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Cine clásico

Cuando la Escuela de Cine adaptaba a Isaac Asimov y Ray Bradbury

Filmoteca recupera una selección de cortometrajes de alumnos de la mítica Escuela Oficial de Cine (EOC) tan destacados como Iván Zulueta o Pedro Olea y sus experimentos con géneros poco habituales en el cine español de la época como el terror o la ciencia-ficción
Ciencia-ficción y fantasía en la EOC

En una época en la que el cine más comercial o de prestigio se pegaba al realismo más descarnado o a la comedia costumbrista, las prácticas de los nuevos cineastas, incluso algunos que desarrollarían con éxito esos géneros, se lanzaron a la ciencia-ficción y la fantasía. El Pedro Olea de los dramas históricos dio sus primeros pasos tras la cámara adaptando al Ray Bradbury más terrorífico. El Iván Zulueta que cambiaría la historia del cine español con Arrebato (1979) rodó por primera vez una historia de misterio y horror. Y la célebre novela Soy Leyenda (1954), de Richard Matheson, tuvo su segunda adaptación de la historia en España, en 1967, de la mano de Mario Gómez Martín.

La Filmoteca Española ha programado una selección de cortometrajes de prácticas de la extinta Escuela Oficial de Cinematografía (EOC), disponible en el canal online de la institución hasta el próximo 3 de febrero. Dentro de las sesiones dedicadas a la exposición ‘Los 100 metros libres. Vida y milagros de la Escuela de Cine (1947-1976)’ (hasta el 27 de abril en la sede de Filmoteca en Madrid), la difusión se sigue centrando en las prácticas y primeros trabajos de grandes nombres de nuestro cine. El programa, ‘La ciencia ficción y el fantástico en la EOC’, incluye cinco cortos rodados a finales de los 60 por cineastas como los mencionados o Antonio de Lara y Emilio Arsuaga.

Como recuerda la «hoja de sala» de la selección, los cortos «son buena muestra de cómo, a mediados de los 60, el cine de género y la cultura pop sustituyeron al neorrealismo como influencias para los cineastas en formación, quienes pronto tomaron conciencia de que la ciencia ficción y los códigos propios del fantástico podrían permitirles, muchas veces mediante narraciones de orden distópico, explorar los grandes conflictos de su tiempo». Incluyen Soy leyenda (1967), de Mario Gómez Martín; Androides INC (1969), de Emilio Arsuaga; Ágata (1966), de Iván Zulueta; El parque de juegos (1963), de Pedro Olea, y El robot embustero (1966), de Antonio de Lara.

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Créditos de ‘Ágata’ (1966), de Iván Zulueta. ©Filmoteca Española

Dos adaptaciones de Bradbury, otra de Asimov y otra de Robert F. Young, más Zulueta yendo por libre con sus propia historia. Aunque nos encante compararlo con el neorrealismo o el Nuevo Cine Español, no fueron escarceos en el vacío. Teóricos como Rubén Higueras han situado precisamente a finales de esa década el arranque de la «edad de oro» del llamado «fantaterror» español, que ya había dado títulos como Gritos en la noche (1962), de Jesús Franco, o estaba a punto de dar La marca del hombre lobo (1968), de Enrique Eguiluz, escrita y protagonizada por un joven Paul Naschy.

Los corto ‘fantaterroríficos’ de la EOC

Su novedad, como destaca la «hoja de sala», es la de presentar unos referentes que se independizan tanto de los referentes del ‘gótico castizo’ de décadas anteriores, con títulos como La torre de los siete jorobados (1944), de Edgar Neville; El diablo toca la flauta (1953), de José María Forqué; El clavo (1944), de Rafael Gil, o El huésped de las tinieblas (1948), de Antonio del Amo, que adaptaban o reformulaban la literatura del siglo XIX, y por otro huir del explotation incipiente que representaban las propuestas de Franco o Naschy.

De hecho, lo que prueban es la penetración de la ciencia-ficción anglosajona, y sus modos y temáticas, en la cultura popular española de la época, absorbiendo con pocos recursos muchos riesgos narrativos poco habituales en el cine español de entonces, y también nuevas maneras de reflejar las ansiedades propias de la Guerra Fría y de una década de cambios. Ya de pasó, ese deseo de diferenciación también pasa porque, aunque rodados en español y con elencos 100% locales, casi siempre de otros estudiantes de la propia EOC, se respetan los nombres anglosajones y las localizaciones, ficticias, de los entonces exóticos Estados Unidos.

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‘Soy leyenda’ (1967), de Mario Gómez Martín. ©Filmoteca Española

Así, echarles un vistazo basta para recordar que muchos tópicos de la ciencia-ficción se mantienen a lo largo de las décadas y es su aplicación la que se modula. El Soy Leyenda de Gómez Martín, un pequeño hito del género patrio, aprovecha los recursos justos para transmitir la atmósfera insana del mundo posapocalíptico de la novela y la soledad del protagonista. Con un par de toques que la hacen más cercana a un imaginario español, o europeo, de los vampiros de ciencia-ficción, resulta una adaptación mucho más fiel que el primer salto del texto al audiovisual, The Last Man on Earth (1964), protagonizada por Vincent Price.

Quizás, además de la mencionada Ágata de Iván Zulueta, una fábula de terror sobre la obsesión artística y el maltrato irónicamente actual en muchos planteamientos, la más interesante sea El parque de juegos. El debut de Pedro Olea detrás de una cámara es una historia sobre racismo y violencia entre niños de forma obvia, que extrae su terror de situaciones cotidianas, enrareciendo su realismo hasta el momento del pacto mefistofélico del personaje principal, montado en negativo para jugar con el contraste entre colores que tanto marca el argumento.

Por su parte las versiones ibéricas de Androides INC y El robot embustero, que podrían ser perfectamente episodios de Historias para no dormir (1966-2022) —y de hecho en el primero hay muchos puntos en común con El doble, episodio dirigido por Rodrigo Sorogoyen en 2021—, delatan la influencia de Alfred Hitchcock Presents (1955-1965), otra antología en la que, de hecho, colaboró Bradbury o se adaptaron algunos de sus relatos, así como Matheson. Un giro grotesco a lo cotidiano de la tecnología que invadía los hogares de la España del desarrollismo, eco de los dorados 50 norteamericanos, donde los avances y el bienestar no siempre traían la felicidad, o siquiera satisfacción vital.

Jose A. Cano

Jose A. Cano

Jose A Cano (Lora del Río, Sevilla, 1985), es licenciado en Periodismo. Ha trabajado en medios como El Mundo, 20 Minutos, El Confidencial o eldiario.es, entre otros, como periodista de local, internacional o Cultura. Actualmente ejerce como redactor en Cine con Ñ y colabora con medios como El Salto o El Español, entre otros.