Críticas
La guitarra flamenca de Yerai Cortés: Saber, pero no si suficiente o demasiado

Stills de 'La guitarra flamenca de Yerai Cortés'. Montaje: ©Cine con Ñ
La guitarra flamenca de Yerai Cortés cuenta cómo de la fascinación e interés de Antón Álvarez (C. Tangana) por un artista, el guitarrista de flamenco Yerai Cortés, surge la idea de investigar en sus raíces y la intuición de que hay detrás de una familia desestructurada hay algo más que explica mejor qué tipo de artista es este gitano que toca la guitarra como los ángeles.
Después de hacer con Little Spain Esta ambición desmedida, el desbordante acercamiento al particular Lost in La Mancha de C. Tangana, el artista asume un nuevo alter ego, ahora como director de cine, para ser el maestro de ceremonias, la cabeza y los ojos detrás de esta historia de no ficción que funciona como un viaje al revés con respecto al documental biográfico del músico: el artista conocido es el que retrata aquí a uno bastante menos conocido que él. Álvarez lo sabe y es él mismo el que introduce y envuelve la figura de Cortés en el misterio.
Esta introducción resume un poco lo que es La guitarra flamenca de Yerai Cortés: es la película de alguien que ‘sabe’. Esto es una extensión más de lo que ha hecho Álvarez en su carrera musical: saber más que el resto. O saber algo un poco antes que los demás y aprovecharlo. O hacer que parezca que lo sabe. Visionario, inteligente o simplemente listo; esa es la marca más consistente en 15 años de una figura que, de tanto en tanto, cambia de forma para adaptarse a sus nuevos intereses.
La guitarra flamenca de Yerai Cortés: saber…

El Álvarez director sabe donde está la fuerza del flamenco de Cortés, sabe cuál es el sonido potente que tiene que tener, sabe qué teclas tocar para acercarse a otro artista. Sabe cómo hacer que la esencia de la familia y el entorno gitano de Cortés salga a flote. Sabe cómo hacer inmersiva la filmación del flamenco. Sabe cómo hacer llevadero un documental y cómo soltar perlas que intriguen o diviertan al que está viendo.
Y hay algo de profundamente emocionante en la historia de Cortés que Álvarez entiende y busca: esa huella que arrastra y a la que intenta aquí darle una salida, tanto en la expresión artística como en la palabra. Su mezcla de sensibilidad y astucia, junto a la simbiosis y look asentado de la producción de Little Spain y Cris Trenas, hacen de La guitarra flamenca de Yerai Cortés un documental sorprendente, con personalidad y un sentido del espectáculo contagioso.
.. y no saber

Luego hay cosas que desvelan carencias, varias de ellas más que normales en una ópera prima. La primera tiene que ver con el guión, construido en un montaje en el que a veces se dan palos de ciego y se cae en alguna trampa. Álvarez camina en el hilo de la manipulación de sus secuencias para crear una trama argumental, lo que a veces roza lo poco ético y extractivo y otras en la que directamente cae en el entretenimiento de anecdotilla, para aliviar un tono que a veces da tumbos entre el humor más puro y el drama directo al estómago.
Como tumbos da también a veces su cámara, de la que es evidente que Álvarez aún no tiene dominado su manera de coreografiar los movimientos en las secuencias musicales que, por afán de deconstrucción y puro caos callejero, a veces se dan barridos y se producen cortes que son más de salvar el plano secuencia que un verdadero recurso expresivo.
Aunque está bien que él haya utilizado el cine musical de Saura como referente para también cuestionarlo, quizá debería de fijarse también en el rigor de Gonzalo García Pelayo y Pedro G. Romero en las impresionantes Nueve Sevillas (2020) y Siete Jereles (2022) para seguir explorando cómo encontrar la forma de captar la esencia y la fuerza del flamenco en cámara. Solo hay que gustarse un poco menos y ver que hay vida más allá.
Con todo, La guitarra flamenca de Yerai Cortés tiene una autoconsciencia y una honestidad de fondo, una perturbación, que superan cualquiera de sus trucos de mago (de teatro de alto standing, pero de mago). Tiene voluntad de riesgo y un arrojo que tapan sus desvaríos e indican que hay una personalidad que ha intuido cómo explicarse con el arte. A él y a los demás.


Arturo Tena