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Se busca millonario: El dinero no da la felicidad, pero quita los nervios

Se busca millonario es la historia de un billete de Lotería premiado con 4,7 millones de euros… y sin dueño. Un caso real, ocurrido en 2012 en A Coruña, que llegó a ser investigado judicialmente y que, de hecho, aún tienes flecos por resolver. Una apuesta emitida en una administración y sellada en otra que, cuando el ayuntamiento coruñés empezó a buscarle oficialmente propietario, se encontró con cientos de candidatos, de los cuales una docena daban datos plausibles y llegaron a aguantar casi hasta la actualidad reclamándolo, ya que ninguno consiguió demostrar. El documental explora en tres episodios las reacciones, posibles pruebas y las lecturas sociales del caso.
¿Es Se busca millonario un true crime? Se podría discutir, porque no está claro exactamente si hubo crime, eso aún tiene incluso alguna resolución judicial pendiente, pero desde luego está narrado como si lo fuese. De hecho, y luego analizaremos por qué es así, la dirección se cuida mucho de sacarle chistes a la situación, que a veces los pide a gritos, como si más que de un billete de lotería hablásemos de un difunto de cuerpo presente. Así que tenemos otra iteración más del formato, tras los chorrocientos asesinatos, el atentado y algún secuestro, más el par que se dedican a borrar con el codo lo que la prensa escribió con la mano.
Se busca millonario, por cierto, es una producción de Unicorn Content —firma perteneciente a Ana Rosa Quintana— que cuenta como una de sus directoras a Noemí Redondo, responsable de la más que notable Dolores: La verdad sobre el caso Wanninkhof (2021), que evitaba casi todos los posibles vicios de un producto de este tipo. Por otro lado, Unicorn, a la que se le da bastante mejor el documental que la ficción, sigue dejando cierto regusto a estar ejecutando productos televisivos con mucho presupuesto. Esta miniserie es mejor que el programa que le dedicó En Portada de La 2 porque es más extenso y tiene más presupuesto, pero no aporta necesariamente más.
Jack el Destripador o Fuenteovejuna

En fin, hace poco las televisiones de las Españas se lanzaron ávidas de noticias sobre el caso de una señora de Granada estafada por creer que tenía una relación con Brad Pitt. Es llamativo, sin duda, pero también uno de esos casos en los que si no se le da una vuelta, no pasa de la anécdota chocante y llamarlo «noticia» o «historia» es venirse arriba. Ya saben, la diferencia entre suceso y proceso. En la novela gráfica From Hell, Alan Moore y Eddie Campbell se marcan un par de páginas recogiendo a todos los londinenses que escribieron cartas fingiendo ser Jack el Destripador y una firma general que flotaba sobre la ciudad regurgitando fantasías sexuales de poder y asesinato, atribuyendo la autoría (de las cartas y de los asesinatos) a todo Londres.
No es que Se busca millonario esté obligada a hacer eso, aunque tendría gracia —»¿Quién ha ganado la Lotería?», «¡Fuenteovejuna!»—, pero se echa de menos que tras espectacularizar tanto el caso —una maqueta de A Coruña, un muñeco por cada candidato para reconstruir sus pasos, la Policía dando explicaciones— apenas al final se permita el giro de que una de las fuentes comente aquello de «el dinero no da la felicidad, pero quita los nervios». Solo el capítulo tres se deja para que cada uno de los candidatos a ganador supervivientes —dos de los más plausibles han fallecido— fantaseen con qué harían con los millones. Se lo imaginan ustedes: la familia, tapar huecos, etc.
En esas seis o siete personas, algunas de las cuales ocultan su rastro y dan nombre falso, está todo el interés de Se busca millonario, y no tanto en sí el lotero, que era familiar de un delegado de Loterías y Apuestas del Estado, intento robar al legítimo ganador. Eso sería Brad Pitt con el cartel en un Photoshop cutre. El mambo, lo mollar, es por qué una mujer adulta y seguro que perfectamente funcional en muchos aspectos de su vida se cree el cartel. O cómo esa media docena de individuos, responsables, trabajadores, quizás cabezas de familia ejemplares, se convencen a sí mismos de que sí, que esos números son suyos.
No juzguéis si no queréis ser juzgados

Seguramente es por respeto a lo que de todos nosotros hay en esas personas que las directoras de Se busca millonario —junto a la mencionada Redondo firma Susana López Raña— optan por no abrazar lo berlanguiano del asunto. Como ocurría en el documental sobre Dolores Vázquez, tienen la elegancia de no juzgar a sus palabras o actos y presentarlos como personas con fallos pero cuya situación es perfectamente comprensible. Visto lo visto, eso lo sitúa por encima de la mayoría de lo que acabamos viendo en este formato (o en el tipo de programa testimonial televisivo del que bebe esto en el fondo), pero además subraya el peso del dinero. Como los 5000 euros que alguno de ellos ha gastado en abogados, por ejemplo.
Luego estaría el tema de que la Lotería es una ludopatía fomentada por el Estado, que ya que está se financia gracias a la misma. No es que sea lo más relevante de Se busca millonario, pero es que uno de los candidatos a ganador, el más probable según la propia Policía, y ya fallecido, sufrió problemas con el juego. Por eso apostaba en muchas administraciones de España, siempre los mismos números, y dieron con él. Quizás en la parte en que se ficcionan con actores las historias de los candidatos que no pueden participar es donde la serie cae en el exceso, pero no es grave. Probablemente no había muchas maneras de introducirlos siendo respetuosos sin ser un poco cursis.
Sellando el billete, Se busca millonario es un documental muy entretenido y hábil para lo que estira la anécdota de la que parte. Muy sutil para lo habitual del formato true crime en cuanto a su moraleja, quizás un poco lastrado por algún tic televisivo cuando está en una plataforma, pero que acaba mostrando como acertadas decisiones de enfoque que pueden chocar y que no infantiliza ni ridiculiza reacciones perfectamente humanas, y eso tiene una función no solo informativa, sino también temática. Por cierto, sumados los intereses, la broma del billete ya va por 6 millones de euros. Y un rótulo al final del todo te avisa de que las probabilidad de ganar la Lotería son de 1 entre 139 millones.

Jose A. Cano