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Críticas

13 exorcismos: Una película interesante oculta bajo otra mediocre

Una mitad del guión y el montaje están haciendo crítica social y la otra terror clásico bastante predecible, y se boicotean
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13 exorcismos es la historia de Laura Villegas, una adolescente en una familia muy religiosa y marcada por la represión y la tragedia. Durante una sesión de espiritismo por Halloween, Laura cree entrar en contacto con un espíritu y empieza a comportarse de forma extraña y percibir una presencia. Cuando se sucedan los hechos aparentemente inexplicables su familia creerá que necesita que el demonio sea expulsado de su cuerpo, aunque la psicóloga del colegio cree que se trata de una enfermedad mental. Pero el sacerdote encargado de expulsar al Maligno tiene una advertencia: si superan los 13 exorcismos, el cuerpo de Laura podría no soportar el proceso.

El problema principal de la película es que se contradice a sí misma entre el planteamiento que hace, tanto en su apertura y su cierre como en la forma en la que se ha vendido, con lo que acaba contando e incluso parte de su propia trama. Parece como si la película se hubiese pensado para denunciar este tipo de prácticas y sus consecuencias en el mundo real, al mismo tiempo sus responsables tuviesen ganas de rodar terror sin ambigüedades, y finalmente todo se hubiese rebajado con agua para no enfadar a nadie creyente, sobre todo al Opus Dei, que se lleva algún palito en elipsis en los diálogos. El resultado, sin ser «malo», es frustrante como espectador.

13 exorcismos y el punto de vista

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El problema de 13 exorcismos es que sus promociones, los rótulos del principio y el final y parte de la trama parecen indicar que se ha basado en hechos reales no para validar la existencia de las posesiones, sino todo lo contrario. El equipo de documentalistas se había basado en casos como el de ‘el exorcismo del Albaicín‘ o ‘el exorcismo de Almansa‘ de los 90, entre otros muchos, que acabaron en tragedia y por los que fueron procesados las familias de las personas «poseídas» e incluso algunos de los sacerdotes intervinientes. Incluso hay una subtrama con una secundaria que intenta detener el proceso al se somete a la protagonista y que pone directamente en duda el relato de lo que se cuenta.

Pero claro, para eso las escenas de «posesión» deberían estar subjetivadas y la narración -posición de la cámara, montaje, clichés visuales- presentarlas de manera ambigua, y no es así. Hasta media película nada de lo que vemos, excepto un momento subjetivado durante la sesión de espiritismo que puede ser sugestión de los amigos de la protagonista, es inexplicable más allá de la paranoia y la autolesión por parte de la niña. Incluso desde ahí, la cámara y la fotografía cambian en la subtrama de la psicóloga atea que intenta detener el proceso o cuando el padre duda.

Cuando llega la parte de los 13 exorcismos, se presentan como terror puro y duro, rodado de la forma más canónica, sin plantear la ambigüedad de si la menor responde a la sugestión por la influencia de su madre o el sacerdote. Ya no es que ella se imagine o autosugestione, es que directamente otros personajes observan fenómenos inexplicables sin que en ningún momento otro elemento narrativo los ponga en duda como subjetivos. Y además se incluyen «sustitos» finales con chimpún de película de miedo para adolescentes, hasta con leccioncita para el personaje escéptico. Todo es una contradicción con patas.

Todo a la vez en demasiadas partes

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Como película de terror es simplemente correcta, una más sobre exorcismos derivada del clásico de William Friedkin de 1973 (al que a veces hace homenajes tan directos que algunas escenas casi parecen de un remake españolizado) con los recursos visuales típicos y el añadido de un par de secundarios que no se limitan a dudar de lo que ven, sino que incluso intervienen con lógica del mundo real. Y ya. Si la película quiere ser de terror y misterioso religioso, es mucho menos interesante que si lo que plantea es esa crítica a la superstición y sus peligros en sí.

El reparto es de lo mejor de 13 exorcismos, María Romanillos está estupenda en todos los registros que le exige el papel protagonista, Urko Olazabal y Ruth Díaz se merecen más protagonistas, Silma López papeles con más enjundia, Cristina Castaño de villana siempre lo clava y la voz de Sacristán ayuda mucho en las escenas clásicas de «abandona este cuerpo». Pero eso, y el acabado por lo general de un nivel técnico alto, no compensan la contradicción en sí que es la narrativa de la película.

En fin, que 13 exorcismos no es necesariamente un mal producto, seguramente un amante del terror pueda disfrutarlo pese a que no introduce ningún elemento especialmente novedoso, pero es una película fallida. Por cobardía, por torpeza o por los intereses que sean, lo que podría haber sido una vuelta de tuerca al género denunciando problemas del mundo real y cambiando la percepción de quienes son «los malos», decide superponerle a eso, que está escrito y se ve, una narrativa mucho más convencional al servicio de cuatro sustos genéricos y una concepción supersticiosa del bien y el mal. Una lástima.

La puedes ver en
Imágenes: 13 exorcismos – Atresmedia Cine (Montaje de portada: Cine con Ñ)

Jose A. Cano

Jose A Cano (Sevilla, 1985), es licenciado en Periodismo. Ha colaborado en medios como El Mundo, 20 Minutos, El Confidencial o eldiario.es, entre otros, como periodista de local, internacional o Cultura. Actualmente ejerce como redactor en Cine con Ñ y colabora con El Salto, El Español o revista Dolmen. Socio de la Asociación de Informadores Cinematográficos de España (AICE).

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