Análisis
‘Superestar’ o cómo la «telebasura» se convirtió en el alma de la ficción de calidad

Still de 'Superestar'. ©Txuca Pereira/Netflix España
El viernes 18 de julio, 89 aniversario de ya ustedes ya saben qué, se estrenó en Netflix Superestar, la serie de Nacho Vigalondo producida por Javier Ambrossi y Javier Calvo que resucita el «tamarismo», aquel circo mediático de la prensa del corazón, o la llamada «telebasura», que giraba alrededor de la cantante Tamara, ahora Yurena, y personajes extremos y caricaturescos como el adivino Paco Porras, el cantante Toni Genil y demás.
Superestar es una maravilla visual, narrativa y de concepto, un cruce entre Valle-Inclán, David Lynch y John Waters que renuncia a contar una historia lineal para reflexionar, a través de estos personajes considerados poco menos que monstruos o parias, sobre la naturaleza de la sociedad del espectáculo, la esencia de la cultura española o los sueños aspiracionales en la era de las pantallas. Habrá que esperar a separarse un poco de ella para paladear si es una obra maestra comparable a La Mesías (2023).
La cuestión es cómo el caso al que se refiere fue la cumbre de la «telebasura», concepto polémico donde los haya y que cierra un círculo respecto a Veneno (2020), el gran éxito que catapultó a sus creadores y les permitió poder producir esta serie con libertad. Si la historia sobre Cristina Ortiz ‘La Veneno’ arrancaba mostrando las entrañas del programa Esta noche cruzamos el Mississippi, la de Tamara es narrada por el propio Vigalondo encarnando a un trasunto de Javier Sardá y presentando Tiempo de Marte, versión no denunciable de Crónicas Marcianas.

Jose A. Cano