Suscríbete Iniciar sesión

Críticas | Netflix

La huella del mal: Thriller de la prehistoria

Policíaco rutinario y sin chispa ambientado en Atapuerca, con pocas ideas originales y demasiada fórmula
Crítica de 'La huella del mal'

La huella del mal arranca con la aparición de una joven asesinada en el sitio arqueológico de Atapuerca, durante una visita guiada. De la investigación se encargarán una inspectora de la Policía, Silvia Guzmán (Blanca Suárez), y un antiguo miembro del cuerpo que vuelve como asesor, Daniel Velarde (Daniel Grao), entre ellos enemistados por un caso del pasado, muy similar a este. Ahora deberán colaborar para tratar de descubrir la verdad sobre una muerte con cada vez más incógnitas.

Manuel Ríos San Martín adapta su propia novela en este policíaco que, por primera vez en cine, nos deja ver el yacimiento de Atapuerca por dentro. La zona donde se encontraron los restos de seres humanos más antiguos de la península Ibérica se mete de lleno en la trama de esta investigación criminal para reflexionar sobre las supuestas verdaderas esencias de la naturaleza humana, que en la película conectan el pasado prehistórico con el presente de Guzmán y Velarde.

La huella del mal es, cuando mejor está, un thriller rutinario, uno de esos lugares seguros que sirven para desconectar. La película se sostiene por ahí gracias a una trama sin florituras, que va a lo que va, sin contemplaciones cuando toca avanzar en la investigación. Por el resto, es una película sin mucho interés. Todas sus decisiones, desde lo formal hasta los giros de guión, son las más básicas de todo el abanico que tenían a su disposición, tirando siempre del cliché más clásico del género y el golpe de efecto más facilón. Su reflexión de fondo sobre la humanidad, verbalizada hasta el último segundo, es superflua.

Dijiste que thriller

<strong>La huella del mal</strong>: Thriller de la prehistoria 1
©Lucía Carballada

La huella del mal se nota que se encalla primero con su referencia literaria. Ya sea porque Ríos San Martín estaba demasiado pegado a su propio texto o porque no han sabido cómo adaptarlo, lo que se ve en pantalla es una colección de lo que no hay que hacer cuando estás contando una historia en una película. Primero, porque hay demasiadas circunstancias —todos ellas más vistas que el tebeo— para su personaje principal femenino: debate sobre si quiere ser madre o no, pasado traumático, novio inoportuno (al pobre Pablo Rivero se lo ventilan en dos secuencias), tensión sexual con Velarde… una colección de circunstancias que, mientras estás investigando un crimen, acaban por pintar poco o nada.

Por mucho esfuerzo que le ponga Suárez en poner caras para darle espesor al personaje y San Martín en recuperar algunas de estas ideas a lo largo de la historia, en la película está todo acumulado sin mucho sentido, ni para la progresión dramática ni en relación con la investigación del crimen. Quizá en el texto era diferente, con más espacio para asentar al personaje y sus circunstancias, pero en La huella del mal, la película, se ve todo atropellado y a bandazos. Y si tu protagonista no funciona, el resto va detrás a remolque.

Esto nos lleva al otro gran problema de la película, que es que, más allá de tres o cuatro secuencias de «acción» contadas, todo el resto de la investigación y el desarrollo criminal se resuelve a partir de lo que cuentan continuamente los personajes. Si todo el trasvase de información sobre el caso, los giros, las explicaciones, ¡hasta el mensaje!, lo tienes que solucionar en un diálogo («hemos encontrado esto», «ha pasado lo otro», «a ti lo que te pasa es esta cosa») es que es simplemente mala escritura para cine. En un libro quizá pueda tener otras derivaciones, pero en película hay que querer contar algo con las imágenes que vaya más allá de soluciones de telefime de media tarde (esos planos cenitales…).

La huella del mal por querer trascender

<strong>La huella del mal</strong>: Thriller de la prehistoria 2
©Lucía Carballada

Pero lo peor de La huella del mal ya no es solo que hayan metido todos y cada uno de los tópicos, estereotipos y lugares comunes del policíaco, es que además hay una intención de querer trascender o justificarse con un discurso grandilocuente. Y eso la hace aún más irritante. Si estás haciendo el thriller que podría devolverte una IA en un día bueno, es mejor quedarse ahí. San Martín quiere hilarlo todo con la idea de que lo que nos hace humanos es la violencia y la empatía, y que eso lleva en nuestro ADN desde la prehistoria. Ya no es solo que la idea está cogida con pinzas, es la manera de presentarla: a partir de una historia tipo «la niña de Rajoy», con una voz en off injustificada y unos homínidos la mar de simpáticos y felices.

Nos ahorramos comentar las piruetas argumentales y las soluciones para el desenlace final (el acting de Aria Bedmar, ay), que hay que ir cerrando la excavación. La película de Manuel Ríos San Martín definitivamente no pasará a la historia. Es cierto que hay de todo lo que uno se pueda esperar (sexo, drama de personajes, líos varios, crímenes truculentos…) pero está todo presentado de una forma tan mediocre que nada hace efecto. Es más o menos lo que uno se puede encontrar en cualquier thriller random de Netflix, pero peor hecho y además con más ínfulas.

Dónde ver

Arturo Tena

Arturo Tena

Graduado en Periodismo por la Universidad Carlos III de Madrid. Escribe crítica y análisis de cine desde 2010 y es socio de ACCEC (Associació Catalana de la Crítica i l'Escriptura Cinematogràfica). Después de trabajar en CTXT, desde 2018 dirige el medio especializado Cine con Ñ.