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Mari(dos): La comedia es cosa de amigos

Mari(dos) adelanta su argumento en su título: dos hombres, Toni (Paco León) y Emilio (Ernesto Alterio), llegan al mismo hospital de una estación de esquí porque sus respectivas mujeres han tenido un grave accidente. Allí descubren que su mujer (Celia Freijeiro) es la misma persona y ha llevado una doble vida. Mientras ella sigue en coma, ambos se ven obligados a seguir en la estación y tener que lidiar el uno con el otro.
La directora Lucía Alemany (La inocencia) ha aceptado llevar adelante este encargo de Telecinco. Una película que se podría celebrar ya solo por salirse de ciertos marcos que parecen norma en la comedia española, al menos la de Atresmedia: ni es un remake ni es una comedia dirigida al público infantil (aunque no puede evitar que salgan niños). A diferencia de Atresmedia, reina de la taquilla, Telecinco apuesta por un modelo similar al de la década pasada, esos tiempos dorados en los que el streaming no les hacía la competencia en el mainstream.
Aunque su sinopsis igual haga pensar otra cosa, Mari(dos) es una auténtica buddy movie, mucho más que otras recientes que en realidad se quedaban a medias como Taxi a Gibraltar (2019), Superagente Makey (2020) o A todo tren Destino Asturias (2021). Lo es porque se sujeta de verdad en su dupla protagonista y lleva ese planteamiento hasta el final, opción inteligente si tienes a dos bestias del género como Paco León y Ernesto Alterio. Y gracias a eso, sin hacer muchos alardes, la película funciona bien.
Un guion capaz y una dirección poco definida

Para desentrañar esto de la «película de amigos», subgénero yanki, están dos expertos en traducir códigos norteamericanos a nuestra realidad: Breixo Corral y Pablo Alén, responsables, entre otros, de guiones que hacían lo mismo en otros categorías como 3 bodas de más (2013) y Anacleto: Agente secreto (2016). Su libreto, junto a la interpretación de sus dos actores protagonistas, es lo mejor de una película que en el lado de la dirección demuestra menos habilidad. Cuando suele ser al revés.
Aunque no hay nada especialmente dañino, se puede decir que lo mejor de la aportación de Alemany está en la dirección de actores. Se echa de menos que el aprovechable contexto del frío, la nieve y la estación de esquí jueguen un papel más relevante. El ambiente podría haberse sustituido fácilmente por el de una playa en verano con un cambio en la introducción. No hay, por tanto, una puesta en escena ni ideas visuales a partir del espacio. Era un campo a explorar más interesante que la insistencia en códigos del wéstern al tuntún (que la estación de esquí se llame Malpaso no es suficiente).
Mari(dos) y el bromance hasta el fin

En cualquier caso, Mari(dos) se sostiene bien como comedia de derribo y con sus toques absurdos gracias sus dos personajes principales, presentados con gracia y con un arco que va cogiendo forma. Los chistes y las parodias que encarnan saben rozar lo ofensivo para después darle una vuelta redentora que los justifique. El gran acierto de la película es desechar el eje del conflicto entre ellos e ir sembrando por debajo un bromance que incluso se atreve a ir un poco más allá, algo impensable en el concepto gringo de los años 60-70 en el que se basa.
La película incluso incluye un pequeño giro final que termina de darle el broche de anticonformismo a las líneas detalladas de Corral y Alén, y deja una puerta abierta al futuro. Así se confirma que Mari(dos) es exactamente el tipo de película que Mediaset parece querer: de premisa clara y digerible, divertida y con posibilidades de convertirla en una PI (propiedad intelectual) a explotar en el futuro. Veremos si funciona o no esta mezcla de riesgo con preceptos comerciales de hace una década, pero es el camino que han elegido para intentar destronar a Atresmedia —a Santiago Segura, vaya— de lo alto de la taquilla.

Arturo Tena