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Críticas | BCN Film Fest 2026

‘Todo lo que no vemos’: inestable drama psicológico con elementos de juego de la sospecha

Bruna Cusí y María Valverde encabezan una sugerente película de carretera, romántica en más de un sentido y con insinuaciones de thriller
Crítica de 'Todo lo que no vemos', película Alberto Arvelo

Aroa (María Valverde) es una mujer a quien le pasa algo que no explica. Su conducta en una estación de ferrocarril llama la atención de Miquela (Bruna Cusí), quien le ofrece ayuda, un café, un posible hombro en que llorar… o un coche en el que escapar de una casa familiar que parece tener algo de infierno. Porque Miquela tiene que viajar a Portugal por trabajo, e invita a su nueva amiga a acompañarla.

Presentada en la Sección Oficial a competición del BCN Film Fest tras estrenarse en el Festival de Tribeca, el viaje supone el grueso de Todo lo que no vemos, que toma forma de road movie sobre relaciones humanas difíciles. Es un drama intenso, moderadamente incómodo. O algo parecido.

'Todo lo que no vemos': inestable drama psicológico con elementos de juego de la sospecha 1

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Los autores de la película juegan al enigma y cultivan la duda: ¿estamos viendo un drama de personajes (y de actrices) o algo diferente? ¿Su protagonista es una persona que se comporta de una manera excéntrica porque tiene que sanar las heridas derivadas de relaciones abusivas y porque, como dice en alguna ocasión, no se puede explicar todo de golpe? ¿O esconde algún secreto terrible en el que quizá no solo desempeña el rol de víctima inocente?

No quiero volver a casa

'Todo lo que no vemos': inestable drama psicológico con elementos de juego de la sospecha 2

En Secreto tras la puerta (1947), de Fritz Lang, una mujer comenzaba a temer a que su prometido tuviese impulsos homicidas y quisiese matarla. Una habitación cerrada con llave era la materialización física de una zona de la psique del coprotagonista que era inaccesible para ella. Con esa inacessibilidad, llegaba el miedo a que esas ideas no expresadas pudiesen ser monstruosas.

Todo lo que no vemos puede tener algo de homenaje cinéfilo, o sencillamente comparte un interés abstracto parecido por la manera como un espacio puede simbolizar paisajes mentales turbios o realidades traumáticas. Más allá de eso, la nueva película de Alberto Arvelo (Una casa con vista al mar) no tiene mucho que ver con la propuesta de Lang. El autor de Metrópolis (1928) firmó una intriga muy replegada en la lógica sensacionalista y en el esquematismo psicológico de los géneros cinematográficos, mientras que el cineasta venezolano apuesta claramente por el drama… en relación con otras narrativas.

El relato toma la forma de película de carretera, sí, pero también tiene componentes de thriller psicológico que juguetea con la gramática del cine de terror. Arvelo y su equipo conciben encuadres que no encajan en lo convencional o esperable en un drama, pero que tampoco terminan de alinearse con los códigos del horror fílmico, sino que ocupan un lugar ligeramente extraño que puede resultar gozosamente difícil de clasificar. También va en esa línea una banda sonora original bella, un tanto inquietante, pero que apuesta del todo abiertamente por el desasosiego.

Además, el relato incorpora guiños casi distópicos que conectan con el pasado reciente de la pandemia de la covid-19 y con un presente de auge militarista. Las protagonistas transitan por lugares solitarios. Parecen estar (casi) solas en el mundo, no solo porque estén absorbidas por su descubrimiento mutuo, sino también porque no parece haber mucha gente alrededor. El mundo circundante termina teniendo algo de lienzo expresionista que proyecta mundos interiores agitados y donde incluso pueden verse (¿aunque no estén ahí?) algunos fantasmas del pasado.

La inconcreción de Todo lo que no vemos puede ser sugerente

'Todo lo que no vemos': inestable drama psicológico con elementos de juego de la sospecha 3

En definitiva, Todo lo que no vemos es una película romántica en más de un sentido. No solo trata de amores que dejan cicatrices (también en más de un sentido), sino que muestra oleajes enfurecidos, vientos ensordecedores en un bosque revuelto por el viento, como aquel romanticismo gustoso de las naturalezas agitadas como símbolo de sentimentalidades convulsas. Y que también se sentía atraído por las añoranzas hacia quienes no están, por los cementerios y, a veces, por la posibilidad de lo sobrenatural.

La mirada de los espectadores marcará quizá la recepción del filme. Los más afines al cine de terror quizá verán (veremos) estímulos constantes que nos empujan a desconfiar de Aroa, incluso a temerla. Lo curioso es que la película cultiva, conscientemente o no, la tendencia a la sospecha de un público desconfiado que quizá es representativo de una sociedad que también parece serlo y que, ante la duda, puede tener a optar por el miedo más que por la compasión o la empatía.

El conjunto tiene algo de juego. Como si la productora A24 hubiese revestido de guiños terroríficos estilosos un drama mistérico (o viceversa, un misterio dramático) concebido por Claude Chabrol, aunque la ejecución de Arevalo y su equipo tiene un aire más personal y artesanal, menos homogeneizado y homogeneizador. Estamos ante una película estrenable y comercialmente viable, pero un poco inusual y un poco incómoda, como esos encuadres levemente enrarecidos que salpican el metraje. Guarda los secretos que pueden haber detrás de una puerta, y con ello abre otra: deja que entre una ambigüedad que resulta potencialmente muy interesante.

El juego puede tener algo de tramposo. Quizá se lanzan demasiados estímulos, quizá hay demasiada anticipación del enigma para cumplir las expectativas generadas. El camino de Todo lo que no vemos resultará demasiado incierto de transitar para quienes quieran una narrativa más cerrada o con un tono más concreto. Con todo, parece apropiado que una película de carretera proponga una experiencia diferenciada al espectador, un cierto viaje que sea susceptible de transformarle. Aunque sea solo durante un rato.

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Ignasi Franch

Ignasi Franch

Periodista cultural y crítico cinematográfico desde 2003, cuando todavía se veían algunos disquetes por las redacciones. Colabora en medios como El Diario, El Salto, Crític, Caimán - Cuadernos de Cine, Directa y Rockdelux, entre otros.

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