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Un novio para mi mujer: Un romance para mi comedia

Una película suave y acomodada que sacrifica humor pero que se atreve a dar alguna vuelta a los tópicos de la comedia romántica

Un novio para mi mujer: Un romance para mi comedia 1

Un novio para mi mujer se acerca a un matrimonio en horas bajas. Diego (Diego Martín) quiere separarse de Lucía (Belén Cuesta) por su creciente intolerancia y pesimismo, pero no sabe cómo hacerlo. Como no se atreve a dar el paso, Diego acaba contratando a un especialista en seducir a mujeres casadas en horas bajas, El Cuervo (Hugo Silva). Sufragada por Diego, comienza la operación para acercarse a Lucía.

Un novio para mi mujer tiene las formas de una dulce comedia romántica. Aunque el planteamiento inicial hace pensar que va a ser ácida y gamberra, luego no lo es tanto. La película de Laura Mañá (Te quiero, imbécil) tiene claro lo que quiere ser: simpática e identificable, con sus dosis de mala leche pero manteniendo el foco en las sensibilidades de una pareja en crisis.

La película es un remake de la divertida Un novio para mi mujer (2008), que ya tuvo una adaptación brasileña en 2016. Como le pasa a muchas versiones de otras películas que quieren repetir un éxito, aquí todo está más más estandarizado que en la fuente original, que tenía una imagen más local y propia dentro del esquema clásico. Aún así, la de Mañá funciona en el terreno de lo apacible y sí que se atreve a darle alguna vuelta a la fórmula para resultar más fresca.

Un novio para mi mujer y la comedia

Un novio para mi mujer: Un romance para mi comedia 2

La operación de Laura Mañá -y de Pol Cortecans también al guion- es sencilla: ir a lo suave, con todo lo que ello implica. Por el lado malo, eso perjudica sobre todo el desarrollo cómico del planteamiento inicial, que pide un poco más de esperpento y despendole en las secuencias teóricamente más divertidas. El desarrollo desganado y amargado del personaje de Lucía, que se ha escrito bien y que Belén Cuesta entiende a la perfección, sugiere más situaciones que funcionen al margen de lo puramente expositivo («esto es lo que me pasa», «así soy y por eso mi marido me quiere dejar»). Su veneno está diluido.

Pasa también con El Cuervo, que presenta a un maduro Hugo Silva en un personaje perfecto para él, una parodia de los papeles de galán que durante varios años tuvo que intepretar. Pero su desengañado personaje secundario, al que se ceba a conveniencia antes de presentarlo, tampoco termina de poner la quinta como la gran réplica humorística a la pareja protagonista. En general, el cásting de la película para cada uno de los personajes está muy bien hecho, por eso da más pena que no se aproveche del todo su potencial.

Un novio para mi mujer y el romance

Un novio para mi mujer: Un romance para mi comedia 3

Por el lado bueno, Un novio para mi mujer respeta las contradicciones y los detalles de sus personajes y los trata con cariño, incluso cuando no se pueden entender -como pasa con el cobarde protagonista de Diego Martín-. Así es como Mañá se atreve a frustrar ciertos giros clásicos de la comedia romántica y darles un camino menos satisfactorio del teóricamente esperado, pero más fresco y entregado a lo que realmente podría suceder entre afectos que sufren.

Así es como lo mejor de la película acaba siendo su misión inicial: resultar bienintencionada y amable en su vertiente romántica. Mañá ha optado por hacer una recomposición soft y acomodada de otra película anterior para replicar su éxito, en una opción más conservadora pero realista de lo que implica un encargo de este tipo. Un novio para mi mujer no es todo lo divertida que podría haber sido, pero la aceptación de sí misma la hacen agradable y le da cierta personalidad.

Fotos: Un novio para mi mujer – Universal Spain (montaje de portada: Cine con Ñ).

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