1. Entrevistas
  2. «Ya hay tres generaciones que han compartido las crisis que hemos tenido»

«Ya hay tres generaciones que han compartido las crisis que hemos tenido»

Luc Knowles estrena en cines ‘Libélulas’, su primer largometraje como director premiado en el Festival de Málaga

"Ya hay tres generaciones que han compartido las crisis que hemos tenido" 1

Lo repite en las entrevistas y se le nota hasta en la forma de hablar: Luc Knowles, de origen español e inglés, es un realizador muy sensible al líquido audiovisual de nuestro tiempo. Formado en la publicidad, Knowles asimila con naturalidad esa mezcla de estilos, que van desde el videoclip hasta la inmediatez del smartphone, porque están todos en su primer largometraje como director, Libélulas, una de las sensaciones indies de la temporada del cine español del 2022.

Tras salir del Festival de Málaga (Zonazine) con dos premios, uno para su dupla protagonista (Milena Simt y Olivia Baglivi) y uno del Público, Knowles está contento y confiado en las posibilidades de la película para su estreno el 16 de septiembre en cines. Con esas buenas vibraciones se sienta el director a hablar con Cine con Ñ. Suave y preciso, Luc Knowles desentraña algunas de las claves de su ópera prima, desde su voluntad de no localizarla en ningún lugar hasta las razones de sus códigos cinematográficos y musicales.

La película no tiene una ubicación concreta. Es una apuesta un poco a la contra de una tendencia en el cine español contemporáneo de hacer muy visible desde dónde se cuentan las historias: hiperlocalizar y darles un revestimiento muy local. ¿Por que se tomó esa decisión?

Pues fue totalmente aposta. Siempre con el director de fotografía decimos lo mismo: el tono, lo que sucede, los personajes… todo es muy español, pero en cambio queríamos que visualmente fuese extrapolable a cualquier extrarradio de cualquier ciudad, de cualquier país del mundo. Por pura empatía con el público. Por otro lado esto es de verdad; la sierra de Madrid existe y estos callejones son reales. Si vas a ciertos lugares de Madrid y en vez de mirar a la derecha miras a la izquierda, están allí. Simplemente hemos puesto el ojo donde creo que hasta ahora no se había puesto tanto.

Esto es lo que quizá más sorprenda de las localizaciones, esa parte de pensar que estos lugares están efectivamente en Madrid pero podrían estar, quizá, en San Diego (Estados Unidos).

Sí, aprovechando el contexto de la sierra de Madrid, hemos jugado un poco a ese Madrid no tan conocido. Pero a la hora de contextualizar, de ubicar, buscaba otra cosa. Me acuerdo cuando lo escribí en algún momento, en alguna revisión, alguno me decía «es que dicen mucho mazo», que es muy de Madrid, y yo les decía «es que quiero que sea de aquí». Otra cosa que igual no es el aquí que todo es conocemos de otras películas, es un aquí diferente.

En los temas del filme sí que se puede identificar temas o problemas que tocan de cerca a los españoles, como puede ser el de los problemas de los jóvenes.

Sí, justo de nuestra generaciones. Una arriba u otra abajo, pero hay tres generaciones ya que han compartido las crisis que hemos tenido o la incertidumbre laboral que había, que hay y que tiene pinta que va a haber próximamente. Son problemas con los que todo el mundo empatizamos, independientemente de la situación socioeconómica en la que hayas nacido o en la que te encuentres ahora mismo.

¿Cómo se aterriza la historia de personajes en ese contexto, que tiene tanto de temas cercanos como de aspecto universal?

Ahí creo que el proceso es al revés. Primero he tenido la historia y luego lo aterrizo en este contexto. Pero lo que yo quería contar era una historia de sentimientos y valores universales. Lo he hecho a través de la amistad, que me parece además muy interesante y muy bonito. Es verdad que en Libélulas hay diferentes vínculos entre personajes y hay amor en todas sus vertientes (madre e hija, de sobrina a su tía, de hijas a madres y padres…), pero quería centrar la película sobre todo en la amistad.

Con la amistad es con lo que unánimemente todos empatizamos, conectamos y nos volcamos al mil por mil con ello. Independientemente de tu sexo, de dónde estás ubicado o de cómo sea tu vida, sí que se establece una conexión fuerte a través de esos lazos de afinidad y de vivencias compartidas, como esos recuerdos de juventud en la que todo explota y lo vives todo de forma muy loca. Todo eso ocurre tanto para una amistad que mantienes para toda la vida como, otras veces, solo te pasa en esa etapa en concreto que estás viviendo. Pero pasa.

En ese sentido, las dos amigas protagonistas tienen una pulsión compartida de huida, de encontrar una salida de dóndeo están.

Sí, ellas están minadas de obstáculos, tanto de su propio pasado como por el hecho de haber nacido en una ubicación con bastantes limitaciones, con un futuro que no se prevé muy idílico. De ahí salen las ganas de superación y de mejora. En este caso pasa por salir de ahí, para intentar no repetir los errores que la historia reciente de tu propia familia, tus amigos y tu entorno están dando y querer salir de eso, querer mejorar. Hay una de ellas que de repente encuentra un par de herramientas con las que parece ser que sí, que va poder conseguirlo.

«Me llegó la posibilidad de hacerlo todo en steadicam, y era lo último que me hubiera gustado hacer»

Hablemos del tratamiento cinematográfico de la película. ¿Cómo ha influenciado tu experiencia en publicidad en las imágenes del filme?

Por un lado, creo que me nutro de todos los códigos audiovisuales que han llegado a nuestra generación. Hay un fuerte estímulo publicitario, pero también los hay del scroll down o de la cámara de los móviles, tanto los de antes en los que vibraba la imagen como los de ahora que parecen steadicams. Venimos de una cultura potente y muy centrada en el audiovisual, en el videoclip, pero también de todas la películas, documentales y libros que pueden habernos impactado.

Lo que creo que he hecho es confluir todos estos códigos con los que he crecido y coger lo que lo que más me haya apasionado e intentar hacerlo fluir en la historia que quería contar. Creo que recojo un poco todo esto y, por supuesto, las tablas de hacer publicidad están ahí, la libertad creativa y sin complejos de los videoclips están ahí, pero también el cine clásico. Creo que ahí está el recoger los códigos de nuestra generación que tenemos incorporados y lanzarse a ellos sin miedo.

La mezcla está ya incorporada antes de rodar.

Sí, me acuerdo que nunca pensé en hacerlo de otra manera. Me llegó la posibilidad de hacerlo todo en steadicam, y era lo último que me hubiera gustado hacer. Me apetecía que fuera una película con un tono muy veraz y para ello quería acercarme a una sensación casi documental o que te lo podrías llevar actualmente a los vídeos que te mandas por WhatsApp con los colegas, que son casi un robado. El reto era funcionar con esa cámara muy marcada en mano, con objetivos angulares muy cerca de los personajes, como si la cámara fuera uno más, en aras de transmitir esa verdad. Y estoy muy contento con lo que hemos conseguido, creo que lo hemos logrado.

A partir de la mención al videoclip: la película parece tener una fuerte conexión con la música. ¿Qué canciones escuchabas al hacerla y qué música te evoca a ti al hacerla?

Cuando escribo es verdad que me pongo mucho Leonard Cohen, con Libélulas me gustaba escucharlo y encajaba con cierto tono triste. En cuanto a la película en sí, la música tuvo un trabajo fuerte, queríamos que tuviera mucha presencia. En estos códigos actuales que hablamos, la música está casi siempre ahí: 5 de cada 10 personas por la calle van escuchando música con los cascos. También queríamos que hubiera un contrapunto entre una música electrónica muy dura con música urbana actual. Desde el rap, pasando por ritmos más tranquilos, hasta el techo más duro de beat de Indira Paganotto.

En cuanto a la banda sonora original, he trabajado muy mano a mano con John Vermont, autor de cinco de los temas ad hoc para la película. Hemos intentando que la música transmitiese esa nostalgia melancólica de pasártelo bien una noche mítica con tus amigos o de un dolor muy intenso que sentiste por alguna razón. Queriamos trabajar la música desde el guion.

«A la puerta están llamando y me están preguntado qué estoy haciendo»

¿Cuánto tiene de vuelo de libélula, frágil y en busca de equilibrio, hacer una película independiente en España?

Creo que es siempre toda una aventura. Para mí ha sido un viajazo, un reto, una alegría y un sufrir. Hasta que de repente todo empieza a funcionar, te dicen que les encanta lo que has escrito, te dan luz verde, encuentran el dinero, aparece un casting increíble… la aparición de Milena, que recién terminada con Almodóvar dice «voy a por ello, lo hago», y ahí notas que el proyecto va a coger otras dimensiones.

Luego la ruedas, la terminas y estás contento con ella. Es seleccionada en Málaga y vemos que no solo somos nosotros, sino que es avalada por la crítica y la prensa. Salimos de ahí con premios, hacemos un pequeño recorrido por otros festivales muy positivo, porque ya sabíamos que queríamos estrenar en estas fechas y no había tiempo para más. La película se ha posicionado muy bien, oyes tu nombre entre los de compañeros y compañeras a los que admiras… no hay peros. Todo es bueno.

¿Ese impulso lleva a hacer otra película pronto?

Sin duda. Escribirla la estoy escribiendo. Y lo bueno es que a la puerta están llamando y me están preguntado qué estoy haciendo. Estoy muy contento con la sensación de la primera porque la pregunta siguiente es cuándo hay una segunda. Tengo una historia, muchísimos apuntes, notas y ahora estoy un poco aterrizándola y dándole la forma final antes de sentarme a dialogarla. De hecho estoy justo en eso, esperando para estrenar Libélulas e irme a un retiro y no tener más plan que escribir, que me hace falta. Con muchas ganas.

Hay un mantra en España que es casi más complicado hacer la segunda película que la primera.

Sí, aunque yo sinceramente tengo mucha fe. Lo veo bien. No sé qué sucederá, pero estoy tranquilo, haciendo lo que me toca, que es escribir la segunda. Llamaremos y llamarán a las puertas que hagan falta, y va a suceder. Espero.

Imagen de portada: Luc Knowles en el Festival Lo Que Viene 2022 – Begin Again Films

Menú