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Clásicos del cine español

‘Mi tío Jacinto’, una historia de derrotas gloriosas

Cumple 70 años el clásico de Ladislao Vajda, la historia de un novillero retirado y su sobrino en la que las formas del neorrealismo italiano se dan la mano con la picaresca española
'Mi tío Jacinto' (1956), película de Ladislao Vajda

El húngaro Ladislao Vajda, en el cenit de su etapa española, dirigió Mi tío Jacinto (1956), película disponible en FlixOlé.  Un drama con toques de comedia, donde el neorrealismo se encontraba con la picaresca española, y en el que Vajda repetía con Pablito Calvo, el niño que protagonizó el éxito internacional Marcelino pan y vino (1955).

En la historia escrita por Andrés Laszlo, Jacinto (Antonio Vico) es un torero fracasado y ya retirado, que vive en un chabolismo junto a su sobrino Pepote (Calvo), un niño de ocho años al que recogió cuando se quedó huérfano. Una equivocación provoca que se convierta en cabeza de cartel de una novillada benéfica con payasos, en la que al principio se resiste a participar por orgullo. Pero tanto la paga como el deseo de que su sobrino lo vea torear lo convencerán de aceptar. Eso sí, necesita 300 pesetas para alquilar el traje de luces, y conseguirlas no será fácil.

Lo que seguirá durante la mayor parte de Mi tío Jacinto será el encuentro entre el neorrealismo italiano dominante en el cine de autor de la época, con una descripción sin muchas concesiones de las miserias de la posguerra española, y la picaresca ibérica en la más pura tradición del Lazarillo de Tormes, del cual Pepote se desvelará como digno heredero.

Dos desesperados, uno más ingenuo, pero espabilado, y otro demasiado honesto y consciente de sus limitaciones para estafar a nadie, luchando por el dinero —unos 0,8 euros para la gente joven— que les permitan alquilar un traje de torero por dos horas. Una lucha para el niño por desclasarse, aunque lo llame «comer caliente» y para el adulto por recuperar su dignidad y respeto por sí mismo.

Mi tío Jacinto, ladrón de relojes

'Mi tío Jacinto', una historia de derrotas gloriosas 1

Con una influencia evidente de Ladrón de bicicletas (1948), de Vittorio De Sica, en la relación entre niño y adulto en busca de una supervivencia digna, Vajda y Laszlo, húngaros en el exilio, consiguen hispanizar el planteamiento cargándolo de humor negro e idiosincrasia. No solo porque en lugar de la bicicleta haya un traje de luces, sino porque el vitalismo de los personajes se sostiene a pesar de las desgracias. La victoria pírrica de Jacinto no será tanto torear, que saldrá mal, como ser capaz de pagar el alquiler con su propio esfuerzo.

Una historia rodada, además, con la maestría del narrador veterano. Mi tío Jacinto inicia con una secuencia que marca bien su tono, humorística, trágica y surrealista a la vez: la carta que anuncia al protagonista la oferta de trabajo va pasando por diferentes carteros y oficinas de correos conforme se descartan sus antiguos domicilios, hasta llegar a la chabola actual en el extrarradio de Madrid, donde ni siquiera hay buzón. Allí, el que la recoge es Pepote, porque Jacinto anda durmiendo la mona de su última borrachera.

Pepote es un niño analfabeto y que vive casi en la calle, que se gana unas perras con pequeños trabajos y cuyo sueño es convertirse en limpiabotas (otro guiño a De Sica, en este caso a El limpiabotas). Antes de que aparezca siquiera Jacinto en el metraje, lo veremos aceptar unas perras de otros niños del chabolismo por hacer de toro en sus juegos, en un reflejo de la corrida más o menos real que veremos al final de la película.

Una comparativa que es un retrato de los dos personajes, cerrada por la escena final en la que Jacinto tiene que narrarle la corrida al niño porque lo han echado a la mitad. Para Pepote solo existe un presente de supervivencia con pequeñas victorias y ese horizonte del limpia. Para Jacinto el dolor viene del pasado de novillero fracasado que solo podemos imaginar, una necesidad de dignidad más urgente que la del hambre.

Los baños de la comisaría

'Mi tío Jacinto', una historia de derrotas gloriosas 2

Mi tío Jacinto fue una de ese puñado de películas que mitad vía humor, mitad ternura, y con la ayuda de ser coproducción internacional, tuvo la capacidad de retratar una España que se alejaba de la oficial. Frente a las comedias de la época, que ya coqueteaban con el primer Madrid del desarrollismo y presentan una ciudad idílica donde los buenos salían adelante con trabajo, las desventuras de Jacinto y sobrino están más cerca del tono descarnado de Surcos (1951), de Nieves Conde.

Vajda lo diferencia gracias al humor, uno de los puntos fuertes de su cine que no pierde ni narrando las mayores tragedias o el wéstern más sucio y violento, pero también con el cinismo. En el mundo de Surcos existen buenos y malos y existen las víctimas, pero en el de Mi tío Jacinto todos son supervivientes. Desde los policías más preocupados de que les pongan un baño decente en la comisaría que de detener a nadie hasta el estafador que interpreta Miguel Gila en uno de sus primeros papeles en el cine. No hay maldad en ellos, incluso pueden ayudar a los protagonistas. Pero tienen que hacer lo que tienen. Y vender relojes a tolais en El Rastro no es bueno ni malo, es una oportunidad que Jacinto no permite aprovechar a Pepote (aunque algún diálogo donde se adivina el toquecito de la censura diga lo contrario).

Mi tío Jacinto, además, abre una puerta a la esperanza, aunque sea escasa. No es tanto la fantasía de la faena perfecta que nunca fue o las 1.500 pesetas más o menos ganadas honradamente, sino un amor entre tío y sobrino capaz de sobreponerse a la miseria y las desgracias. Vajda y Laszlo demuestran no ser tan cínicos como cuentan sus diálogos; solo dos optimistas con miedo al fracaso.

Puedes ver ‘Mi tío Jacinto’ online en FlixOlé

Jose A. Cano

Jose A. Cano

Jose A Cano (Lora del Río, Sevilla, 1985), es licenciado en Periodismo. Ha trabajado en medios como El Mundo, 20 Minutos, El Confidencial o eldiario.es, entre otros, como periodista de local, internacional o Cultura. Actualmente ejerce como redactor en Cine con Ñ y colabora con medios como El Salto o El Español, entre otros.