25 años después
‘La comunidad’ vuelve al cine: razones para perseguir 300 millones de pesetas en la pantalla grande

El 29 de septiembre del año 2000 se estrenaba La comunidad, el quinto largometraje de Álex de la Iglesia. Era la primera vez que Maura rodaba con él —repetirían más tarde en 800 balas (2002) y Las brujas de Zugarramurdi (2013)— y el tono prometía alejarse de la tragedia disfrazada de comedia de Muertos de risa (1999), estrenada un año antes. La película prometía ser la de la madurez definitiva del director, al que la crítica empezaba a respetar tras mirar por encima del hombro Acción mutante (1993) o incluso la revolución de El día de la bestia (1995).
Es la historia de una vendedora inmobiliaria, una comunidad de vecinos en el centro de Madrid bastante peor avenida de lo que parece y 300 millones de pesetas. Un cruce entre las noticias —la muerte del anciano que da inicio a la trama está basada en un caso real—, la sátira social ibérica y el Hollywood clásico, a tope de revoluciones y sin ninguna vergüenza. Es el día en que el 13 Rue de Percebe de la vieja Bruguera se dio la mano con los thrillers de fastidiarle mucho la vida a una actriz rubia de Alfred Hitchcock.
La comunidad vuelve ahora, 25 años después, a los cines, restaurada por Mercury Films y de la mano de Avalon, con pases programados en toda España incluidos algunos con charla con el director y una trama que no nos suena tan lejana a fecha de 2025. Una trabajadora de una inmobiliaria en precario, una comunidad de vecinos que esconde miseria humana bajo su aparente normalidad, personas mayores que mueren solas y demasiado amor por el dinero y poco por el prójimo.
La comunidad, historia del cine en dos direcciones

Ya desde los créditos comienzan los homenajes al Hitchcock más clásico, que incluirán la tradicional subida a las alturas de la protagonista al estilo De la Iglesia, los planos en los que enmarcan el rostro de Maura, los cenitales para la pelea en la terraza o el sabio juego con la información que les falta a los personajes y nos sobra a los espectadores que disemina el guión, a medias de Jorge Guerricaechevarría. La comunidad convierte en siniestro algo tan cotidiano como tirar la basura, aunque es lógico si quien te acompaña es Terele Pavez.
El reparto, Maura aparte, es el otro gran acierto, repleto de veteranos todoterreno que en sí mismo ya eran referencias cinéfilas. Desde Sancho Gracia hasta secundarios como Paca Gabaldón o Manuel Tejada pasando por Emilio Gutiérrez Caba que se llevó su primer Goya por su trabajo aquí. Aunque las frases míticas sean para Pavez, claro, y su mítico «Tú sales de aquí… ¡pero con los pies por delante!» desde las alturas de la Carrera de San Jerónimo, no menos potente que el «¡Dí que eres como yo, dilo!».
También, aunque el exterior más recordado sea el Círculo de Bellas Artes, hay que recordar que los interiores del bloque pertenecen a un edificio de la Calle Desengaño donde también se rodó para El día de la bestia. Sí, la misma calle donde no mucho después se situaría en la ficción Aquí no hay quien viva (2003-2006), con la que esta película comparte a un secundario tan concreto como era Eduardo Gómez. El guiño evidente convertía ya una película que nació como batidora de homenajes en referente en menos de tres años.
La comunidad y la victoria de los frikis

La comunidad recaudó más de 1.100 millones de las antiguas pesetas, más del triple de lo que encontraba Julia, unos 6,7 millones de euros al cambio, sobre un presupuesto de unos 415, o sea, 2,5 millones de euros. Fue el mayor éxito de Álex de la Iglesia hasta el momento, una película enormemente rentable y que lo terminó de consagrar en el panorama nacional. Luego vendrían otros, pero este obligó a quitarse ciertos tópicos sobre cine… sin que realmente el director hubiese abandonado sus marcas autorales previas.
Más allá de Eduardo Antuña como ese friki que se disfraza de Darth Vader para hacerse el tonto, la clave de la victoria de la protagonista está en su decisión, el momento en el que renuncia al dinero —aunque ella no sepa que esa maleta solo lleva billetes de Monopoly— porque no quiere convertirse en alguien como sus vecinos. Empezó a ganar cuando al marido parado (Jesús Bonilla) le dijo que no quería una relación con la que solo conformarse ni en la que se sueñe con las mismas películas genéricas y los mismos anuncios que todo el mundo.
Así que volver al cine a ver caer a Terele Pavez desde las alturas no es solo una cuestión ya de disfrutar de la espectacularidad de la película, que la tiene, o de coreografías invisibles maravillosas como las del levantamiento del cadáver. También es celebrar esas pequeñas victorias anónimas que regala Álex de la Iglesia a sus personajes, dejándolos marchándose hacia un horizonte u otro tras completar su misión. Con el premio de no haberse convertido en aquello que juraron combatir (de una forma u otra). Sea Satán o vecina cotilla.


Jose A. Cano