1. Entrevistas
  2. «Las agresiones sexuales siguen siendo un tema tabú»

«Las agresiones sexuales siguen siendo un tema tabú»

Lucía Forner Segarra presenta ‘Dana’, el único cortometraje de terror preseleccionado para los Goya en el que una mujer decide tomarse la justicia por su mano tras sufrir un intento de violación

lucia-forner-segarra-entrevista-cine-con-n-1

Con la temporada de premios de cine ya a pleno rendimiento, los cortometrajes en la carrera pueden ahora optar a una visibilidad extra que normalmente se les niega. Uno de ellos es Dana, uno de los 35 cortos preseleccionados para los Goya 2022 y nominado a los valencianos Premios Berlanga. Escrito y dirigido por Lucía Forner Segarra, es la única producción de terror dentro de las 15 que optan a la nominación en la categoría de Mejor cortometraje de ficción.

La película, de 18 minutos y protagonizada por Thais Blume, cuenta la historia de una mujer que sufre un intento de violación y cómo este suceso supone un antes y un después en su vida. Desde Elche, Forner Segarra se conecta vía Zoom para hablar con Cine con Ñ sobre las difíciles vivencias personales a partir de las cuales nació Dana (con ligeros spoilers), de la representación de la mujer en el cine de rape and revenge o de la imposibilidad de vivir del audiovisual haciendo solo cortometrajes.

El hilo inicial de Dana, el de una mujer a la que agreden en la calle, es una situación difícil. ¿Cómo se llegó a ese punto de partida?

Fue por una vivencia personal: una persona me atacó en la calle con la intención de violarme. Lo hizo con técnicas de estrangulamiento, como sale en el corto, y hubo una lucha, que fue bastante desagradable. Conseguí liberarme, pero en el momento en que estaba luchando me sorprendió que estaba buscando algo para matarle. Algo que en el momento no piensas, porque en el momento lo que lo quería es que no siguiera. Esa persona llevaba los pantalones desabrochados y a los segundos estaba estrangulándome.

Es una de las primeras secuencias de Dana.

Sí, la secuencia es tal cual. Él me decía ‘cállate, puta’. Era bastante desagradable la situación: con los pantalos desabrochados, estrangulándote y diciéndote esa frase. Obviamente ahí te entra el pánico, el mayor pánico que creo que compartimos todas las mujeres: la violación. Lo tuve muy presente, y de pronto estaba buscando algo para atacarle. Me sorprendió esa sensación de tener ese instinto de búsqueda con la intención de matar a alguien, una sensación que nunca había tenido, claro.

¿La sensación aparece por pura superviviencia?

Sí, creo que es supervivencia. En ese momento no sientes dolor, tienes una adrenalina muy fuerte y no notas ni la sangre ni las heridas, no notas nada. Solamente tienes claro que no quieres estar ahí y que quieres luchar, como si tuvieras más fuerzas. Era raro. Recuerdo que estaba mirando las ventanas, veía luces encendidas, pero nadie me oía. Recuerdo esa angustia, de estar viendo las luces y que nadie se acercara. Era una zona muy tranquila y residencial.

Yo llevaba una bufanda, por lo que no pudo estrangularme ni dejarme inconsciente. En un determinado momento se hartó de apretar, me soltó el brazo y me tiró. Al caer al suelo, me di la vuelta y le di una patada. De repente sabía defensa personal, dándole una patada a una persona que nunca me hubiera imaginado que podía dar. Creo que no te das cuenta de la fuerza que tienes, de lo que eres capaz de hacer, hasta que se activa una situación límite.

«Me pareció que no era tan descabellado plantear una situación en la que una persona común se pudiera tomar la justicia por su mano en una circunstancia como esa».

¿Cómo asimilaste la situación y pensaste que ahí había una historia que querías contar?

Fue una combinación de elementos. Estaba ya interesada de por sí en la situación de los violadores convictos, las penas que les ponían y cómo salían de la cárcel. En realidad, este tipo de violaciones, las callejeras de desconocidos, son el 30%. La gran mayoría suceden en el entorno cercano o familiar. De las que hablo en Dana son la cara visible, las más denunciadas, que aún así no se denuncian todas ellas. En los medios ves los casos de las personas que reinciden, de los psicópatas sexuales y de aquellos que lo hacen sistemáticamente. Ahí es más difícil la reinserción. Investigando para el corto vi vídeos de violadores que aseguraban que no estaban preparados para salir a la calle, y se les soltaba porque ya no se les podía tener más.

Más particularmente, hubo un caso que me produjo mucha impresión. Pasó en Orihuela (Alicante). Una persona violó a una adolescente y cuando lo soltaron a los dos o tres años, la madre de la chica se lo encontró en el bar del pueblo. El violador le preguntó, mofándose, que cómo estaba su hija. La madre perdió la noción de la realidad, compró un bidón en una gasolinera, se lo roció encima, lo prendió y lo mató. Me llamó la atención cómo actuaba la gente que comentaba el suceso en el entorno. «Yo habría hecho lo mismo», se repetía. Si has violado a mi hija y te vas a burlar… Es fácil que se pierdan los papeles si alguien se burla de un hecho tan grave, si se reincide. Me pareció que no era tan descabellado plantear una situación en la que una persona común se pudiera tomar la justicia por su mano en una circunstancia como esa.

"Las agresiones sexuales siguen siendo un tema tabú" 1
Still de ‘Dana

¿Fue entonces la mezcla de tu caso y la investigación en torno al asunto?

Tampoco hay que investigar mucho: hay tantos y tantos casos… te llega. No quiero nombrar más casos concretos, pero basta con estar pendiente. Está bien que se hable, que no se quede en ese silencio y que se haga explícito, por eso es tan importante que las chicas denuncien. Las mujeres trans son las que más violencia sufren.

Y hablamos de los casos que finalmente se denuncian y aparecen en los medios, no de los muchísimos que finalmente no llegan, por un motivo o por otro.

Sí, en ese sentido, lo que me soprendió con Dana es el proceso de sinceridad que se abrió a partir de ver el corto. No era consciente de cuántas agresiones sexuales se habían producido a mi alrededor, también de gente desconocida. Siguen siendo un tema tabú. Por muy amigo que seas, es un tema que da palo, que no es agradable. No lo hablas mientras te pides un café, no surge fácilmente. Y cuando sí surge igual no lo quieres contar porque te sientes mal. Yo tampoco contaba lo del ataque muchas veces, era una cosa que me hacía sentir mal.

¿Cómo lidiaste con esa experiencia tan difícil mientras hacías el corto y después de hacerlo?

Fue revivirlo. Cuando lo estaba escribiendo, lo estaba reviviendo al detalle, así que me salía a la calle o a la terraza a llorar un rato. Y pensaba que había vivido una catarsis y que eso estaba superado. Pero en el rodaje también lloré. En la secuencia del ataque se me encogió el corazón, y en toda la parte traumática de Diana había escenas que fueron duras. Luego en el montaje también lloras, y cuando lo ves hecho también. Ha llegado un momento que ya no lloro cuando lo veo, lo he normalizado, pero si me tiro mucho tiempo sin verlo y me pongo a ello, vuelve ese nudo en la garganta. Thais es que lo hace muy bien.

Fue duro. Nunca había hecho algo personal, y eso que Dana no es obviamente al 100% personal. Aunque tampoco quise caer en el drama, ni recrearme en la violación al hacerlo. Eso se entiende ya, no hace falta subrayarlo para el espectador. Es una cuestión dramática, pero si se hace con respeto puede tener hasta sus puntos de humor, como sale en el corto en las partes de venganza.

El tema llevado al cine tiene hasta un subgénero explotation, el rape and revenge, que en los últimos años parece haberse reinterpretado un poco con películas como Revenge (Coralie Fargeat, 2017) o Una joven prometedora (Emerald Fennell, 2020), que, desde una mirada femenina, rompen con esa tendencia de erotizar o fetichizar las violaciones. Dana también establece una distancia. ¿Cómo se inserta el corto en esta tradición?

Yo había evitado ver este tipo de películas porque no me gusta ver violaciones en pantalla. Precisamente por esto, porque incluso cuando la mujer es la protagonista, cuando la van a violar o la están violando hay una sexualización de la violencia que me pone muy nerviosa. Cuando escribí y rodé el corto, me decían que pertenecía al subgénero. No lo hice conscientemente, pero es verdad. Fue entonces cuando empecé a ver las películas que no había visto y me reafirmé en lo que no quería hacer. Buscaba una mirada diferente, más empática con la víctima, que no sexualizara.

Pienso también que esa mirada es muchas veces inconsciente, no creo que el director quiera hacer una semiporno. Pero también como en el cine pornográfico se suele recurrir a la violación como algo excitante creo que eso luego se traduce en una mala toma de decisiones a la hora de ponerlo en escena en otro tipo de producciones. Si la protagonista es la atacada, no puede haber un plano bonito de rotura de bragas o similar. Si el punto de vista es el del violador, pues sí que necesito ese punto de vista. Tampoco creo que sea necesario colocar violaciones que duren 8 o 10 minutos.

"Las agresiones sexuales siguen siendo un tema tabú" 2

La polémica de Irreversible (Gaspar Noé, 2002) y su violación de 9 minutos.

Irreversible me cortó la digestión literalmente. Cada uno que haga lo que quiera, tiene que haber esa libertad, pero también deberíamos de tener otros puntos de vista.

Aún así, el corto sí que presenta violencia, al más puro estilo del terror. También es algo que ya habías tocado en Marta, que también presentaba a una mujer fascinada por la muerte. ¿Qué te interesa del género?


Dana es abiertamente de género, está todo escrito y pensado para que haya sangre. Aunque veo y sigo todo tipo de géneros cinematográficos, soy una gran aficionada al terror y al género, me gusta mucho desde siempre. Hay muchos directores del género que me encantan e intento ir todos los años a festivales como Sitges, al que llevo yendo desde 2006. Estoy fascinada con el Festival y con el ambiente que se vive allí. Marta lo escribí precisamente tras 10 días en Sitges. Después de ver mucho cine de terror, puede ser que llegues a pensar que pueden pasar cosas que no pensarías si no hubieras visto tantas películas seguidas con esa violencia. Me dio la sensación que alguien que no está en sus cabales y no interpreta bien la representación, podría pensar que matar mola. Es que en Sitges la gente aplaude cuando matan a alguien. Dana levantó aplausos.

Me parecía interesante mezclar la fascinación por la muerte a través de las peliculas de terror con el tema de la representación femenina en el cine. Pensé que era divertido hacer una película de una mujer que mata y lucha por la igualdad entre los asesinos en serie. Siempre con humor negro. No lo hago conscientemente, pero me gusta ver a chicas matando en pantalla. Son los personajes que me hubiera gustado ver como espectadora.

«Me encanta el formato del corto, pero es muy precario, una pérdida de dinero constante»

¿Está cambiando esa representación de las mujeres en el cine fantástico a través de las miradas de directoras?

Más que de que sean hombres o mujeres, diría que depende más de la sensibilidad. Una mujer puede hacer una película machista. Sí que es verdad que quizá una mujer empatice más en la violencia sobre la mujer, porque no es que te lo hayan contado, es que lo has vivido tú o tu entorno muy cercano. Es raro que una mujer no haya vivido alguna agresión sexual, ya no hablo de violaciones, sino de cualquier tipo de violencia, verbal o física, en la calle.

¿Te interesaría seguir esa senda del género en próximos trabajos?

Sí, será lo que se me ocurra, y por ahora se me ocurren estas historias. Mi padre está un poco preocupado con el tema (risas). Me sale, me divierte. El humor negro me encanta y me siento muy cómoda, me gustaría seguir por ese camino. Igual vuelvo a hacer una comedia romántica (mi primer corto es una comedia romántica), no lo sé, pero el largo que tengo escrito y las historias que vengo preparando es todo de género. Aunque no digo que no a que me pueda surgir en el futuro, por ejemplo, un drama intimista. Me encanta verlos, tengo todo tipo de referentes, me encanta el cine en general, adoro todo tipo de géneros. Pero es verdad que la influencia de Sitges es grande.

¿Habrá un largo pronto entonces?

Ojalá, a ver si lo conseguimos levantar. Es un deseo también por necesidad, porque de los cortos no se puede vivir. Me encanta el formato, pero es muy precario, una pérdida de dinero constante. Hay que acudir a las ayudas o a los premios para simplemente no tener pérdidas. Hasta que no se haga esa fórmula de poner un corto antes de un largo, no hay posibilidades comerciales reales. Independientemente de si llevas 2 o 20 años haciendo cine, hay historias que funcionan o para un relato largo o para un relato corto. Hay cosas que no funcionan intercambiándolas y debe de tener cada una su espacio. Por eso no entiendo por qué el corto tiene que estar relegado a ser una pérdida económica siempre. Es un formato precioso.

Decía Chema García Ibarra en una entrevista que intentaba no utilizar la palabra cortometraje y hablar simplemente de películas en general.

Sí, se dice el ‘salto al largo’. Salto más que nada porque vas a cobrar. En realidad es súper difícil hacer un buen corto, complicadísimo explicar una historia con ese tiempo, y que funcione y que tenga los códigos que necesitas.

Foto de portada: Lucía Forner Segarra – Suría Comunicación
Menú