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Occidente: La sociedad y el arte

Una propuesta valiente y muy alejada de convencionalismos de Jorge Acebo Canedo.

Noche cerrada en algún lugar indeterminado; de esa oscuridad van surgiendo unos edificios solitarios pertenecientes a una ciudad industrial, en apariencia vacía, en posible franca decadencia. Y una voz en off resurge de la nada y pregunta: ¿Qué es occidente?

Occidente es la ópera prima de Jorge Acebo Canedo, una propuesta valiente y muy alejada de los convencionalismos propios del cine más narrativo y ficcional. Porque Occidente se pregunta muchas cosas y deja las puertas abiertas a las reflexiones internas de cada espectador. Occidente es también una sociedad deshumanizada, corrupta, desprovista de cualquier tipo de afecto, que va devorando a todos los seres humanos que la habitan.

De ahí que esa sociedad que aprieta y ahoga a los individuos sea el verdadero hilo conductor de la película. Los protagonistas están sometidos a ese espacio. Es por eso que el director empequeñece a sus personajes, los filma de espaldas y se apodera de los planos generales para aplastarlos; para encerrarlos en el aire contaminado que respiran y presentarlos como meras representaciones numéricas sin importancia.

El protagonista, H (Francesc Garrido) regresa de su exilio a esta ciudad fantasma; y lo hace apenado por el pasado, doliente por el presente y melancólico por el futuro. En este lugar se reencuentra con Gloria (Paula Bertolín), una mujer con  carencias afectivas, incapaz de abandonar el pasado.

En este mundo distópico no hay cabida para la esperanza, ni para la libertad, ni para el arte. Por eso H quiere filmar imágenes con su cámara para dar cuenta de la importancia del arte y la cultura en cualquier sociedad. De esta manera, el autor orbita constantemente en la idea del nacimiento de las corrientes artísticas y se pregunta, a través de una constante voz en off algo recurrente y pesada, por las vías de escape que los seres humanos tenemos gracias a las herramientas que la cultura nos ofrece.

Y esos fragmentos del arte son detallados ante el espectador como recuerdos imborrables del pasado, utilizando imágenes reales de películas de cineastas como Robert Bresson, Friedrich W.Murnau o Roberto Rossellini. El poder del arte para la creación de símbolos que perduran en la memoria de los seres humanos. Así la incapacidad para avanzar de esta sociedad sin estos símbolos se plasma en el tono plomizo, pesimista y cargado de podredumbre que envuelve el universo de Occidente. La fotografía se tiñe de colores grises y la oscuridad se convierte en la protagonista absoluta de la puesta en escena de la película.

Occidente sigue siendo igual de cruel que cuando H la abandonó e incapaz de vivir en esas condiciones recurre a lo que, a priori, es una huida hacia delante. Pero en este tipo de sociedad no hay posibilidad de avance, todo lo contrario. Los personajes se ven inmersos en una vuelta a los orígenes, a esos tiempos primitivos de la caza y la pesca; del trabajo manual para conseguir cualquier alimento. El individuo perdido sin posibilidad de razonar en un mundo hostil, porque sin arte y cultura el hombre está condenado a perecer a merced del mundo salvaje que le rodea.

Y ese es el trasfondo de Occidente: se debe construir una sociedad fuerte y con férreos valores que haga que los individuos que la forman sean personas realmente válidas; si no es así estamos condenados a ser aplastados por la sociedad. Apoyándose en ese subtexto capital en el desarrollo de la historia, Acebo Canedo traza un relato coherente que escapa de las narraciones más convencionales para introducir al espectador en el universo filosófico de Occidente.

 

Pablo Vergara (@BonaseraPablo)

 

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