El cine de Paloma Polo
‘Wrinkled Minds’: un viaje por la memoria de los pueblos Haudenosaunee

'Wrinkled Minds' (2025), de Paloma Polo
La nueva película de la artista visual Paloma Polo, presentada en el marco de la exposición El retorno de la mirada. La tarea política de narrar, abierta al público en La Virreina Centre de la Imatge de Barcelona hasta el 1 de marzo de 2026, adopta la forma de una road movie por los estados de Nueva York y Pensilvania. A través de este recorrido, Wrinkled Minds revisita algunos de los lugares más emblemáticos vinculados a la Campaña Sullivan-Clinton, ordenada por George Washington en 1779 y emprendida por el general John Sullivan en el contexto de la Guerra de Independencia de los Estados Unidos y los inscribe en una reflexión sobre feminismo indígena, violencia contra los pueblos nativos, colonialismo y supremacismo.
La obra se abre con la presencia de dos mujeres pertenecientes a la Confederación Haudenosaunee —integrada por seis naciones nativas: Mohawk, Onondaga, Oneida, Cayuga, Seneca y Tuscarora— quienes contextualizan al espectador e introducen los elementos centrales del relato.
Otorgar una dimensión política a la forma cinematográfica constituye una de las premisas fundamentales que caracterizan al cine más comprometido con las urgencias de su tiempo. En este sentido, la elección del subgénero de la road movie por parte de Polo —uno de los emblemas por antonomasia del cine estadounidense— al que despoja de su esencia épica y vitalista para convertirlo en un vehículo de reflexión crítica, se convierte en determinante.
A través de diversos dispositivos narrativos, Polo articula la película en tres planos temporales que convergen en un único espacio físico, conformando un discurso donde forma y contenido se revelan inseparables. El primero remite al proceso de colonización entre inicios del siglo XVII y el XVIII, cuyo propósito fue despojar a los pueblos indígenas de sus territorios, someterlos y cristianizarlos. Este periodo se evoca mediante la lectura de escritos de los misioneros jesuitas llegados a la Nueva Francia.
El segundo momento nos sitúa en la campaña militar de 1779, destinada a destruir los asentamientos de los Haudenosaunee y erradicar su presencia del actual estado de Nueva York, recreada a través de la difusión en una red social de los diarios militares de Sullivan. Finalmente, el tercer plano corresponde al tiempo presente, representado por el viaje de dos hombres blancos, de porte castrense, por algunos de los hitos históricos de aquella campaña ahora inscritos en el paisaje capitalista contemporáneo. Dos figuras poco empáticas, que permanecen en silencio, herederos simbólicos de todo el legado de violencia patriarcal y superioridad moral sobre el que se construyeron los Estados Unidos, y a los que no costaría mucho imaginar asaltando el Capitolio.
Con resonancias del cine de John Gianvito o Travis Wilkerson, la puesta en escena de Wrinkled Minds, pausada y contemplativa, subraya la importancia de los cuerpos y gestos de sus dos protagonistas, convertidos en esenciales narradores de la acción. Esta estrategia alcanza su punto álgido en la secuencia en la que uno de ellos se ejercita con una inusitada disciplina militar, momento en el que la dimensión performativa de la película adquiere toda su potencia expresiva.
Influencia indígena en los orígenes del feminismo occidental
Gracias a los escritos de los jesuitas franceses que atraviesan Wrinkled Minds, vamos conociendo como era la sociedad Haudenosaunee; una sociedad matriarcal, que no se sustentaba sobre la idea de pecado, no aplicaba medidas punitivas, en la que no se ejercía dominación de unos sobre otros. Las mujeres eran persona con toda clase de libertades, tenían absoluto control sobre su sexualidad y su reproducción, eran la principal autoridad política y tenían voz en todas las decisiones de la comunidad.
Los misioneros jesuitas, formados en una cosmovisión cristiana y patriarcal, consideraban estas prácticas profundamente inapropiadas y escandalosas. Sin embargo, tanto la difusión de sus informes en Francia como el contacto directo que mantuvieron las primeras colonas sufragistas con las mujeres indígenas en el territorio, provocaron un impacto significativo. Al confrontarse el modelo occidental con las realidades sociopolíticas de las comunidades originarias, muchas mujeres europeas comenzaron a cuestionar su lugar en la sociedad y la rígida estructura de género que las subordinaba.
En ese momento, las mujeres occidentales carecían de existencia legal propia y estaban sometidas a la autoridad masculina y a los mandatos del cristianismo. Este contraste activó un incipiente debate en determinados círculos intelectuales, que más tarde alimentaría los fundamentos de la primera ola feminista. Estos estudios surgen de la investigación de Sally Roesch Wagner, historiadora del feminismo y autora de The Indigenous Roots of United States Feminism (2004), obra que sirvió de punto de partida del proyecto de Paloma Polo, con el que busca recuperar la memoria y las prácticas políticas de los matriarcados de diversos pueblos originarios, entendidas como claves para replantear, desde una perspectiva renovada, los desafíos contemporáneos ligados a las políticas neocolonialistas y heteropatriarcales sustentadas en la explotación de recursos, el crecimiento y el consumo desmedidos.
Idearios utópicos y disidencias políticas en el cine de Paloma Polo
Las películas de Paloma Polo parten de profundas investigaciones que atienden de manera específica al contexto en el que se inscribe cada proyecto. Su práctica se fundamenta en la colaboración con agentes locales, con quienes establece relaciones horizontales, alejadas de dinámicas jerárquicas y de cualquier aproximación extractivista o meramente representacional. En esta ocasión el guion fue revisado conjuntamente con integrantes de la comunidad Haudenosaunee, una metodología que la artista ha aplicado igualmente en trabajos anteriores.
Así, en El barro de la revolución (2019), Polo se integró en una guerrilla del Nuevo Ejército del Pueblo, rama armada del Partido Comunista de Filipinas, y convivió durante meses en la clandestinidad, acatando la disciplina militar y participando plenamente en las actividades cotidianas de sus miembros. Trabajar de esta forma transversal, le permite producir saberes que cuestionen los modelos hegemónicos de producción y legitimación de conocimiento, especialmente aquellos que dependen de la objetividad científica clásica o la superioridad epistémica.
Con su trabajo audiovisual, Polo busca profundizar en idearios políticos inscritos en contextos socioculturales específicos, con especial atención a aquellos vinculados a formas de disidencia y horizontes utópicos. Y a su vez, dar visibilidad a imaginarios e historias silenciadas, que ponen el foco en otras formas de vida y de resistencia ante el orden establecido, haciendo hincapié en construir una genealogía política feminista.
En su anterior película, Dulcinea (2023), reivindicaba la figura de Dulcinea Bellido, militante del Partido Comunista (PCE) y fundadora del Movimiento Democrático de Mujeres, la primera organización feminista de carácter estatal surgida en los años de la dictadura franquista. Actualmente, la obra cinematográfica de Paloma Polo puede verse en dos exposiciones en España: por un lado, la retrospectiva de su trabajo artístico presentada en La Virreina de Barcelona; por otro, hasta el 22 de febrero de 2026, dos de sus películas forman parte del ciclo Visiones Contemporáneas, con sede en el DA2, Centro de Arte Contemporáneo de Salamanca.

Enrique Piñuel Martín



