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Treintañeros en crisis en ‘Nosotros no nos mataremos con pistolas’

María Ripoll dirige esta adaptación de la obra de Víctor Sánchez sobre un grupo de amigos que se suma a las películas de corte generacional

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El Festival de Málaga encara su recta final con Nosotros no nos mataremos con pistolas, una película de reencuentros de viejos amigos que quiere leerse a sí misma en clave generacional, la de los tardomillenials. María Ripoll (Vivir dos veces, Ahora o nunca) dirige esta adaptación de una obra de teatro de Víctor Sánchez Rodríguez -Premio Max y que también interviene en la adaptación a guion de cine- que se acerca a los distintos fracasos de un grupo de personas a las que les cuesta ya reconocerse, a sí mismos y a los demás.

Ingrid García-Jonsson, Elena Martín, Joe Manjón, Lorena López y Carlos Troya protagonizan esta película de aroma de pueblo valenciano, donde todos estos amigos de toda la vida se reúnen en una vieja casa familiar y se prepara un día de fiesta. Sobrevuela la muerte de una de ellos, la prima del personaje de García-Jonsson, que se coloca como un fantasma entre sus colegas, que van introduciéndose intercaladamente en escena con distintas rencillas entre ellos y secretos que no quieren compartir con el resto.

Medio hablada en valenciano y en castellano, Nosotros no nos mataremos con pistolas va presentando en conversaciones y enfrentamientos distintas frustraciones sentimentales, emocionales y económicas de unas personas que han llegado a un punto de sus vidas en el que echar la mirada atrás con sus sueños truncados y de cómo esas oportunidades prometidas no eran tales.

Una película sobre la generación que siente «que el mundo no nos pertenece«

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La directora María Ripoll.

El equipo artístico al completo de la película ha presentado la película en Málaga. Belén Sánchez, productora, ha asegurado en rueda de prensa que el interés de la película está en que habla de «un nosotros que nos cuesta mucho pronunciar como generación. Somos los de la generación que tuvimos la oportunidad de estudiar y hacer muchas cosas, sin embargo, sentimos que el mundo no nos pertenece y se escapa de nuestras posibilidades de acción directa en el mundo«. A lo que ha añadido que querían «hablar de esto desde la amistad y desde el humor».

Sobre la adaptación de la obra de Víctor Sánchez, presente en la sala pero no en el escenario, el autor original ha explicado que, él mismo y Antonio Escámez, modificaron aspectos de la obra original (los monólogos, la presencia de la amiga muerta…9 y de que el objetivo principal era «sacarlo del espacio único» con toda una sección de la película que ocurre en la verbena. En cuanto al lenguaje audiovisual de la película, María Ripoll ha destacado que buscaron un «lenguaje visual de wéstern» por «cómo están en un duelo constante entre ellos» y que la desolación de los personajes «está en los espacios».

Los responsables de No nos mataremos con pistolas han hablado también del importante trabajo de interpretación en la película. Elena Martín ha asegurado que «había mucho texto, pero en el buen sentido, había mucho espacio para nosotros para trabajar». Ingrid García-Jonnson ha añadido «se dan pocas películas en las que realmente nos dejen trabajar a los actores. Muchas veces se está mucho al servicio de la cámara, con escenas cortas y con mucha prisa. De pronto aquí teníamos tiempo para trabajar y jugar«.

Un retrato generacional sin recorrido en Nosotros no nos mataremos con pistolas

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La película de Ripoll se puede colocar fácilmente en el grupo de películas españolas recientes que ahondan sobre distintas crisis generacionales a partir de la amistad y las relaciones entre un grupo de personas dentro de un espacio cerrado. Si se añade un muerto a la ecuación, con una presencia casi espectral -o, en este caso, reencarnada-, es fácil ponerlas al lado de películas como Litus (2019) y Coses a fer abans de morir (Cosas que hacer antes de morir) (2020).

Pese al gran esfuerzo de su equipo de actores y a las distintas líneas de guion naturales y bien resueltas, Nosotros no nos mataremos con pistolas falla en crear unos códigos propios al adaptarse al cine. Ni tiene su propio lenguaje cinematográfico ni trasciende temas colocados de forma más original en otras películas. Su intento de conectar esas experiencias individuales en clave melancólica con el pasado o su afán por buscar ese discurso generacional general se intenta elevar sin demasiado recorrido emocional o ideológico.

Imágenes: Photocall de Nosotros no nos mataremos con pistolas en Málaga – Festival de Málaga/Álex Zea

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