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Series españolas

Baraja. La firma del asesino: Cartas marcadas

Resume bien el caso, pero sin conciencia crítica alguna sobre lo que está contando ni cómo lo está contando, rozando el morbo barato por momentos
Baraja. La firma del asesino: Cartas marcadas 2

Baraja. La firma del asesino resume en tres episodios el famoso caso de ‘el asesino de la Baraja’, que hizo cundir el pánico mediático en las calles de Madrid en el año 2003. Periodistas que siguieron los hechos, policías que lo investigaron y víctimas supervivientes además de familiares de los fallecidos hilan con sus relatos la recreación de los asesinatos de Alfredo Galán, el célebre criminal cuya firma característica, en realidad, fue una mezcla de casualidades e invención de los medios.

Este año se cumple el 20 aniversario del caso, nuestro ‘Zodiac’ particular, que encanta a periodistas «de sucesos» —su terminología, no la mía, señor juez— y productores de true crime. Lo raro es que no tengamos una versión ficcionada, como sin duda existiría si los hechos se hubiesen producido en Wisconsin y no en la villa y corte. Ahora llega la versión de Netflix, en tres episodios, en diciembre del año pasado, para que estuviese en emisión del 24 de enero, efeméride del primer asesinato, se estrenó en RTVE Play El asesino de la baraja.

Baraja. La firma del asesino la dirige Amanda Sans, veterana productora y documentalista hispanobritánica que lo mismo puede con esto que con Oso (2020), el documental sobre los osos de Tous, la turística Entre vinyes (2021), o la más social y poética Fràgils (2017). Es decir, una profesional muy asentada y adaptable a las circunstancias, que cumple con lo que se pide en este tipo de producto, pero que indica a las claras su condición de título que viene a exprimir el aniversario sin importarle mucho lo que cuenta o deja de contar.

Las cartas que te tocan

Baraja. La firma del asesino

Las comparaciones son odiosas, como siempre. Por eso aquí vienen unas cuantas. El asesino de la baraja, de RTVE, está lejos de ser un true crime impoluto, y ya parte de la base de que dedicarle un documental al tema como si fuese un hecho histórico es una decisión, cuando menos, peregrina. Pero en aquél, en sus primeros minutos, salía algún periodista del ramo afirmando que lo de «la baraja» fue invento de la propia prensa, fantaseando con épicas tipo Zodiac, y en este Baraja. La firma del asesino aparecen implicados afirmando que le pidieron a su familia que los días X en que se calculaba que el tipo «salía a cazar» no saliesen «ni a tirar la basura».

Obviamente los hechos que se narran son graves, porque hablamos de un asesino aparentemente azaroso, que mataba por demostrar que podía. Un tipo expulsado del Ejército por robar un coche mientras participaba en las labores de limpieza de la catástrofe del Prestige, con problemas de disciplina cuando estuvo destinado en Bosnia y que había suspendido todas las pruebas de aptitud a las que se había presentado, pero que sabía como usar un arma. Un enfermo mental o un inseguro patológico con escasos escrúpulos.

Es evidente que los testimonios pueden impresionar, sobre todo algunos como el del hijo de una de las víctimas, que siendo muy pequeño, tanto que ya ni lo recuerda, fue testigo del asesinato de su padre. También el de la superviviente de uno de los tiroteos. Solo que en esta vida existen muchas formas de contar las cosas. El de la pública se centraba en la investigación policial y casi le daba vergüenza incluir este tipo de intervenciones. El de Netflix insiste, erre que erre, en lo impactante del tema. O sea, esto es un documental que en el episodio dos de tres te dice que lo de los naipes no servía para identificar a todas las víctimas del caso y aún así se titula «la firma del asesino» sin ironía alguna.

Lo veo y subo

Baraja. La firma del asesino: Cartas marcadas 1

Volvemos a lo de siempre: Netflix quiere ganar dinero, no cambiar el mundo a mejor o satisfacer el delicado paladar profesional de este redactor. Pero alguien debería mirar el empeño de los true crime en sacar «testimonios inéditos». El único producto de este estilo que aportaba algo a lo que contaba era el reconocido 800 metros, todo lo demás tienden a convertirse en colecciones de tópicos y sensiblería amarilla en los que a veces la narración se permite torpemente corregir a la Policía en un alarde de irresponsabilidad digno de elogio.

Porque si Baraja. La firma del asesino sirve como crítica mediática es casi de forma involuntaria, recolectando imágenes de archivo en los que aparecían presuntos expertos con elucubraciones ridículas, rozando la fantasía sexual, del significado del dos de copas, en el programa de María Teresa Campos. Si a continuación, como pasaba en el de RTVE, saliese un psicólogo diciendo que vaya panda, pues bien, pero lo que viene es un redactor de un periódico indicando que la cosa estaba tan tensa que uno tenía que mirar lo que publicaban los demás todos los días por si acaso. Nunca he hecho «sucesos», pero ya les digo que en esta casa le echamos un ojo al resto de medios de cine todos los días como algo rutinario.

En fin, que si no se conoce nada del caso, pues sí, Baraja. La firma del asesino te resume bien, aunque a su manera, con mucho drama innecesario, los hechos sociales y mediáticos que rodearon los asesinatos de Alfredo Galán en 2003. Por otro lado, la ausencia de conciencia crítica sobre lo que se está contando, bastante habitual en el género true crime, nos deja otra miniserie que roza el morbo barato y aporta poco en cuanto a una reflexión seria sobre este tipo de, con perdón, «sucesos».

Imágenes: Baraja, la firma del asesino – Netflix
Jose A. Cano

Jose A. Cano

Jose A Cano (Lora del Río, Sevilla, 1985), es licenciado en Periodismo. Ha trabajado en medios como El Mundo, 20 Minutos, El Confidencial o eldiario.es, entre otros, como periodista de local, internacional o Cultura. Actualmente ejerce como redactor en Cine con Ñ y colabora con medios como El Salto o El Español, entre otros.