Críticas | AMFF 2024
Una película barata: Las soluciones al cine precario

Una película barata cuenta la historia de Fede (Enrique Gimeno), un joven que pasa por una depresión mientras está de baja laboral. Hace un año dejó a su novio y la persona por la que lo dejó lo acabó dejando a él. Mientras pasas sus días viendo películas, leyendo y yendo al parque, allí se encuentra con un Iván (Jorge Motos), un viejo conocido con el que empezará a tener pequeñas conversaciones.
Osama Chami se ha lanzado a hacer su ópera prima autofinanciándose. El resultado es, claro, Una película barata, un drama indie que quiere acercarse, entre la calidez lo-fi y el desasosiego, entre la metareferencia cinematográfica y el estado depresivo, a la vida de dos hombres perdidos que encuentran un espacio común en el que, quizá, empezar a encontrarse a sí mismos.
Una película barata está hecha con sentimiento, pero resulta algo frustrante. Tiene algunas bondades evidentes, pero también se ve superada por un vacío conceptual y formal muy difícil de pasar por alto por su intento tramposo y simplón de justificarlo. Hay una sensibilidad y una honestidad de fondo a la hora de acercarse a los problemas de salud mental entre los jóvenes que se acaba autoboicoteando por la obsesión de establecer un hilo meta que vaya a darle un desarrollo y una coherencia interna que realmente no ha sabido o no ha podido gestionar.
Depresión y amistad

Chami encuentra su línea a seguir como cineasta a la hora de construir un personaje protagonista que está viviendo una depresión. Los recursos que elige (cambios de formatos, repetición, abstracción, recogimiento onírico, uso de colores o vestuarios…) están metidos con gusto y bien acompañados por la lacónica interpretación que hace Gimeno, que se nota que está perfectamente alineada a lo que buscaba el director, que vuelca en él buena parte de su emotividad.
La construcción de la amistad con el personaje de Motos (Lucas) es una boconada de aire fresco en la película, algo que entre los dos actores resuelven con soltura incluso en los diálogos más inverosímiles. En ese encuentro entre dos psicologías a punto de quebrarse, en esa cuerda fina que puede romperse por un lado u otro de dos personalidades sin rumbo fijo, es donde Una película barata encuentra una razón de ser que merece la pena ver desde fuera.
El cine detrás de una película barata

Pero el problema de la película está en su propia condición autoproclamada de película indie y pequeñita. Una condición que se quiere recalcar con referencias cinematográficas (insertos, citas y hasta homenajes a distintas películas) que acaban en dos o tres diálogos. Nada de eso está integrado adecuadamente ni en la historia ni en lo que les ocurre a los personajes. Ni tampoco pinta nada en el lenguaje que Chami ha querido construir a lo largo de la película, mucho más sensorial y vinculado a los sentimientos de sus protagonistas.
Una vez comprobado esto, solo cabe pensar que el cine precario dentro del cine precario se ha usado como forma de tapar agujeros. Como un recurso para transmitir una unidad que no existe o que ha acabado reducida al mínimo en un montaje de poco más de 60 minutos. Sea por la razón que sea (era difícil seguro con tantas limitaciones presupuestarias), la referencia está totalmente vacía. Queda más como una huida hacia delante de un estudiante de Comunicación Audiovisual que no sabe cómo darle un sentido a la práctica final que tiene que entregar al día siguiente que como reflexión alguna sobre el medio o sobre cómo este influye en la relación con o entre sus personajes.
Da un poco de pena esta forma torpe de utilizar lo meta porque por dentro se nota que Chami ha conseguido volcar emociones sinceras en su ópera prima. Una película barata queda así como un voluntarioso acercamiento a dos personajes en busca de su propio camino que ha autoboicoteado su honestidad con una capa de superficialidad autoconsciente.


Arturo Tena