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Críticas

Los últimos románticos: Los vínculos que no existen

Arriesgada e imaginativa, desesperanzada y cálida, la nueva película de David Pérez Sañudo ('Ane') sobre la ausencia es un rotundo paso adelante
<strong>Los últimos románticos</strong>: Los vínculos que no existen 2

Los últimos románticos (Azken Erromantikoak) se acerca a la vida de Irune (Miren Gaztañaga), una mujer alejada de todo y de todos que vive en un pequeño pueblo industrial en el País Vasco. Trabaja en una fábrica de papel y solo tiene relación real con una vecina, de la que se preocupa por su complicada relación con su hijo. La otra, no se sabe si real o imaginada, es con un operador de Renfe con el que habla sin terminar de coger ningún tren que le consulta. De repente, una posible enfermedad agita su rutina.

Segunda película en largo como director de David Pérez Sañudo después de Ane (2020), esa búsqueda de una hija que consagró a Patricia López Arnaiz (Goya a Mejor Actriz), nos descubrió a Jone Laspiur (Goya a Mejor Actriz Revelación) y permitió a dos debutantes como Sañudo y Marina Parés ser valorados por lo maduro de su escritura (Mejor Guión Adaptado). Ahora ambos acometen la misión de hacer su propia versión de la novela homónima de Txani Rodríguez en esta notable película marcada otra vez por la ausencia.

<strong>Los últimos románticos</strong>: Los vínculos que no existen 1

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Arturo Tena

Arturo Tena

Graduado en Periodismo por la Universidad Carlos III de Madrid. Escribe crítica y análisis de cine desde 2010 y es socio de ACCEC (Associació Catalana de la Crítica i l'Escriptura Cinematogràfica). Después de trabajar en CTXT, desde 2018 dirige el medio especializado Cine con Ñ.