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REPORTAJES

‘Apuntes para una ficción consentida’, el viaje de los precarios y sus barrios para contarse a sí mismos

Ana Serret presenta su primer largometraje de ficción, en la que sigue a una actriz suiza empeñada en interpretar en español: "El hogar es el lugar en el que están las personas que quieres"
Apuntes para un ficción consentida, de Ana Serret

Apuntes para una ficción consentida no es una película. Es un audio-walk —o paseo sonoro, si lo quiere uno en más cervantino—. Una suerte de performance escénica en la que el espectador camina por un entorno con cascos, se para ante los diferentes personajes, y escucha su historia sin que el actor o actriz abra la boca.

Es también la historia de Lea, una actriz suiza residente en España que organiza audio-walks, llamada Lea, a la que Isabelle Stoffel, que la interpreta, presta sus experiencias como germanoparlante que actúa en castellano. Y es, finalmente, la historia de los barrios en desaparición en el centro de ciudades como Madrid.

Ana Serret (La fiesta de otros, El señor Liberto y los pequeños placeres) ha dirigido su primera ficción con esta película, en la que Álex Brendemül, Violeta Rodríguez o Francesca Piñón completan el reparto principal. Un grupo de personajes en la precariedad rodeando a una actriz precaria, ya con una edad como para compartir piso, pero empeñada en interpretar a Teresa de Jesús pese a su acento alemán.

«El tratamiento del sonido ha sido el 50% de la película. Siempre ha sido importante en mis documentales, pero en este caso aún más», explica la cineasta a Cine con Ñ. «Todo empieza cuando conozco a Isabelle y ella me explica tanto sus experiencias como lo que son los audio walks, y decido que esto tiene una historia. Es importante porque al final, todo es ficción, aunque el reparto a veces preste su nombre o parte de su biografía. Pero incluso los momentos 100% documental, en realidad son la película que rueda la propia Lea».

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La directora Ana Serret, en una foto de archivo.

La precariedad y otras chicas del montón

Apuntes para una ficción consentida se estrenó en la pasada Seminci de Valladolid y también pasó antes de su estreno por Madrid a través del festival Rizoma, la ciudad que le sirve de escenario, junto al río Manzanares que la protagonista acabará cruzando para poder permitirse un piso para ella sola y no compartir como si aún fuese estudiante.

«En la película vemos que ella se ha separado de su pareja hace poco, todavía tiene cosas en cajas… está desarraigada, que es un poco la vida del expatriado, ¿no?», comenta Serret. «Isabelle me decía que ella siente que existe dos veces, porque está en dos sitios a la vez, Suiza y España, y en ninguno. Lea es igual. Sus problemas con el acento, aunque su español sea perfecto, hablan de eso: cuando hablas otra lengua, eres alguien diferente. Me siento identificada porque yo tampoco vivo en España y cuando hablo italiano siento que soy un poco diferente».

Apuntes para una ficción consentida
‘Apuntes para una ficción consentida’.

«Llegamos al reflejo de la precariedad porque ese es el mundo de muchos actores», asegura la directora. «Yo quería contar el mundo de la actuación, precisamente porque al venir del documental nunca había trabajado con actores. Mi primer impulso era entender el proceso de trabajo del actor, cómo trabaja de una forma más íntima».

Por eso también en la película «a Lea nunca la vemos sobre un escenario, porque solo me interesaba el proceso, no me interesaba contar el resultado, sino su camino y cuántas veces se da contra el muro». En ese cruce de frustraciones, apoya a su compañera de piso mucho más joven en su carrera, da clases con su ex o intenta asimilar ‘r’ española, tan imposible para algunos idiomas centroeuropeos.

Apuntes para una ficción consentida y colectiva

En su tercio final, Apuntes para una ficción consentida se convierte en la película que Lea rueda dentro de la película que Lea vive. Un documental en el que se dedica a captar las voces del barrio de La Latina, en la zona del Rastro, desde una refugiada que lucha contra la ablación y los matrimonios infantiles hasta el último librero independiente que se resiste a bajar la persiana. «En parte hemos visto el proceso de cómo ella sale de sí misma, pero también la manera en que contar su historia es contar la de todos los demás», apunta Serret.

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Àlex Brendemühl, Ana Serret e Isabelle Stoffel en la Seminci de Valladolid. ©Goyo Conde

Si en los primeros minutos de la película teníamos a personajes como la compañera de piso mirando a cámara y presentándose, en los últimos aparece Lea rodeada de todo el equipo de sus documental dentro de la ficción y sonríen todos al objetivo. Aunque sigue siendo precaria, le siguen negando papeles por el idioma y demás, Lea es otra persona.

«Me costaba encontrar también la motivación de por qué, a pesar de las dificultades con su dicción alemana, seguía empeñada en ser actriz en España», finaliza Serret. «Y la clave eran las personas que la rodean. Porque al final el hogar no es tanto el país o el lugar que escoges, sino el lugar en el que están las personas que quieres. El lugar donde están las personas con las que quieres pasar más tiempo».

Jose A. Cano

Jose A. Cano

Jose A Cano (Lora del Río, Sevilla, 1985), es licenciado en Periodismo. Ha trabajado en medios como El Mundo, 20 Minutos, El Confidencial o eldiario.es, entre otros, como periodista de local, internacional o Cultura. Actualmente ejerce como redactor en Cine con Ñ y colabora con medios como El Salto o El Español, entre otros.