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Rendir los machos: La masculinidad se cura en silencio

David Pantaleón cuenta la historia de dos hermanos peleados entre sí obligados a respetar una tradición ganadera canaria a la muerte de su padre

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David Pantaleón, director de Rendir los machos, celebró el coloquio sobre su ópera prima el pasado domingo 7 acompañado por sus hermanos, actores protagonistas de la cinta, mientras en la ciudad de Sevilla se celebraba el drama fratricida del Betis-Sevilla. La película, ambientada en Fuerteventura, retrata la dificultad de dos hermanos cabreros para reconciliarse por una ofensa nunca explicada y desde el silencio que marca el carácter de ambos, uno más agresivo y el otro más reservado.

La película abrió la sección Las Nuevas Olas del Festival de Sevilla y era uno de los proyectos más esperados de esta edición. Pantaleón confesó que lo principal que ha necesitado para sacarlo adelante es «paciencia», ya que le ha llevado siete años completarlo, tiempo durante el cual «uno va cambiando y la película se va modulando». Desde un primer momento el objetivo que fue que sus hermanos mayores, Alejandro y Julio, actores naturales, uno veterinario y el otro camionero, fuesen los encargados de poner cara a esta exploración de la (in)comunicación entre hombres.

El proyecto, en parte, surge de un momento vivido precisamente por el hermano veterinario, al acudir a una de las subastas de ganado como las que se ven en la película y asistir al día en que el cantante Juan El Chapa -que hace un breve cameo- interpretaba ‘El caballo bayo’ ante una audiencia de cabreros. «Ver a esos tipos rudos, secos, serios… emocionados cantando ‘El caballo bayo’ fue toda una experiencia».

Hombres de leche

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Rendir los machos, naturalista en la acción y los diálogos y tan teatral en la puesta en escena como cargada de una atmósfera que roza el realismo mágico, parte de una tradición ganadera canaria casi perdida, en la que los hijos de un fallecido se ven obligados a entregar parte del ganado a quien este disponga como forma de exequias. Un camino que deben realizar pie, llevando solo animales machos y debiendo terminar el viaje todos los que lo empezaron. A partir de ahí comienza el peregrinaje de los protagonistas, obligados a convivir y a asumir sus diferencias y el dolor por la muerte de su padre.

De la voluntad de retratar la masculinidad tradicional con sus muchas sombras pero también algunas luces y un atisbo de redención como forma, incluso, de madurez -la idea, como llega gritarle un hermano al otro, de reafirmar «soy un hombre»- hablan los dos títulos provisionales que manejó el cineasta canario: Dientes de leche y Hombres de leche. La palabra «macho», por la vía de los animales fundamentales para el argumento, es la más repetida en un guión escueto y a base silencios, como corresponde a sus encallecidos personajes.

Rendir los machos se construye a base de planos fijos -con una excepción y dos que rozan el larguero, pues son planos fijos sobre elementos en movimiento- y enfocando a sus personajes casi sin término medio, pasando de la panorámica al primer plano. La manera de marcar las diferencias y paralelismos entre los dos hermanos podría usarse para explicar en clase maneras de definir las relaciones entre elementos mediante la composición, pues es prácticamente un catálogo de recursos.

Fuerteventura y el Purgatorio

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Pantaleón, en fin, parece haber decidido echar el resto en su ópera prima, que ha dotado de un halo de irrealidad que él mismo admite que responde a la condena del migrante: vivir fuera, volver al lugar del que eres y «descubrir que es mágico». Un muy sutil sentido del humor impregna además los surrealistas encuentros que van viviendo los hermanos por el camino, y que ellos asimilan con la elocuente inexpresividad que les es propia.

En Rendir los machos se mezcla, pues cierta voluntad cuasi antropológica de retratar las tradiciones de Fuerteventura con no ahorrar ni uno de los giros más surrealistas que pueda aportar el entorno, con los cabreros cruzándose con turistas, puestos de comida inesperados o incluso la celebración de una comunión en la que están a punto de ceder en su tarea.

Curiosamente, más allá de una competición en una subasta y la breve discusión a cuenta de la casi rendición de uno de los hermanos -el que más habla, tan «débil» que intenta dormir una noche junto a su mujer-, la única escena de pelea -literalmente, de lucha canaria- es, en última instancia, la muestra de la reconciliación total entre los contendientes. Porque una lucha organizada, con reglas, en la que tienes que usar una técnica concreta, requiere de un pacto mutuos de respetar esos códigos, y se realiza, así pues, por gusto. Efectivamente: como el Betis-Sevilla.

Imágenes: Fotogramas de Rendir los machos – Begin Again
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