Críticas
Las novias del sur: Carta de una hija a su madre

Fotograma de 'Las novias del sur'. Montaje: ©Cine con Ñ
Un torbellino de preguntas se arremolina debajo de una fotografía de una novia en el día de su boda. Con Las novias del sur, Elena López Riera regresó a Cannes, donde participó en la Semana de la Crítica, para interrogarse por la figura, quizá obsoleta, de la novia. Para cuestionar, desde un anhelo muy íntimo, por su halo romántico y su cruda realidad. ¿De qué manera el matrimonio marcó la vida de las mujeres que vivieron todo eso antes que nosotras? ¿Qué ha significado ese rito de paso, que también supuso en su momento el despertar sexual de muchas jóvenes?
Entre el formato epistolar, la investigación sociológica y la película de archivo, en Las novias del sur López Riera abandona ese naturalismo que había inundado sus trabajos anteriores —tanto sus cortos Pueblo, Las vísceras y Los que desean, como su largo El agua— para regresar, eso sí, a ese suroeste peninsular escenario de su trayectoria y escudriñar en poco menos de 40 minutos aquello que no sabemos de esas abuelas, madres, esposas y mujeres. Entre ellas, la progenitora de la cineasta.
El tiempo de las novias del sur
«Soy más vieja que ella el día que la desvirgaron», recita la cineasta en off en el prólogo de Las novias del sur mientras vemos en pantalla la foto de su madre en el día de su boda. El tiempo, que lo atraviesa todo, moldea asimismo el nuevo cortometraje de Rivera. Más bien, las marcas del tiempo, sus ritos de paso y rutinas, puestas en escena tanto por las mujeres entrevistadas como por esa imagen materna ausente a la que López Riera interpela, buscándola en todas las novias que ha reunido.
El trabajo, así las cosas, se pregunta por el lugar del matrimonio en la trayectoria vital de la mujer, tanto en aquellas mujeres que han pasado por el altar como en las que no piensan pisarlo. Como la propia cineasta, ya que desde los primeros compases, desde su presencia en off, deja claro que la suya, la experiencia del deseo de la mujer del siglo XXI, se parece poco, en apariencia, a la de entonces.
Niñas, mujeres, madres
Los testimonios que reúne López Riera son claves para comprender ese antes y después de la experiencia afectiva y sexual de las mujeres que escudriña la cineasta alicantina. Algunas declaraciones a cámara son estremecedoras y concluyentes: «Con 20 años eres como una niña de 10». «Fue el mayor error de mi vida». «En treinta años nunca me gustó hacer el amor». «Le traje la honradez a mi madre». «Me gustó, pues ‘palante’».
Ese aspecto sociológico de Las novias del sur ayuda a comprender cómo muchas mujeres moldearon su vida reducidas a la institución del matrimonio y al rol asociado, a sus valores, a sus modelos de conducta. Los afectos y caricias, el vestir de blanco, los nervios de la ceremonia, las frustraciones o los hijos, de este modo, se repiten en las experiencias de todas ellas, ayudando a modelar una cierta idea de ser mujer. Tan iguales y tan distintas.

Las novias espectrales
Hay momentos en Las novias del sur en que las novias que muestras las imágenes de archivo parecen espectros. De blanco, con la cara tapada, rígidas y como manteniéndose a flote, el efecto repetitivo de las sucesivas imágenes de bodas posee un efecto fantasmagórico, que invita, precisamente, a preguntarse por el significado de ese acto simbólico ligado a la feminidad.
Aunque las salidas de tono de algunas entrevistadas puntean de humor la propuesta, López Riera ha firmado una pieza cargada de melancolía. Por el pasado, pero también por todo aquello que jamás va a poder existir. «Cómo decirle [a mi madre] que de todo lo que me enseñó solo me queda el futuro», se interroga al principio de la película. «Una hija vieja no hace hijos», reflexiona. Conmovedora en su honesta vulnerabilidad, Las novias del sur es también un espejo en el que López Riera se observa. El resultado, un precioso tratado y homenaje a quienes allanaron nuestro camino.

Paula Arantzazu Ruiz


