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‘Maricón perdido’ y los souvenirs de otras vidas que querrías tener

La serie de Bob Pop arranca aplausos en su debut en Málaga y se desvela como una de las mejor escritas de los últimos tiempos

Maricón perdido

Disfrazarse es otra manera de decir la verdad. La máscara revela a veces aquello con la cara supuestamente auténtica, la de todos los días, no puede expresarse. La televisión en general y la ficción en particular son el mundo de la máscara, el de mantener el personaje por delante de la persona para que la rueda gire y siga habiendo trabajo. Una selva donde solo la ironía salva al inteligente. Y eso lo sabe Bob Pop, tan persona como personaje, que en Maricón perdido hace el doble tirabuzón y se muestra escondiéndose, con todos sus trucos sobre la mesa.

La Sección Málaga Premiere de este Festival de Málaga del Año del Señor de 2021, año II de la pandemia de coronavirus, lleva, a día de hoy, dos series presentadas. Una quiere ser tan natural que resulta artificial, y se llama Paraíso, porque quiere reproducir el pasado copiándolo, y así solo lo acartonas. La otra es Maricón perdido, que sabe que para reproducir una emoción genuina, a veces hay que prefabricarla, ordenarla y actualizarla. No será aquí donde lean hablar de «series del año», pero de momento la de El Terrat es la serie mejor escrita que se ha estrenado en España, país de Dios, en lo que va de este.

Porque Roberto Enríquez, alias Bob Pop, Rober en la serie, no se guarda nada, y nada es nada. Los tres primeros capítulos son el origen superheroico de su máscara, su alias, que se construye capa a capa de comedia y tragedia, las dósis justas de dolor, ternura y petardeo para tener al espectador pendiente de ese chaval gordito y maricón al que la vida no suele tratar muy bien pero que disfruta de ella como puede.

Maricón perdido y el retrato de Dorian Gray

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La armadura de Bob Pop, el comentarista irónico de política, actualidad, moda o espectáculo, surge alrededor de un niño que era feliz con su abuelo leyendo El retrato de Dorian Gray -si no fuese por las joyas, no sabríamos que el hombre del suelo es el mismo del retrato- y falsificando autógrafos de Los Pecos para hacer felices a otras niñas.

La mentira -y la ficción- para poder ser de verdad uno mismo vertebran toda la primera entrega de los tres capítulos exhibidos ayer viernes en los cines Albéniz. La proyección acabó con el respetable, es decir, la prensa seria, aplaudiendo y rozando a la ovación al guionista y creador. Le ayudó, no obstante, en esa transmisión de la verdad mentira a mentira, el sabio casting de la serie, que tiene en Candela Peña y Miguel Rellán a sus dos secundarios de lujo y en Carlos González un fantástico Rober joven, vulnerable y en construcción hacia Bob.

Quieren las fechas que se presente en sociedad en Málaga a poco más de un mes del estreno en Filmin de El Terrat. Los primeros 30, que la vamos a llamar serie por no hablar de entrevista larga, básicamente Andreu Buenafuente contándole su historia profesional, que es la de su productora, a un amigo. Buenafuente y Berto Romero, que ha asesorado en el guion en base a su experiencia en la también autoficcional Mira lo que has hecho, arroparon a Bob en Málaga. De tal manera que los comediantes, los expertos en la distancia irónica -pues es la única forma de soportar aquello que más duele-, hablan ahora «de su libro», cada uno en su serie, mostrándose vulnerables y con todos sus miedos.

Cualquier maricón pasado no fue mejor

Maricón Perdido

Por el camino Bob Pop ha justificado decisiones creativas, como la ausencia de rostro del personaje del padre, al que le pone solo la voz Carlos Bardem: «No quería volverle a mirar a la cara ni en mi ficción. Era también un ajuste de cuentas personal. Según cumplo años, me parezco más a él, y por eso me dejo barba y me pongo gafas, para no reconocer su rostro en mi» confesó el escritor. El título, sugerido por Buenafuente recuperando una expresión que usaba su abuela -«a ese del pueblo lo quiero mucho, pero es maricón perdido»- que Enríquez considera «darle la vuelta a un oprobio y convertirlo en medalla. Además el protagonista es un maricón, que soy yo, que está perdido».

Que ya que estamos, en tiempos de nostalgia e idealizaciones: la vida del joven Rober, niño o estudiante que se abre paso a empujones por la inhóspita Madrid, cabalga entre los 80 y los 90 y era, en muchos aspectos, una santa mierda. Aunque Dios, y Bob Pop, aprietan, pero no ahogan, y siempre hay alguien dispuesto a ayudar e incluso a pagar con retraso las deudas que deja la vida, seguro que hay maneras de formar el carácter y aprender a disfrutar de todo lo bueno que hay en este mundo mejores que las que le tocaron a él.

Sin reventar la serie, que no es tiempo ni lugar, digamos que hay un momento circa capítulo segundo en el que la madre de Rober le habla de souvenirs que uno se trae de otras vidas que querría tener. Vidas en las que a ella, o a él, los quieren. Por eso Rober, que no es Bob, o aún no, pero nosotros, que conocemos al personaje, jugaremos a que sí, quiere ser escritor. Y por eso luego Bob, que como el ratón Pérez, tampoco existe pero deja billetes de mil pesetas, mucho tiempo después, convierte al niño que quería ser escritor en personaje.

A falta de verla completa, de que dé el salto y llegue al público, Maricón perdido se presenta como la serie más tramposa de 2021, eso sí, pero tramposa para decir la verdad. Con la ironía, el sobreentendido, lo hortera y la nostalgia no al servicio de ser muy ingenioso, que también, ni de echar de menos la niñez, que por supuesto, sino de generar emociones genuinas y mostrar a las personas tal cual son. O como explicó Gabriel Sánchez, el joven actor que interpreta a Rober de niño: «Yo no tuve esta serie cuando la habría necesitado, hace dos o tres años, y que quien le haga falta la tenga ahora es lo que me emociona».

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