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Venus: Yo no soy esa película de terror

Un festín de terror con sentido del espectáculo pero que se acaba atragantando en sus mezclas

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Una gogó llamada Lucía (Ester Expósito) roba una bolsa llena de extásis de la discoteca en la que trabaja. Pero en la huida es apuñalada por uno de los encargados. Lucía, desesperada, acaba por acudir a su hermana´(Ángela Cremonte), que vive con su hija (Inés Fernández) en un oscuro edificio a las afueras de Madrid. Mientras el peligroso dueño de la discoteca busca a Lucía, ella tiene que encargarse de una sobrina que no conoce ante la repentina desaparición de su madre.

Presentada en el Festival de Sitges o el Festival Fancine de la Universidad de Málaga, Venus se mete de lleno en el terror festivo -y festivalero-. Después de un parón, Jaume Balagueró (saga [•REC], Mientras duermes) vuelve al género que le hizo triunfar, ahora de la mano de Álex de la Iglesia y Carolina Bang en el sello The Fear Collection. Un regreso mestizo: con base en un cuento de Lovecraft, Balagueró mete profecías astronómicas, thriller de narcos, invocaciones diabólicas y hasta un añejo y clásico toque de barrio, con sus señoras del quinto incluidas.

Un compendio de cosas que, como siempre, es una excusa para dar miedo y entretener al personal. Pero el argumento de Venus es un pastiche tan endeble, con una línea de terror tan ecléctica y para todos los gustos, que no aguanta cuando se tiene que tomar medio en serio a sí misma para avanzar. Ni la buena dirección ni el sentido del espectáculo de Balagueró evitan la sensación de que todo da demasiado igual. El disfrute está en que el nivel de exigencia sea bajo.

Venus, caña en interior

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Un guion perezoso y rellenado de una película de terror pide caña, mucha caña. Lo hace también Venus, que aprovecha el talento de Balagueró para el género sobre todo en los momentos más despendolados y sangrientos. Cuanto más celebra estar viva y deja abiertas sus heridas, mejor. El director sabe cuándo y cómo dar planos para que la secuencia llegue a provocar al público. Hay varios cierres de secuencia explosivos, de esos de aplaudir desde la butaca.

No está nada mal tampoco el empeño de darle al edificio «Venus» sus ramalazos de costumbrismo, amenizados con boleros. Es un acierto, muy del gusto de Balagueró, incluir un grupo de señoras, perfectamente elegidas, caracterizadas y dirigidas, en el que destaca una Magüi Mira que da un auténtico recital. El director se recrea en esa mezcla de horror con lo cotidiano, explotando esa estética decadente del pasillo estrecho y la decoración antigua. Encaja mucho mejor en la historia que otros tonos que acaban teniendo más protagonismo.

Al final da igual

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Después de un inicio prometedor que adivina una dinámica del gato y el ratón, la película va añadiendo capas y elementos a la ecuación. Aunque parece que suman a la construcción del clímax, acaban siendo un cóctel difícil de darle un sentido y, sobre todo, una resolución satisfactoria. Con un fin de fiesta irregular, que combina momentos brutales y otros desinflados, la conclusión es desconcertante y anticlimática. Es tan brusco todo que da la sensación que ha habido una dura tijera en el montaje final.

Venus es un «ok, pero….». Es decir, una película cumplidora y hasta divertida, pero que acaba cómoda en lo mediocre. Una que cumple a base de momentazos y el dominio del lenguaje del terror de Balagueró, pero que no va más allá de ser un pegote de otras cosas ya vistas. Una que tiene una scream queen aceptable en Ester Expósito, pero no carismática. El sello The Fear Collection prometía mucho, pero aún está por llegar la gran película que lo termine por legitimar como experimento creativo y comercial.

Imágenes: Venus – Sony Pictures España (Montaje de portada: Miguel Casaseca)
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