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‘O gemer’ reflexiona sobre los humanos y nuestra relación con el territorio

Xabier Erkizia y Tamara García Iglesias proponen un film experimental, sin diálogos, centrado en el chirrido de los carros tirados por bueyes

O gemer The moaning El gemido

O gemer (El gemido) no es una película para todos los paladares. Se trata de 63 minutos sin diálogos -aunque alguno se escucha de fondo, un poco al descuido- centrada en el gemir de las carretas tiradas por bueyes en diferentes localizaciones y tiempos -la antigua Roma, Brasil, Euskadi- e incluso por ausencia según las marcas que han dejado las ruedas en veredas históricas.

Sobre esta premisa, nacida de una cita del Viaje a los Pirineos y los Alpes de Víctor Hugo que fascinó al director, se construye un discurso sin narración, a base de sonidos y conceptos, en el que la película reflexiona sobre la memoria, la complejidad -o ausencia de ella- de la civilización y la fragilidad de la propia relación del ser humano con el mundo que lo rodea.

El músico, productor y cineasta Xabier Erkizia estrenaba este domingo 19 su cinta en los cines Príncipe de San Sebastián, en el marco del festival donostiarra, con una presentación que saltaba del castellano al euskera con tanto entusiasmo por lo que quería contar como nervio con el que se le agolpaban las ideas. Tamara García Iglesias, montadora, directora de Fotografía y productora de la película, ponía la calma con sus aportes, dando contexto a las decisiones técnicas de una propuesta tan interesante como, de primeras, difícil de explicar.

El protagonista es el mencionado chirrido de los carromatos que encantaba a Víctor Hugo pero molestaba a sus acompañantes a mediados del siglo XIX, en otra época era más que habitual en las carreteras del País Vasco y hoy se encuentra casi desaparecido. Prácticamente hasta la invención del tren, el carro de bueyes era el medio de transporte de mercancías más rápido creado por el ser humano, y de su cadencia dependía la llegada de alimentos y otros productos.

O gemer: de Pompeya a Brasil pasando por Gernika

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Xavier Erkizia (centro) y Tamara García Iglesias en la presentación de ‘O gemer’.

Así, repasar los como mínimo 5000 años de historia del carromato, el boyero y sus bueyes a través de calzadas romanas, frescos conservados en Pompeya y Egipto o marcas en caminos aún mas antiguos funciona como una reflexión acerca de las personas que han vivido caminando junto a esos carros, de su impacto en la iconografía y la cultura y, quizás, de su recuperación futura -que en muchas partes del mundo, en realidad, nunca ha dejado de ser presente-.

Erkizia nos hace acompañarlo al interior del Brasil, a una celebración de boyeros o romería en la que los diferentes participantes presumen del chirrido de sus carros e incluso, como comentó el cineasta durante el coloquio, llegan a resecar los engranajes con queroseno para aumentar el ruido. La cámara se pierde entre los pliegues de la piel y las jorobas de los animales, caracolea en las rendijas de los carros o viaja sobre ellos con desconcertante tembleque, pasando de sumergirnos en el sonido a incluso sugerirnos algún olor.

El repaso de las carretas de la vieja Euskadi es más de archivo que actual, aunque con el añadido de recordarnos que a aquél mercado del 26 de abril de 1937 en Gernika, del que todavía no se han cumplido cien años, la mayoría de las víctimas llegaron en carros de bueyes o por su propio pie. Ese momento, quizás, es donde el vértigo de nuestra propia vulnerabilidad se hace más evidente.

El director explicó a preguntas del público que todo el sonido es directo excepto una interpretación musical en la secuencia final, en la que incluso tuvieron que pedir a la violinista que «tocase peor» para asemejar más el sonido al de la cadencia de «el gemido». Como parte de un proyecto de investigación artística mayor, de las horas y horas grabadas Erkizia y García Iglesias no solo han montado este filme experimental sino que crearán al menos dos discos, uno con intención archivística y el otro musical.

Estrenada en la sección Zinemira, dedicada a lo más nuevo del cine vasco, es difícil que O gemer pueda salir de los círculos del cine experimental o, en su caso, con una cierta preocupación antropológica. Pero si se está dispuesto a aceptar las bases de su propuesta y sumergirse en el hipnótico chirrido de los carros, se acabará arrastrado por él, y por su repentina ausencia, en una mirada con vértigo hacia el pasado, presente e incluso futuro de la Humanidad.

Imágenes: O gemer – Festival de San Sebastián.
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