Críticas
Almudena: Documental de cercanía

Stills de 'Almudena'. Montaje: ©Cine con Ñ
Almudena no es otra que Almudena Grandes, escritora y referente de la cultura española en los últimos 30 años. El documental repasa, desde la propia voz de Grandes y de las personas que la acompañaron y la querían, su manera de acercarse a la vida y a la escritura. Desde su biografía familiar, su compromiso político, su amor por la literatura o el Atlético de Madrid, el documental recorre distintos aspectos y momentos de la vida de la novelista, fallecida a finales de 2021 a causa de un cáncer de colón.
La directora Azucena Rodríguez, amiga personal y directora de una de las adaptaciones al cine de los libros de Almudena Grandes, Atlas de la geografía humana (2007), firma este documental que, desde el minuto 0, deja bien claro lo que pretende ser: un acercamiento a la figura de Grandes en clave de homenaje. Para conseguirlo, Rodríguez administra y complementa con sabiduría la cronología biográfica con la bibliográfica, la visión que tenía ella sobre sí misma y la que dejaron sus amigos más cercanos.
Almudena es, por tanto, un documental muy condicionado por este hagiográfico y sentido punto de partida. Lo bueno es que asume con naturalidad su condición de tributo póstumo y, sobre todo, que lo acompaña de un trabajo serio, meticuloso e inteligente sobre Grandes como autora. Esto, acompañado por un montaje bien definido y una estructura formal ágil, hacen que la película resulte siempre amena y, pese a la luz cegadora de la admiración, casi siempre interesante para aquel que ha disfrutado de algún libro de la novelista madrileña.
Almudena, la amiga

En los primeros minutos del documental, la directora ya deja claro de qué va esto. Después de hacerse presente como directora en el acercamiento al marido Luis García Montero, brújula poética/filosófica con la que se abre y cierra la película, es la propia Grandes —el documental se empezó a rodar con ella en vida aún— la que comenta qué le parece ser el objeto de estudio de un documental y que sea la propia Rodríguez la que lo haga. Se siente cómoda y, para ella, tiene «mucho sentido». Poniendo esto en el documental, la directora hace dos cosas a la vez: se autovalida como la indicada y legitima, por transparente, su acercamiento personal a la escritora.
Porque Almudena —de ahí el título con el nombre de pila— es un documental que gira alrededor de la dimensión más personal de Grandes. Lo interesante no es este dimensión íntima (casi todos los documentales sobre una figura pública suelen venderse así) es que, en parte por imposibilidad y/o en parte por voluntad propia —no vamos a hacer conjeturas sobre en qué porcentaje cada una de las dos opciones—, no lo es desde el voyeurismo de mirar en el día a día de la escritora, en cómo baja a comprar el pan o cocina torrijas. Está en un balanceo entre la lectura que ella hacia de sí misma y la que hacen hoy los demás, desde la añoranza y la complicidad. Es el documental que haría una amiga de verdad, que es lo que parece que era Rodríguez.
Almudena, la de todos

A diferencia del acceso exclusivo que venden continuamente las plataformas en sus formatos de no ficción, puro complemento intrascendente a la mirada artificial de nuestras vidas que nos ofrecen las redes sociales, Rodríguez se ve obligada a recurrir a los demás para componer de verdad un relato de cómo era la autora de Las edades de Lulú. Y eso hace, paradójicamente, desde la ausencia presente, se expliquen mejor algunas cosas sobre ella. El archivo, apoyo obligado, se convierte en un aliado que añade una distancia a tanta emotividad.
Lo interesante de todo esto es que el «Almudena Grandes como nunca la has visto» en realidad es bastante pudoroso. Cuando parece que se va a deslizar hacia la pura entrega de cariño y lo anecdótico, Rodríguez da un paso atrás y lo complementa todo con un ordenado y compartimentado repaso de su forma de ver el mundo y sus distintas pasiones, que es de lo que más habla de cómo era ella: García Montero, Madrid (el pregón que dio en las fiestas de San Isidro es fantástico), la literatura…. o el Atlético de Madrid, una afición que podría parecer superficial incluirla pero que explica más de su carácter y su manera de entender la vida que una entrevista a un familiar.
Almudena acaba siendo un documental valioso también desde lo formal porque, siendo en la base una película de «bustos parlantes», consigue hacerlo de una forma dinámica, apoyado en un montaje intuitivo y ágil de Juan Barrero. Los entrevistados están en movimiento, tienen algo entre las manos, cambian de lugar, interactúan entre ellos y/o con la directora… hay voluntad de ofrecer estímulo audiovisual. Una película que, siendo material para entregados, no pierde la perspectiva ni la responsabilidad de estar retratando a una figura importante de las letras españolas en las últimas décadas.


Arturo Tena