CRÍTICAS
La cena: Otra comedia comercial es posible

Stills de 'La cena'. Montaje: ©Cine con Ñ
La cena es la que tiene que organizar el teniente Medina, oficial de intendencia en el ejército franquista, a las pocas semanas del final de la Guerra Civil, en abril de 1939. Franco y sus generales quieren celebrar la victoria en el Hotel Palace de Madrid. Y Medina tiene un problema: todos los cocineros están en la cárcel, por rojos. Mientras lidia con la falta de marisco, de bandas de música y otros inconvenientes con la ayuda del maître del hotel, Medina tendrá que procurar que los chefs no se le escapen durante el evento.
Una película de Manuel Gómez Pereira, escrita con Joaquín Oristrell y Yolanda García Serrano y adaptando una obra de teatro de José Luis Alonso de Santos. Encima, comedia. Y ambientada en la Guerra Civil, más o menos. No es 1999, es 2025, y aunque la idea pueda parecer de bombero, funciona como un tiro. Mejor que la media en las comedias comerciales españolas recientes, tan cortadas por el mismo patrón que no se permiten las gamberradas que se ven aquí.
La cena se basa en el texto de La cena de los generales, texto del dramaturgo vallisoletano estrenado en 2008, al que le hacen los ajustes justos y necesarios para llevarlo al cine respetando la esencia. Es, sobre el papel y fuera de él, una película de otro tiempo, pero una tan bien hecha que, si se llega a estrenar en su día, la recordaríamos como poco menos que mitológica. Es un disparate, una comedia negra, una burla del franquismo y una celebración de seguir vivo a pesar de las dificultades. Y te ríes mucho, que es de lo que va la movida.
La cena de los idiotas patriotas

La cena tiene toques de la mismísima Allo, Allo (1982-1992), cosa que es mucho decir, aunque el personaje de Alberto San Juan, el sofisticado maître Genaro, le lance guiños al de Ewan McGregor en Un caballero en Moscú (2024). El peligro es real, pero el humor también, y a veces se logra, como en las mejores comedias posteriores al franquismo, dejando que las situaciones se muestren en toda su gloriosa imbecilidad cursilona. Aunque prima el enredo, cuyo ritmo es lo que dominan Gómez Pereira y sus guionistas.
San Juan y un Mario Casas que se autoparodia por enésima vez son el alma y la clave de este circo de monstruos alrededor de una cena con banda y fuga, en la que la falta de pretensiones y la poca vergüenza del guión permiten que se perdonen los saltos de lógica e incluso algún error de montaje claramente provocado por no fastidiar el ritmo de un determinado chiste. Y sí, hay muchas bromas de mariquitas y alguna de cosificar señoras, pero no se ansíen, que funcionan. A La cena, cuando uno entra, se le perdona todo.
Como antagonista, en el papel de Villano McMalo, de mala bestia que mata ratas a tiros, queda Asier Etxeandía, con una interpretación en el equilibrio justo entre el tópico nazi malvado de película y su parodia, para que siente igual de bien tenerle miedo que reírse de él. El reparto es un acierto, en general, desde el cameo de Antonio Resines a los papeles secundarios de Elvira Mínguez, Óscar Lasarte —repitiendo su papel de Gila en ¿Es el enemigo? (2024), aunque aquí se llame de otra forma— o Carmen Balagué.
Ya no se hacen películas como las de antes

La cena es otra de esas ficciones que se ríe de la dictadura, además, por contexto, no solo colocando a Franco como un cateto cachetón enano y con voz de pito. Lo grotesco del Régimen no es ese oficial de Falange que todo lo resuelve a tiros, sino que las únicas formas de librarse de la opresión son corromperse (en cualquier formato) o huir. El comentario histórico o político, por suerte, no se come a la peripecia, y se apoya igual al maître monárquico que a los cocineros rojos, más por simpáticos que por otra cosa.
Quizás lo más interesante es ese principio de una buena amistad, o lo que sea, entre esos dos mandos intermedios que asumen que su labor no es tanto obedecer las órdenes de sus superiores como proteger de ellas a sus subordinados. La relación mitad respetuosa, mitad mamarracha, que une a Medina y Genaro, que no dejan de ser más o menos de derechas solo que no quieren matar a nadie, es la que otorga también personalidad a una comedia que podía haber derivado en una más «rojos riéndose de Franco»… aunque también lo sea.
Sirviendo los postres: La cena está muy bien, una comedia de enredo cortita y al pie, que sabe jugar con la coralidad de un gran reparto a pesar de tener dos líderes claros de la fiesta y recuerda que es posible hacer el mamarracho desde la contención, un humor negro medido en buenas dosis y el respeto por unos espectadores que saben que los chistes de mariquitas entran bien siempre cuando sea el propio mariquita el que acabe sosteniendo la pistola.
Dónde ver


Jose A. Cano