Películas españolas
Perfectos desconocidos: Oficio y buen trabajo

Encerrar a los personajes en una habitación ha dado buenos resultados en el pasado, cinematográficamente hablando. Desde la mítica El ángel exterminador hasta la más reciente La Venus de las pieles de Polanski, en la que por cierto ya hacían acto de presencia los teléfonos móviles. Eso es lo que hace Álex de la Iglesia en su última película, en un remake de la italiana Perfetti sconosciuti de Paolo Genovese, rodada un año antes. Si bien la operación de volver a hacer una película de hace un año y al 90% ( o más) idéntica puede ser cuestionable, el resultado que arroja es más que satisfactorio.
Un grupo de amigos, formado por tres matrimonios, dos de ellos ya veteranos mientras que el otro lleva poco tiempo casado, y un amigo soltero, se reúnen a cenar. Se conocen desde hace mucho tiempo, por lo que no muestran demasiada ilusión por este nuevo encuentro, que suponen que transcurrirá sin que ocurra nada memorable. Para hacerlo más entretenido deciden probar un juego: dejarán sus móviles sobre la mesa y cuando estos suenen, verán entre todos el contenido del mensaje o escucharán la llamada. Pese a algunas pequeñas reticencias acaban jugando, y, evidentemente, todos tienen más que esconder de lo que querrían admitir.

Los protagonistas son otro de sus puntos fuertes. El director cuenta con un gran elenco de contrastados y conocidos actores cada uno de los cuales cumple a la perfección con el papel asignado a su personaje. Belén Rueda y Eduard Fernández, Ernesto Alterio y Juana Acosta, Eduardo Noriega y Dafne Fernández, con Pepón Nieto como el amigo que se presenta sin acompañante. Un reparto con las suficientes tablas y carisma para conseguir hacer suyos a los personajes desde el principio, algo fundamental en una película como esta. El guion consigue que todos tengan su momento de protagonismo, pasando de intensos momentos dramáticos a otros más cómicos y absurdos.


