Películas españolas 2026
‘Las tierras del cielo’: bello elogio de la conversación con letra francesa y sombras japonesas

Una película japonesa imaginaria, inspirada en la obra de Mikio Naruse (y, más concretamente, de su largometraje Madre), se convierte en el centro de Las tierras del cielo. Esta muestra de cine de autor delicado, rodado con equipo mínimo, se ha estrenado en el D’A Film Festival 2023. Su director es Pablo García Canga, un cineasta rodado en las distancias breves del cortometraje y también ensayista en la órbita del colectivo Lumiére.
El realizador madrileño encadena cinco conversaciones nocturnas que giran alrededor de ese supuesto filme que ha impactado a los diversos personajes: parten de la figura de un panadero-poeta, enamorado sin saberlo, en un pueblecito en el Japón aturdido por la II Guerra Mundial y su final. A partir de algunos detalles sobre la obra, los personajes de ‘Las tierra del cielo’ van desarrollando su amor al cine, amor a la misma idea del amor… y también al arte de compartir ideas y comunicarse a través de la palabra.
García Canga acomete una estetización de ese tipo de conversaciones íntimas que todos habremos tenido alguna vez, a menudo en plena noche, cuando el mundo alrededor ha ralentizado su ritmo y ha reducido su ruido hasta permitirnos conversar. Cuando renunciamos a nuestras máscaras sociales, o estas se resquebrajan a causa del cansancio del día, quizá porque estamos más cerca de ese momento vulnerable del sueño. El resultado es una auténtica preciosidad. Y la duración ajustada facilita que esta apuesta minimalista pueda ser bien acogida sin necesidad de más dopajes dramáticos.
Letra afrancesada y música nipona

Podría resumirse la propuesta de García Canga diciendo que se aparta de la lógica bigger than life del cine espectacular para intentar llevar a cabo una especie de antología de la vida íntima. Un cine que funciona a través de la destilación de lo pequeño, en lugar de hacerlo desde la acumulación. Las tierras del cielo se compone solamente de charlas de amistades, de parejas, de posibles amantes (o no) al otro lado del teléfono.
El criterio de selección implica que podamos calificar el resultado como un tanto artificioso. Los personajes acostumbran a ser un poco poetas y un poco filósofos, versiones quizá mejoradas de nosotros. Pero el artificio se reduce a la construcción poética de un clima, de un tono. García Canga no lo lleva más allá y renuncia, por ejemplo, a intercalar fragmentos de unas y otras conversaciones para componer un puzle ingenioso de palabras cruzadas. Quizá porque eso desvirtuaría el elogio implícito de la conversación.
Esta letra puede sonar afrancesada y evocar las películas de aquel Godard de juventud (o no tanto) que ponía frases certeras y sugerentes en labios de personajes que vivían amores tan apasionados como sesudos. Los ritmos de la película, en cambio, conjuran una cierta armonía que remite a alguno orfebres del cine clásico japonés. Dominan los planos sostenidos de rostros hablando y escuchando, pero las imágenes de los espacios en los que estos se encuentran pueden recordar, por su depuración y precisión, a la poetización de lo cotidiano propia de los pillow shots de Yasujiro Ozu (a quien García Canga dedicó un ensayo).
Armonías de Shiba, o de Tokio, en Las tierras del cielo

Vivimos un contexto de rodajes acometidos con múltiples cámaras rodando simultáneamente, apenas puestas en orden a través de montajes que pueden llegar a parecer movidos por el azar, o por una funcionalidad despreocupada por el detalle. En contraste, García Canga y su equipo reducido proyectan todo lo contrario en Las tierras del cielo: elecciones cuidadosas y trabajo concienzudo. Y ese intento de precisión, quizá, a la manera de Ozu.
Por el camino, emergen algunas tensiones conceptuales. La película parece un elogio del amor (y de la creación artística), pero no todos los personajes se mueven en absoluta sintonía. Un personaje ve en el enamoramiento un tiempo de obsesión que le encierra en su amor y en (en el mejor de los casos) en la persona destinataria de este. “La vida de verdad es todo lo otro, lo que no es el amor”, dice. Quizá lo dice porque se centra en el amor romántico, cuando existen todos los demás. Como especula otro personaje, quizá lo más bonito sería amar a todo el mundo.
Imágenes: Las tierra del cielo – D’A Film Festival 2023


Ignasi Franch