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CRÍTICAS

Zorras: Azotar sin hache, por favor

Le da un par de giros en cuanto a representación y liberación sexual a la comedia "de chicas", esa que normalmente se acaba transformando en lo mismo de siempre mejor producido
Zorras: Azotar sin hache, por favor 3

Zorras es la historia de como Alicia (Andrea Ros) se muda a Madrid, conoce a sus dos mejores amigas (Milena Balic y Tai Fati) y juntas fundan «el club de las zorras», institución privada y limitada en la que se tutelan mutuamente el despertar vital y sexual y la huida de los prejuicios y las opiniones ajenas. Aunque suene épico, es más bien la lucha constante de una veinteañera recién llegada del pueblo que encadena precariedades laborales y románticas mientras aprende a conocerse, al mismo tiempo que se enfrenta a un entorno hostil que la juzga por ser mujer y joven y donde descubre que la amistad es el mejor apoyo que puede encontrar.

Las comparaciones son odiosas. Así que quizás sería conveniente comparar esta serie con otras centradas también en la sexualidad femenina y que se esfuerzan mucho por querer reflejar la vida precaria de las jóvenes de hoy. Vamos, estoy pensando en Valeria y derivados, aunque sepamos que es una tendencia de la ficción audiovisual mundial dado que se ha visto que existe un público sensible a este tipo de productos y que les demanda ir más allá de la fantasía aspiracional, o al menos que para que esta funcione sea plausible en sus proyecciones de la realidad.

Zorras tiene en común con algunas de estas ficciones estar basada en una novela de éxito entre su público objetivo, la trilogía homónima de Noemí Casquet, y presuntamente les gana en un par de cuerpos en cuanto a lo rompedor de sus propuestas sexuales, además no como en 50 sombras de Grey, sino en serio. La publicidad de Atresplayer, además, incide en que su reparto está compuesto por bellezas reales, digamos, tres jóvenes actrices atractivas pero no necesariamente clónicas o normativas, que incluyen variedad racial y de orientación sexual.

Me gusta ser una zorra

Zorras: Azotar sin hache, por favor 1

Dirigen Aritz Moreno, que deja algunos destellos del sentido del humor a través del montaje que se vieron en Ventajas de viajar en tren (2019), y Ana Vázquez, curtida desde los tiempos de Lalola (2008-2009) en darle ritmo a la comedia dentro de una oficina pero que ha trabajado más en telenovelas tipo El secreto de Puente Viejo (2011-2019) o Dos vidas (2021). Más interesante todavía que este dúo es ver que cofirma los guiones —junto a Flora G. Villanueva— Estíbaliz Burgaleta, que viene de Las chicas del cable (2017-2020) y, sobre todo, de Skam España (2018-2020) y Tú no eres especial (2022), donde le daba una vuelta a hacer productos populares para adolescentes desmontando tópicos machistas con sutileza.

La narración no reinventa la rueda, buscando mucho el primer plano para meternos en las reacciones de las protagonistas más allá de una narración que al menos no subraya lo que ya vemos, o al menos todo el tiempo. Las actrices se fajan bien, porque dentro del tono de caricatura guasona que impregna todo, tienen que exprimir todo el registro de caras de sorpresa o calentura posible en un ser humano. De últimas todo está encaminado a la reivindicación final que hace una de ellas al acabar el primer episodio, de abrazar la condición de «zorras» para que el mundo nos las juzgue, y eso requiere el equilibrio justo entre épica y pelea cotidiana.

En cuanto a la parte de ser realista y eso, Alicia se aburre con su novio y con su vida en el pueblo y decide tratar de convertirse en community aceptando una oferta de trabajo en los Madriles. Como no conozco el libro y solo he podido ver los dos episodios de prensa, desconozco si al finalizar el arco está triunfando en la vida convertida en influencer por su savoir faire y estamos en otra variante de las pelis de triunfador de los 80 con Michael J. Fox o Tom Cruise pero que parecen progres porque la protagonista en una señora o LGTBI o racializada. Un poco apunta maneras, aunque su precariedad es adecuadamente cómica y violenta al mismo tiempo. Y los pisos son zulos compartidos, cosa que no lograba ni Todo lo otro.

Orgamastrón

Zorras: Azotar sin hache, por favor 2

Tiene gracia que el festival de cameos previsto, con gente como David Pareja, Javier Botet o la propia Casquet dejándose pasar como personajes laterales, se usan para explicar de forma didáctica pero graciosa en contexto conceptos como shibari lo de atarse de los japoneses— o el squirting —eso dudo que haga falta que os lo expliquemos yo o esta gente—, quizás a veces creyéndose muy provocadores, pero la mayor parte del tiempo quitándole hierro al asunto. Es lo mejor que se puede decir de Zorras: las protagonistas se meten en un club swinger, o kinki, o lo que sea, y fundamentalmente es una secuencia cómica bastante cotidiana.

Es curioso, retomando la comparativa con Valeria y demás, que la serie de una cadena del abierto, pero para su servicio de pago —Antena 3 es del Opus en el lineal y de Irene Montero en el streaming—, llegue más lejos en muchos aspectos que las de las empresas internacionales que revolucionaron, presuntamente, la manera de hacer ficción audiovisual. Explica muy bien el desplazamiento del mainstream y el hecho de que las plataformas sean la nueva televisión, ya hasta con realities y todo, además de cómo probablemente lo rentable a medio plazo en la actual contracción del mercado sean los nichos comerciales como el que cultiva Atresplayer.

Deshaciendo los nudos, vamos a dejarlo en que lo visto hasta ahora de Zorras es interesante porque le da un par de giros en cuanto a representación y liberación sexual de la comedia «de chicas», esa que normalmente se acaba transformando en lo mismo de siempre mejor producido. De cómo cierre todos esos arcos que lanza al aire depende si en realidad está vendiendo el enésimo producto enaltecedor del narcisismo o de verdad todo ese cuidado por una diversidad real quiere y puede ofrecer alternativas a las formas de hacer que tenemos tan vistas. Y por el camino, pues igual aprendemos a escribir azotar sin hache, no sé si me explico.

Imágenes: Zorras – Atresmedia
Jose A. Cano

Jose A. Cano

Jose A Cano (Lora del Río, Sevilla, 1985), es licenciado en Periodismo. Ha trabajado en medios como El Mundo, 20 Minutos, El Confidencial o eldiario.es, entre otros, como periodista de local, internacional o Cultura. Actualmente ejerce como redactor en Cine con Ñ y colabora con medios como El Salto o El Español, entre otros.