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Mía y Moi: Hermanos y actores

Una película sobre una dependiente relación fraternal, sostenida por unos personajes bien construidos

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Dos hermanos, Mía (Bruna Cusí) y Moi (Ricardo Gómez), se reúnen en una casa de campo familiar tras la muerte de su madre. Junto a Moi está Biel (Eneko Sagardoy), su novio. Afectados por el duelo y los traumas del pasado, los tres pasan juntos y semiaislados unos días de verano. Sobre este planteamiento base se desarrolla la película Mía y Moi, un drama íntimo que gira alrededor de las dinámicas psicológicas entre sus personajes y que, por lo general, sale bastante bien parado.

Mía y Moi, duelo filial

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La película es fiel a su título: el centro es el complejo y fuerte vínculo que existe entre Mía y Moi, forjado a fuego por una difícil infancia juntos. No sabemos qué ha ocurrido exactamente en ese pasado, pero se ven las calladas huellas de los traumas y la dependencia mutua que han desarrollado. Sobre todo se percibe conflicto en Moi, que se convierte en el polo más conflictivo del duelo filial por su delicadísima salud mental.

En un entorno aislado, con pocos escenarios y cuerpos en cámara, Mía y Moi lo fía todo a lo que ocurre esos días de verano entre sus tres -y luego cuatro- protagonistas. Borja de la Vega, que debuta como director y guionista en cine, resuelve esta apuesta construyendo pequeñas situaciones y momentos que transmiten con autenticidad la personalidad, las energías y los dolores de estos jóvenes.

El núcleo de la película está 100% dirigido a meternos en la cabeza y el corazón de los protagonistas, a percibir su ambiente y sus afectos peligrosos. Menos en algunos tramos algo perezosos en la expresión del dolor (el uso de las fotos, la huida en forma de carrera), no se derrumba: se captan de forma natural los temas de fondo -amor, violencia, toxicidad, peso del pasado…- y sientes cerca a estos personajes y el aroma a verano que desprende la fotografía. No termina de desfondar, pero mantiene la inmersión.



Una película de actores

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El estilo físico y frágil de Mía y Moi no funcionaría si las interpretaciones no transmiten lo que hay por delante y, sobre todo, por detrás de cada secuencia. En ese sentido, no es una muletilla de crítico hablar de interpretaciones en la película: son básicas en su planteamiento. Aunque el personaje más complejo es el de Ricardo Gómez, que va creciendo poco a poco, aquí brilla especialmente Bruna Cusí (Verano 1993), que hace casi palpable a una Mía contradictoria, de poca autoestima y vulnerable, pero que sabe cómo hacerse fuerte cuando cree que es necesario.

Mía y Moi es, al final, una película de actores. Borja de la Vega exprime en su beneficio lo que mejor conoce – es representante de intérpretes en la agencia Kuranda– y se ha centrado en perfilar con ellos estos personajes de carne y hueso. Ese buen trabajo en la dirección de actores también se nota en los personajes algo más secundarios de Eneko Sagardoy y Joe Manjón (Mikel), que terminan de dar profundidad al tono de la película con su propia personalidad.

Con un último tramo que, aunque pueda parecer fuera de tono, hay que aplaudir ya sólo por asumir riesgos, Mía y Moi hace pesar sus cualidades y su forma de transmitirlas. Importa menos su impostura y artificialidad emotiva, que la hay a ratos, cuando en el fondo se mantiene la coherencia y la honestidad con la forma de ser de sus protagonistas. Un interesante punto de partida como director y guionista para Borja de la Vega, que esperemos que vuelva a tener otra oportunidad en el cine para seguir creciendo.

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