Noticias
‘Val del Omar, poeta audiovisual’, documental fallido sobre un místico del cine

Val del Omar, poeta audiovisual, recorre en tono didáctico la vida y obra del cineasta, fotógrafo, inventor e investigador José Val del Omar. Su figura, casi desconocida para el gran público pero de gran peso en la vanguardia audiovisual española, es descrito por los familiares que lo conocieron y siguen con vida pero también por creadores actuales, de diferentes ámbitos, que se han visto influidos por las innovaciones técnicas y formales que desarrollo en su obra.
El largometraje se ha podido ver estos días en el Festival de Sevilla tras pasar por el Festival de Jóvenes Realizadores de Granada o la Seminci. La misma circunstancia de lo que denuncia, el olvido en que ha caído una figura tan innovadora como la de José Val del Omar, lo condena a ser un producto divulgativo, algo plano y casi destinado a un público interesado en la historia del cine.
Aún así el cineasta desborda el mismo propósito de la película y esta acaba con un rótulo en el que advierte que durante el rodaje de la misma se descubrieron nuevos materiales suyos, como ya reseñamos por aquí. Casi tan impresionante como sus logros técnicos es la lista de artistas de campos tan diferentes como la música, la ilustración o la fotografía a los que sus propuestas estéticas siguen inspirando hoy en día.
La estructura repetitiva de Val del Omar poeta audiovisual

Val del Omar, poeta audiovisual, es un documental biográfico clásico que se presenta a base de archivo y gente sentada hablando en sus lugares de trabajo o espacios significativos para la historia. No es muy original, pero es lo lógico para presentar de forma clara y accesible la importancia de la figura que se quiere retratar. Otra cosa es que, dentro de ese formato, el del documental divulgativo, la película no parezca decidirse por como abordarse a sí misma.
El principal pegote es la narración en off de una actriz que además parece servir de bisagra entre ‘episodios’ mientras trastea con maquinaria inventada por Val del Omar o se establecen juegos escénicos con su figura recorriendo un museo. Pero lo cierto es que sus intervenciones repiten información, peor explicada, que ya dan las fuentes y la supuesta acción evocadora de sus secuencias rompe el ritmo y podía haber sido sustituida por fragmentos de obras del protagonista… que también se incluyen. Es como si la película no confiase en sus espectadores y les repitiese todo tres o cuatro veces, tardando casi 20 minutos en terminar cuando ya ha dicho todo lo que tenía que decir y sin una unidad temática en sus bloques.
Es evidente que no se puede esperar que una película que quiere llegar al máximo de público posible aplique en su presentación formal los mismos modismos que desarrollo Val del Omar. Eso la condenaría a la inaccesibilidad absoluta, y complicaría en exceso una explicación clara de la importancia de su trabajo incluso para algunos especialistas. Pero al menos, ya que opta por la sencillez expositiva, sería bueno que se boicotease a sí misma ni en la narración ni en la estructura.
Los hijos creativos de Val del Omar

Las fuentes, eso sí, están muy bien escogidas, y más allá del carisma propio del personaje de Val del Omar, sirven para mantener el interés incluso cuando el montaje les pone la zancadilla. Así, se pasen por Val del Omar, poeta audiovisual, lo mismo su yerno y su sobrina-nieta, actuales custodios del legado de su Fundación, o conservadores y expertas de centros como el Museo Herreriano de Valladolid o el Reina Sofía, que músicos como los hermanos Arias de Lagartija Nick, artistas contemporáneos como Marc Martí o cineastas como Nonio Parejo o Pedro G. Romero.
Aunque apenas se da contexto a su trabajo de los 50, con el Tríptico Elemental de España, quizás por evitar polémicas innecesarias, y se pasa de puntillas por su compromiso con las Misiones Pedagógicas, en general la película acaba cumpliendo casi sin querer con su función de explicar todos las innovaciones que adelanto el meca-místico -incluido el zoom, ya en plenos años 20- y transmitir su condición de monje de la creación audiovisual… literalmente, sus últimos años los vive casi en una celda franciscana dentro de su laboratorio.
Val del Omar poeta audiovisual, en fin, es un documental fallido en una estructura repetitiva en la que, encima, deja algún hueco, pero que puede efectivo en cuanto a la divulgación de la relevancia de su protagonista gracias a la potencia de la obra de este y al bien elegido elenco de voces que lo sostienen.


Jose A. Cano