Críticas
La llegenda de l’Escanyapobres: Avaricias decimonónicas a caballo entre el wéstern y el cine negro

Fotogramas de 'La llegende de l'Escanyapobres'. Montaje: ©Cine con Ñ
Adaptación de una novela del escritor Narcís Oller (La fiebre del oro), La llegenda de l’Escanyapobres (la leyenda del ‘estrangulapobres’) trata de Oleguer (Alex Brendemühl), un cobrador de deudas. El apoyo despectivo que este recibe hace referencia a su gusto por el estrangulamiento (literal y metafórico) de quienes deben dinero a su patrón. Cuando toma posesión de una granja familiar para asegurar el pago de un crédito, entra en contacto con la joven Cileta, que abre la posibilidad de una trama romántica y de redenciones posibles.
El protagonismo compartido de ambos personajes sirve para oxigenar moderadamente una película donde se cultivan atmósferas opresivas matizadas por distensiones paisajísticas de Sol y aire libre. El realizador Ibai Abad (La chica de la canción) escenifica juegos de poder en los que el protagonista pontifica lacónicamente a sus deudores sobre las virtudes del trabajo duro y el emprendimiento. Y filma una pasión por el dinero casi erotizada: los prestamistas cuentan monedas antes de ir a dormir, se acuestan con ellas… y las integran en sus fugaces juegos sexuales, de importancia secundaria en comparación con la pasión que mueve el relato: la avaricia.
Los trabajos actorales facilitan que el núcleo de la película, su naturaleza de drama histórico, adquiera solidez. Los guiños a géneros pop como el wéstern o el cine negro pueden potenciar el atractivo de una propuesta que no termina de encajar cuando sus responsables intentan expansiones más esteticistas o expresionistas. La crítica hacia el apego al dinero, en todo caso, sigue resultando tan oportuna como en el momento de escritura del libro. Si dicen que la pluma es más poderosa que la espada, La llegenda de l’Escanyapobres escenifica que una escritura notarial vence a una escopeta. Durante un tiempo, al menos.

Ignasi Franch