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Influencers: sobrevivir a las redes: Demolición controlada

En Influencers: sobrevivir a las redes el dj, creador de contenido y, valga la inevitable redundancia, influencer Luc Loren analiza la vida de sus compañeros de profesión y las luces y sombras de las estrellas creadas por las redes sociales. Ellos mismos comentan los procesos que los llevaron a convertirse en famosos, su influencia real en la juventud o los problemas de salud mental (o de acoso) que han sufrido por su ritmo de vida. Intentan desmontar algunos tópicos sobre su vida y, con cierto sentido del humor, confirman otros.
Prime Video sigue en su línea de producir aquello que dé más audiencia, como una suerte de Madrid de Ancelotti de las plataformas. Producir y emitir cosas que se promocionen solas y queden bien de fondo de armario, a paladas. La que se avecina que lo que haga falta en ese momento. Cualquier cosa, sea lo que sea. Es una estrategia, no una particularmente refinada, pero eficaz, y coherente con la multinacional detrás del tinglado. Las series documentales sobre influencers de las redes les valen lo mismo que las del Barça o la selección femenina.
Influencers: sobrevivir a las redes va en la línea de Dulceida al desnudo, cuya protagonista, además, aparece aquí como un testimonio más y como amiga del propio Luc Loren. Son estas personas, cuyo trabajo es compartir cosas de sí mismas, intentando explicarse. Apareciendo en otro formato, considerado más socialmente aceptable que el de su cuenta en tal o pascual, para contar lo mismo que hacen en el otro, pero aportando otros puntos de vista. Una redundancia, de nuevo, pero también algo que explica más por lo que no dice que por lo que sí.
Salud mental y Cancún

La comparación con el manido modelo insider para los documentales sobre deportes, como se imaginarán, es con toda la idea. Un poco como la serie de Bosé, o las primeras temporadas de Luis Miguel. Si el interesado está por medio de la producción y en control, incluso lo que lo deja mal o lo muestra vulnerable tiene su aprobación y está viciado, de manera que puede acabar por resultar previsible y plano. Aunque no sea el caso exactamente de esta serie, y ahora explicaremos por qué, si que lo es de algunos de sus tramos.
Para empezar, igual que en la ficcionada Autodefensa o en el mencionado documental de Dulceida, es llamativo que estas personas, tan jóvenes la mayoría, sientan que necesitan explicarse a sí mismas, como si no fuese lo que ya se dedican a hacer todo el tiempo. ¿No tiene un vídeo de Loren en cualquier plataforma de acceso gratuito más público potencial que una serie documental en una plataforma de pago? ¿O se trata de la búsqueda de la tan manida legitimidad artística o social? ¿Están pidiendo los influencers respeto de los mismos medios o espacios que los usan para cazar clicks?
Porque esta serie documental parece dirigida a personas que ya conozcan a cada tiktoker, youtuber e instagrammer que aquí aparece, y también sus especialidades y en qué espacios son relevantes. Quien no lo haga —como quien esto escribe, que a algunos como Soy una pringada, el propio Loren o Dulceida sí los sitúa, pero a la mayoría no— se encuentra ante la esquizofrenia de captar a la primera la enorme presión que deben sufrir pero resistirse a sentir pena por veinteañeros cuyo trabajo es ir a hoteles en Punta Cana a hacerse fotos tomando mojitos.
Probablemente que la media de edad sea de lo que llamaría Candela Peña «estar ternerón» y que muchos de ellos, aparentemente, no hayan tenido otros trabajos influya en el tipo de opiniones que aquí se vierten —y que Loren y compañía torean hábilmente con la mencionada ironía del montaje—. Apenas uno o dos hablan de segmentación de público o estrategias comunicativas o coste de producción («yo grabándome en casa soy más barata que un anuncio en prime time») y entienden que los ve un nicho concreto. El resto parecen creer de verdad que su burbuja equivale a «la gente».
Los dioses están todos locos

Hemos podido ver tres de los cuatro episodios de Influencers: sobrevivir a las redes, en los que Loren, que sabe hablarle a la cámara porque prácticamente es lo que, según él, hace a todas horas del día, juega con algo de retranca con el montaje y unos efectos que remiten a las redes que se mencionan en cada momento. Es lo esperable, pero está bien hecho. Otra cosa es que el contenido no llega a darle un giro más allá del testimonio a lo que presenta, son ellos hablando de sus vidas y contrastando las opiniones de los más planos con los más punkis para no dejar a ninguno de lado y «mostrar todos los puntos de vista», que diría uno de Ciudadanos.
Por eso están las partes que confirman los prejuicios de los señoros ya con cierta edad y deseando acabar con esto para volver a ver el gol de Iniesta en 2010, como cuando una chica experta en moda o algo así afirma que cree que le gusta a las marcas porque es un perfil «neutro, que no se mete en política». O cuando sale un CEO de una agencia de fabricar adolescentes obsesionados con su imagen y explica como hacerse atractivo a los anunciantes. Por suerte matizados por Samantha Hudson en toda su gloria, cantando que es maricón y le encanta Jesucristo, probablemente recién llegada de rodar Crímenes online.
Al final Influencers: sobrevivir a las redes acaba hablando de que el capitalismo, en su forma actual, está loco y vuelve loca a la gente en general y a los jóvenes criados en mitad de su tiranía de la imagen más que nunca. No aparece un experto que explique que diferencia a estos chavales de la gente que se hacía famosilla por cantar, bailar o salir en Gran Hermano en otras épocas, ni se profundiza en el mismo componente aspiracional de clase que inunda al deporte profesional —hacerse famoso de la forma que sea como única vía para dejar entornos de origen faltos de oportunidades—. Elementos que sí que estaban, por ejemplo, en Fanático, de Netflix.
En fin, que como Autodefensa y otras similares, todo bien, pero es más de nicho y menos revolucionaria de lo que se cree, demasiado pegada a la sacrosanta imagen que los interesados quieren dar de sí mismos y a una idea de con qué se debe empatizar en las redes a día de hoy y poco interesada en que alguien que no sea ya fan se interese aunque sea un poco. Quizás porque cree que incluye a tantos influencers que todos aportarán algún espectador, y la cifra final quedará pintona. Es decir, Prime Video puro y duro.

Jose A. Cano
