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Series españolas

La chica invisible, episodios 1 y 2: Pueblo pequeño, clichés grandes

El enésimo thriller de tono adolescente sobre una menor muerta o desaparecida en un entorno rural se intenta diferenciar centrándose en la relación entre el detective que lo investiga y su hija
La chica invisible serie adaptación Blue Jeans

La chica invisible arranca cuando en el pequeño pueblo andaluz de Cárdena, durante la celebración de las fiestas patronales locales, aparece el cadáver de una adolescente dentro del recinto del instituto. El inspector de la Guardia Civil encargado de investigar el caso sigue el procedimiento habitual, uno en el que muchos alumnos y profesores son sospechosos, pero no se da cuenta de que su hija de la misma edad que la fallecida, con la que tiene problemas para comunicarse, puede ser de mucha ayuda.

El thriller número 400 millones ambientado en un entorno rural, con muerte o desaparición de una menor de edad —subrayo el «una», en femenino— con alguna turbia derivación sexual, pretensiones de realismo más o menos sucio y, en el fondo, un esquema y una complejidad en la trama de episodio de procedimental solo que alargado para que dé para miniserie y, a veces, funcionando todo solo como excusa para reflejar algún tipo de ambiente concreto o problemática social. Esto no es ni bueno ni malo, pero en España ya hemos producido series a paladas en este estilo.

La chica invisible, al menos, sea por el referente literario —que también usa una plantilla similar a otros éxitos editoriales de su estilo, pero analizarlo excede esta crítica— o por una conciencia de saturación del mismo esquema, intenta diferenciarse mediante un par de cuestiones que veremos luego. Pero parece que marca un poco la vía que va a buscar Disney+ en sus producciones españolas (y en general): el contenido adolescente que intenta muy fuerte no serlo. A poco que nos descuidemos, serán más Netflix que la propia Netflix.

La chica invisible, el esquema visible

la chica invisible serie disney+ blue jeans

Porque sí, es el enésimo thriller de pueblo pequeño/infierno grande, pero no se centra tanto en el misterio de la vida de la víctima y el whodunnit, aunque estén ahí, sino en la relación entre padre e hija protagonistas. Y además la chica no es Veronica Mars, sino una adolescente normal, más o menos espabilada, y que se encuentra en la situación incomodísima de estar relacionada tanto con el caso como con el agente que lo investiga, su padre, y por eso sufre las presiones propias de un espacio donde todos se conocen.

En los dos episodios que hemos podido ver hasta ahora el dilema de la joven parece se inclina hacia actuar contra su padre, pero es de suponer que la evolución llevará a ambos a aliarse y restaurar sus lazos, independientemente que se nos explique por qué están rotos o no. El tono, de momento, es también más, digamos, oscuro que el de la novela. Sigue siendo adolescente, pero integra el punto de vista del padre, que no es ningún héroe, al menos por ahora, ni siquiera al estilo del sheriff de Stranger Things, pero es un tipo cuyos motivos son entendibles y un buen policía.

Aunque la narración es facilona, de «thriller intenso genérico», y eso hace que uno desconecte por la pesadísima gravedad que se le quiere dar a cualquier diálogo al azar (y que debe incluir ausencia de sentido del humor, nadie se toma en serio a alguien que hace chistes, y los adolescentes quieren ser tomados en serio), hay que reconocer, en lo visto con el arranque, al menos hay una voluntad explícita de mostrar de manera realista la complicación de un caso de este tipo en el clásico pueblo donde «todos se conocen», y la clase de presiones a las que se pueden ver sujetos tanto los investigadores como sus familias. Se suele mostrar de formas más tontorronas, y aquí funciona, aunque sea por contraste.

Pueblo pequeño, infierno previsible

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El principal problema de La chica invisible, como en todos esos thrillers a los que no quiere parecerse en el contenido pero se parece en el continente, es la disonancia entre una trama que se cree compleja, realista y relevante pero es, básicamente, infantil. Eso, por supuesto, pueden ser prejuicios del que suscribe en base a solo dos episodios de una historia más larga, pero es el material que me han servido y con el que trabajo.La serie quiere pegarse a ese esquema comercial, que si no funcionase bien plataformas y televisiones habrían abandonado hace tiempo, y eso tiene sus pros y sus contras. Uno, el principal, el mismo que el de alguna entrega de La caza, la reciente La chica de nieve y muchas más, es parecer más infantil cuanto más se empeña en que no lo es.

Esto no quiere decir nada más que lo que es. Solo por ver cómo se desarrollan esos aspectos que se suelen tratar peor o no aparecer en absoluto, como es centrarlo en la relación padre-hija o que la parte del pueblo no sea culebronesca, merece la pena darle una oportunidad. Y es posible que los fans del libro o los aficionados al whodunnit perdonen el esquematismo facilón de todo lo demás. Así que La chica invisible no es ni mala ni buena a primera vista. Es lo de siempre ejecutado con oficio, y dependerá de las ganas que tenga cada uno de ver eso.

Imágenes: La chica invisible – Disney+
Jose A. Cano

Jose A. Cano

Jose A Cano (Lora del Río, Sevilla, 1985), es licenciado en Periodismo. Ha trabajado en medios como El Mundo, 20 Minutos, El Confidencial o eldiario.es, entre otros, como periodista de local, internacional o Cultura. Actualmente ejerce como redactor en Cine con Ñ y colabora con medios como El Salto o El Español, entre otros.