Críticas
No puedo vivir sin ti: Película para un ‘reel’

Stills de 'No peudo vivir sin ti'. Montaje: ©Cine con Ñ
No puedo vivir sin ti cuenta la historia de Carlos (Adrián Suar), un hombre casado… con su móvil. Pese a tener una mujer (Paz Vega) y dos hijos, Carlos vive enganchado a su pantalla portátil mientras busca la forma de escalar en su trabajo, a punto de convertirse en socio de su empresa. Pero los malabares que hace y su adicción le acaban pasando factura: su mujer no aguanta más sus desplantes y su obsesión con el teléfono y lo deja. Carlos, desesperado, buscará una terapia de desenganche que le pueda devolver a su mujer.
Estrenada directamente en Netflix sin pasar por cines, No puedo vivir sin ti es una producción hispano-argentina dirigida por el español Santiago Requejo, que había conseguido muy buenos resultados con su interesante corto Votamos (2021) y antes había debutado en largo con la comedia antiedadista @buelos (2019). Ambientada en Bilbao, su «tema» es la dependencia al móvil, una adicción ya tipificada (nomofobia) y muy real en nuestras sociedades hiperconectadas.
No puedo vivir sin ti es una comedia romántica de libro, para lo bueno y para lo malo. La película va de punto A a punto B pasando por todas las paradas previas imaginables, con los puntos de ruptura y redención clásicos de cualquier película de este estilo. Requejo toca las teclas que saben que más o menos funcionan, pero la rutina está tan asentada que es imposible que destaque en el subgénero.
No puedo vivir sin ti y sin ese móvil

En la parte buena está que la película expone un tema que está de actualidad y muy insertado en nuestra realidad: la dependencia absoluta al móvil, con el normalizado secuestro de la atención y del día a día que nos supone. Además, No puedo vivir sin ti se ocupa de insertarlo en una dinámica social más amplia haciendo hincapié en la posibilidad de hacer terapia grupal para superarlo, dándole un tratamiento similar al que se da a otras adicciones, como al alcohol u otras drogas. Requejo es hábil y lo salpica todo con este contexto.
Ayuda también a hacerlo empatizable un Adrián Suar bregado en una y mil batallas de este estilo en Argentina. Aquí está más entonado que en otras películas, haciendo de su personaje alguien lo suficientemente imbécil como para resultar simpático pero también lo suficientemente humano como para no resultar odioso. Esa construcción de personaje e interpretación hace que la película, con este omnipresente protagonista, se siga sin dificultades. Paz Vega le da la réplica con soltura.
Comedia romántica para fondo de catálogo

Pero en la solución está el problema: los roles y los resortes están pulidos porque la película es un manual de pocas páginas sobre cómo hacer una comedia romántica. Todas y cada una de las situaciones imaginables que pueden estar en un filme de este estilo están aquí reunidos. Diría que no falta ni uno en el esquema de ‘presentación-nudo-desenlace’ sobre un hombre que hace algo muy mal y debe de pasar por distintas fases (no quiere, parece que sí, sale algo mal, etc.) hasta llegar a un cambio real y recuperar su vida/amor.
Además, a esta sensación de ‘ya visto’ adoquinada por el guión, en esta película se suman los peajes de producción para este tipo de películas, versión 2024: fotografía planísima y con mucha luz para verse bien en streaming de bajo brillo, intercambio de actores con algún país latinoamericano para funcionar en el mercado hispanohablante y vender localizaciones de la ciudad española de turno, sin ningún peso real en la historia, solo para venderla con motivos turísticos (en este caso, Bilbao).
Todo eso hace que la dinámica sea tan aburrida y repetitiva que, pese a que hay cosas mucho peores que esta, No puedo vivir sin ti esté destinada a ser fondo de armario inofensivo de una plataforma como Netflix, que tampoco es que se distinga por la originalidad y riesgo de su catálogo. Una película que no molesta y que incluso tiene algún punto simpático que hace que la experiencia de verla no sea ninguna tortura, pero que dura en la memoria lo mismo que el reel de aquel gatito tan gracioso que viste en Instagram esta mañana.


Arturo Tena