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Críticas

Bodegón con fantasmas: El pueblo está vivo, el pueblo está muerto

Una comedia de paradojas, terrenal y sobrenatural, que mete una interesante capa de amargura al humor manchego. Es más divertida y entrañable cuando menos se esfuerza en hacer reír
<strong>Bodegón con fantasmas</strong>: El pueblo está vivo, el pueblo está muerto 2

Bodegón con fantasmas sucede en un pequeño pueblo manchego. La rutina y las dinámicas rurales se ven sacudidas cuando distintos habitantes del pueblo empiezan a experimentar experiencias con el Más Allá. Los vivos y los muertos parecen entrar en contacto, con experiencias que trastocarán antiguos planes y presentará algunos nuevos. Los lugareños tendrán que decidir qué hacer ante estas apariciones.

Enrique Buleo presenta su primer largometraje como director, una comedia de paradojas, terrenal y sobrenatural, dividida en distintos episodios pero unida en este espacio físico y simbólico que es el pueblo. Así, la película se mete de lleno en la tradición del clásico humor manchego de evocación cuerdiana —el pueblo primordial, principio y fin de todas las cosas—, aunque lo interesante de ella es precisamente cómo encuentra su propia personalidad dentro de esos márgenes.

<strong>Bodegón con fantasmas</strong>: El pueblo está vivo, el pueblo está muerto 1

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Arturo Tena

Arturo Tena

Graduado en Periodismo por la Universidad Carlos III de Madrid. Escribe crítica y análisis de cine desde 2010 y es socio de ACCEC (Associació Catalana de la Crítica i l'Escriptura Cinematogràfica). Después de trabajar en CTXT, desde 2018 dirige el medio especializado Cine con Ñ.