1. Cine clásico
  2. Cine español de los 60
  3. Superagentes españoles: los bastardos de James Bond en la España de los 60

Superagentes españoles: los bastardos de James Bond en la España de los 60

Un libro recupera el cine exploitation y de coproducción en el sur de Europa que siguió al éxito de 007

estambul-65-cine-con-ñ

En los años 60 del siglo pasado James Bond era el mayor fenómeno POP del planeta y sus películas arrasaban la taquilla. Fue gracias a ese éxito que surgieron los llamados euroespías, versiones más baratas, en serie y exploitation del fenómeno bondiano. Cada país las interpreto según su idiosincrasia, a veces en coproducciones muy propias de la época. Y España no se iba a quedar atrás.

La memoria de esos filmes de escapismo puro, exagerados, kitsch, pero con una influencia industrial posterior mayor de la que parece la ha recuperado Santiago Aguilar en Operación Torremolinos. El cine español de superagentes (1965-1967), segundo tomo de la Biblioteca La Abadía que recupera la memoria del nacimiento del cine de género en nuestro país.

Aguilar explica a Cine con Ñ que ese periodo de tiempo tan reducido tiene su razón en que el boom de los superagentes se produjo «gracias a los éxitos de Goldfinger y Operación Trueno, tercera y cuarta entregas de la saga 007. La política de coproducciones facilitó que empresas que habitualmente optaban por esta fórmula, como Balcázar, Procensa, Estela Films o Ágata Films, se implicaran en la confección de estos productos, aunque la iniciativa solía ser italiana o francesa».

En apenas tres años, del 65 al 67, la industria española participará directa o indirectamente en 70 películas de euroespías. Como los tiempos eran más lentos, algunas no se estrenaron hasta los primeros 70, cuando «ya eran productos extemporáneos, aunque esto no rezaba en los cines de sesión continua, en los de pueblo y en los de playa», comenta el autor.

Los 60 son en España «los años del desarrollismo, los de la puesta al día de la pujante clase media con respecto al patrón capitalista europeo», pone Aguilar en contexto el fenómeno. La debilidad económica del país y la política de la dictadura franquista, eso, sí, forzaron a que «los ciudadanos debiesen conformarse con sucedáneos del fenómeno POP que cala gracias a la emigración, el turismo, la presencia de militares estadounidenses y el cine, aunque este último estuviera mediatizado por una censura inclemente. El libro repasa cómo muchas de las películas del ciclo sufrieron las arbitrariedades censoras en distinta medida en los diversos países implicados en su producción».

Espías, turismo y censura en la España del desarrollismo

Superagentes
Fotograma de ‘Estambul 65’, de Antonio Isasi-Isasmendi.

Es decir, argumenta el autor, «que no se trata de un ensayo sostenido sobre la nostalgia de una década, sino de un intento de desentrañar algunos de los vectores que confluían en la creación de nuevos mitos a partir de las fuentes heterogéneas de las que se nutre la cultura popular y que provienen por igual de la imaginería consolidada por las novelas de a duro, los éxitos de la música ligera, la consolidación de un starsystem televisivo y la oportunidad de promocionar las nuevas infraestructuras turísticas por parte del ministerio de Fraga Iribarne, del que, no lo olvidemos, dependía tanto el turismo como el cine».

Los superagentes, como cualquier subgénero de tirón popular —el peplum, el western mediterráneo, el fantaterror— «sirve para explicar tanto la sociedad de su tiempo como la estructura industrial y administrativa que le daban soporte. Al contrario que los otros, el de superagentes era de ambientación estrictamente contemporánea, lo que le añade un plus documental a cualquier cinta del filón», añade el escritor.

José Luis Salvador, editor de La Abadía, añade sobre la memoria de ese POP que «durante mucho tiempo fue marginada por la inteligencia oficial, haciéndola parecer como algo inferior y de gente con poco nivel cultural. Por fortuna, poco a poco se está consiguiendo desterrar estos prejuicios inculcados y se ha comenzado a recuperar su legado, aunque todavía quede mucho camino por recorrer».

Si Santiago Aguilar tiene que destacar a un director entre aquellos de las coproducciones sobre superagentes es a Antonio Isasi-Isasmendi, «por la posibilidades industriales que abrió. Su Estambul 65 (1965) fue la película del ciclo más exitosa en cuanto a número de espectadores y taquilla y la demostración de que se podía hacer un cine exportable —tuvo distribución mundial, con estreno en Estados Unidos y Japón— a base de pericia artesanal, un poco de picardía y buenas dosis de autoironía«. En cuanto a intérpretes «me gustaría destacar a los pocos españoles que tuvieron auténtico protagonismo en el ciclo: Diana Lorys, Germán Cobos y Laura Valenzuela».

Aunque cuando se llega a cuál de los superagentes sería su favorito se sale del cine: «Sin duda, Anacleto, agente secreto, el de Vázquez. Su capacidad para poner en cuestión el lenguaje de la historieta era apabullante. Su adaptación cinematográfica tenía otras servidumbres». Propone un remake de Persecución a un espía, retomando la novela de Claude Rank, «por el tema de la corrupción política y las fricciones entre distintos cuerpos militares y policiales, españoles y estadounidenses, en torno a las bases de utilización conjunta«. Su editor tira por un elemento más kistch y añade, por ver cómo se traduciría al día de hoy, «Operación Mogador, donde el villano de la función se pasa gran parte de la película travestido para pasar de incógnito y muestra un gran respeto y temor hacia nuestra Guardia Civil».

Superagentes y vampiros en la Biblioteca de La Abadía

Superagentes españoles: los bastardos de James Bond en la España de los 60 1
Detalle del cartel de ‘Persecución a un espía’.

Precisamente el anterior volumen de la Biblioteca La Abadía fue Más allá de Drácula: otros vampiros en la Hammer, de Carlos Díaz Maroto, que trataba el explotation de otro fenómeno, el de las películas de terror. Salvador confiesa que «no había caído en ello, pero en todo caso es algo casual. O, mejor dicho, no premeditado. Al fin y al cabo las diferentes corrientes y subgéneros que conformaron la producción de aquel movimiento estaban cimentadas sobre la repetición de fórmulas de un film a otro con ligeras variaciones. Y en cierta manera ahí radica parte de su encanto».

¿Qué reflejan estas películas sobre el mundo de entonces? «Reflejan diferentes rasgos de las sociedades en las que surgieron. En el caso de las cintas de euroespías, dada su temática no es muy difícil rastrear el temor ante los avances científicos, armamentísticos y tecnológicos derivados de la Guerra Fría y sus fluctuantes tensiones, a pesar de provenir de países que no estaban en primera línea del conflicto, como pueden ser Italia, Francia o la propia España, y aunque fuera en clave colorista y POP», dice Aguilar.

Y si nos ceñimos a nuestro país «resultan muy interesantes para comprobar que aspectos preocupaban a la censura franquista de estos, en principio, productos de mera evasión, pero que, sin embargo, poseían una implícita carga política, algo de lo que se encarga de analizar Santiago en el libro, dicho sea de paso». Sea como fuere «los dos casos ejemplifican la estimulante -y hoy impensable- riqueza productiva que tuvo el cine popular europeo durante sus años de mayor apogeo».

Menú