Críticas
Hotel Bitcoin: Criptocomedia con la misma moneda

Stills de 'Hotel Bitcoin'. ©Manolo Pavón. Montaje: ©Cine con Ñ
Hotel Bitcoin cuenta la historia de cuatro amigos, unidos desde niños, que se topan con un ordenador con más de 4.000 bitcoins. Al cambio, más de 100 millones de euros. Para asegurarse de que llegan al lunes para cobrar la fortuna —y para huir de unos prestamistas—, los cuatro deciden pasar el fin de semana juntos encerrados en un hotel. Pero pronto su plan para ser ricos se empezará a torcer.
Manuel Sanabria y Carlos ‘Pocho’ Villaverde, conocidos por ese éxito inesperado que fue La fiesta (2003), vuelven a hacer tándem creativo en esta comedia que mete en la coctelera un macguffin de actualidad (las criptomonedas) y lo mezcla con el enredo clásico y la comedia gamberra estilo Resacón en Las Vegas (2009). Y (casi) todo ubicado en una gran localización simbólica en la que ocurre toda la acción: un hotel.
Entre la exaltación de la amistad inocentona y la espiral de situaciones rocambolescas, Hotel Bitcoin recupera parte de ese estilo de comedias de los años 90 y principios de los 2000 en las que un grupo de amigos (hombres al 90%) se mete en toda clase de problemas, que incluyen normalmente drogas, líos con mujeres y alguna muerte. Sanabria y Villaverde creen que ese sentido del humor, que es más o menos el mismo que funcionó hace 20 años en La fiesta, puede valer ahora también si lo actualizan un poco. Así que si te gustó aquella, quizá te pueda seducir también esta. Por aquí no ha sido el caso.
Amigos para siempre

Parte de ese selecto grupo de comedias con voluntad de humor accesible pero al margen de los dos grandes grupos mediáticos que operan en España (Atresmedia y Mediaset), Hotel Bitcoin es una comedia humilde que tiene como principal valor humorístico las dinámicas internas que crea alrededor del grupo de amigos y su libertad para no resultar tan blancas como las que comprometen televisiones y plataformas. Es lo que mejor funciona: las personalidades de cada uno, cómo interaccionan entre ellos y que estas resuenen de una forma más «sucia» que en otras comedias del estilo.
Se nota complicidad entre el reparto, especialmente cuando comparten plano Pablo Chiapella y Canco Rodríguez, y el ritmo de los chistes y las réplicas entre ellos funcionan por encima de lo que suele hacerlo la media en situaciones parecidas. El valor de la amistad por encima de todo, base emotiva de la película, está en lo calculadamente espontáneo de una confianza que da asco y que es la que de esa aroma de humor tan característico del grupo de colegas de toda la vida.
Hotel Bitcoin: todos sus problemas

La falla principal de Hotel Bitcoin es… todo el resto. Se puede resumir en tres grandes puntos. El primero es una dirección que tira por lo vago y anticlimático —a veces mal planificada, a veces poco acompasada a los movimientos de los personajes, a veces sin modular los dejes de los actores— que no consigue tapar las costuras de una producción tan modesta. Parece que Sanabria, Villaverde y su equipo (fotografía, diseño de producción, montaje, etc…) están más pendientes de que no se noten las vergüenzas que en darle fluidez al desarrollo de la historia. Les penaliza mucho.
Segundo: el guión está condicionado por esas mismas limitaciones de producción y, al mismo tiempo, obligado a incluir todo tipo de estímulos en un período muy corto de tiempo y casi en el mismo espacio simbólico. Esta esquizofrenia, al estilo hollywoodiense pero sin dinero, aboca a la película a una serie de giros que son tan arbitrarios y simplones que llegan hasta chirríar en una comedia de este tipo en la que no se pide ningún tipo de originalidad, verosimilitud o elaboración especial. La insistencia por incluir una historia romántica para su protagonista principal (Alejo Sauras), que no pega ni con cola, es el ejemplo de que había mucho y no se sabía cómo ni de dónde ponerlo.
Tercero y estocada final: el monocorde registro cómico que, pese a que tiene un cierto encanto añejo, se agota a la media hora por repetitivo y demasiado apolillado en 2024. La película se acaba conformando con ser una comedia «de tíos» más, en el fondo muy similar a cosas de fábrica como De perdidos a Río (2023) o Descarrilados (2021), cuando se le puede exigir que ofrezca algo diferente. Sobre todo porque tiene la libertad creativa como para hacerlo. Despreocupada y desvergonzada, Hotel Bitcoin se cree que con cambiar monedas por bitcoins ya estaría. Y no siempre todo vale lo mismo.
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Arturo Tena