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Pa’trás ni pa’tomar impulso: La fuerza de Carmen Mesa

Película que fía todo a la personalidad de su protagonista.

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El título de Pa’trás ni pa’tomar impulso resume en una sola afirmación (folclórica) la naturaleza de esta producción, en el que la figura de la bailaora flamenca Carmen Mesa se enfrenta a su contexto y circunstancias para hacer del arte su vida. Aunque toma la apariencia de un documental, esta cinta dirigida por Lupe García Pérez incurre también en el ficcionamiento parcial de las desventuras que nuestra protagonista, una cordobesa de mediana edad que vive como “exiliada artística” en un lugar tan lejano a su hogar como es Buenos Aires.

Tras una breve introducción en la que se nos transmite la importancia vital de su pasión junto a sus amigas -las cuales también servirán para vertebrar el relato más adelante-, Carmen nos cuenta en primera persona ese salto de fe que realiza para escapar del mayor miedo de todos: reconocerte a ti mismo que no has sido capaz de cumplir tus sueños.



 Aunque tiene un marcado acento flamenco, Pa’trás ni pa’tomar impulso consigue despertar un interés en espectadores ajenos al mundo de baile, el cual a su vez se presenta con la lucidez suficiente como parar generar el estímulo de ser investigado y conocido más allá de los (breves) 80 minutos de la película: las escenas de danza inundan las imágenes pero no convierten la narración en un decálogo de este arte, si no que fijan la importancia de este medio de expresión, el cual, en el caso concreto de cada uno, puede ser intercambiable por su pasión personal.

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Este viaje a “las Américas” pronto empieza a revelar el verdadero sentido de la obra: por encima de todo, asistimos a los esfuerzos de una mujer por vencer el paso de los años y las decepciones de la vida con el fin de que no le arrebaten su motor vital, que es el poder vivir de su arte. El punto de giro que inicia la trama es la discusión/ruptura con su pareja argentina, aquella persona por la que entendemos se ha decidido a probar suerte fuera de sus fronteras. En este punto notamos ese “carácter teatral” y recreado que he apuntado al inicio y que resta credibilidad y frescura a la historia.

Es fácil distinguir estas partes ensayadas de aquellas secuencias en la que la cámara simplemente graba y somos testigos del desarrollo de los hechos frente a la cámara. Una “verdad” (la cual nos trae el debate de siempre acerca de lo genuinos que podemos llegar a ser o no delante de un equipo de rodaje) en Pa’trás ni pa’tomar impulso que obviamente favorece a una persona como Carmen, quien no es actriz profesional pero sí que derrocha naturalidad a raudales cuando tiene que ser ella misma.

Esta separación iniciará un periplo que se irá viendo sazonado por otros demonios personales y dramas familiares, como la enfermedad de su hermana. En este punto también se podría reflexionar sobre la veracidad estricta de los hechos o la conveniencia narrativa de unir estos sucesos, pero tendría que ver más con un tratado del género documental en sí mismo que del filme que ahora nos ocupa.

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 Tomando una de las tesis más comunes dentro de las producciones que tienen como protagonista al propio medio artístico -es decir, el arte como elemento liberador de todos los males de la persona que lo practica/siente-, la propia Carmen llega a afirmar en un momento dado que “no es capaz de distinguir su vida del baile”. En esta línea, resuena en Pa’trás ni pa’tomar impulso otro filme muy diferente pero al mismo tiempo poseedor del mismo mensaje como es El pianista (2002), de Roman Polanski, en el que el drama colectivo se ve mitigado por las notas del instrumento.

Obviamente la escala no es la misma, pero es interesante comprobar cómo este sentimiento de liberación es habitual entre una gran parte de los artistas,y con el que personalmente también me siento identificado. Además, con el fin de fortalecer este planteamiento, la película combina el mensaje de su música -por ejemplo el desamor, cuando está ensayando canto- con su momento vital. En el instante en el que la meta de una narración es clara y todos los elementos discurren de forma paralela hacia la misma, el esfuerzo invertido adquiere sentido y hace que el discurso general sea más poderoso.

Sin embargo, fuera de la empatía que despierta en el sentido narrativo, la historia de Pa’trás ni pa’tomar impulso adolece de una falta de ideas novedosas o de una reelaboración de lo ya visto con el fin de que la presentación sea más original. Cae inevitablemente en lugares comunes, lo que unido a la planificación de escenas como las que está con su expareja (también al final) lastran el acabado del producto. Las mejores noticias tienen que ver con la fuerza que transmite la figura central, Carmen, quien realmente da un salto de fe al ponerse delante de la cámara y ser capaz de canalizar y compartir sus vivencias. 

Jorge Dolz (@J_Dolz)

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