sonrisa al descubrirlos». Añaden productor y cineasta que esperan que «sea un fan service para aquellos que llevan esperando esta película desde hace 25 años».
En este momento, la película se encuentra en fase de escritura de la versión final del guión, mientras desde Chester Media han comenzado «la andadura de la financiación y posibles acuerdos con compañeros de viaje que sean interesantes para poder sumar al proyecto». El proyecto ya ha sido incluido en las ayudas al desarrollo de la Comunidad de Madrid.


Jose A. Cano