Críticas
La coleccionista: Si todo da miedo, nada da miedo

Stills de 'La coleccionista'. ©Unai Mateo. Montaje: ©Cine con Ñ
En La coleccionista se nos presenta la historia de algunos recién llegados a un pueblo fronterizo. Por un lado, está una familia (Maggie Civantos, Daniel Grao, Sua Enparantza), deseosa de dejar atrás una muerte traumática, y por otro, un trotamundos (Canco Rodríguez) que espera seguir allí su vida alienada de la civilización. Tanto la familia como el trotamundos entrarán en contacto con una mujer que les hará un extraño obsequio.
Película de terror sobrenatural y sin tregua, ambientada en un pequeño pueblo. La dirige y coescribe Manuel Sanabria, conocido hasta ahora sobre todo por sus películas junto a César Villaverde (La fiesta y Hotel Bitcoin), que ha orquestado esta historia sobre el poder oscuro que hay detrás de unos determinados objetos que acabarán por relacionarse con la vida de los visitantes y sus nuevos vecinos.
La coleccionista, desgraciadamente, se queda en muy poca cosa. Sobre todo porque no sabe cómo cocinar el miedo, una estocada definitiva siendo esta una película que va con todo a por el terror puro. Sanabria despliega toda una batería de recursos clásicos del género que no sabe cómo presentar, organizar o conectar de forma coherente ni con los personajes ni con el entorno.
Pueblo pequeño, infierno pequeño

Lo primero que se diluye en La coleccionista es la relación con el ambiente. La película presenta dos historias diferentes que pasan al mismo tiempo y en el mismo pueblo, que funcionaría como refugio de los problemas de los nuevos y temporales vecinos. Las conecta una de sus habitantes, una coleccionista de antigüedades, que parece ser temida por el resto de habitantes de la localidad.
Con este contexto, La coleccionista toma el peor camino posible. No solo es que coja perezosamente el punto de partida del terror rural, mil veces visto y revisto, sino que no hace prácticamente nada con él. Aunque al principio se apunta a posibles intrigas internas del estilo «pueblo pequeño, infierno grande», incluso a temas como la despoblación, son detalles que luego no significan casi nada en la lógica interna de la película.
Al final, la sensación es que toda la trama podría haberse desarrollado en cualquier sitio y habrían pasado las mismas cosas, más allá de un par de secuencias. El pueblo se convierte más en un decorado de base, sobre todo reducido a una colección de planos generalísimos, haciendo que se sienta más un recurso vago que un escenario real. Una lástima porque la fotografía o el diseño de sonido acompañaban para sacar mucho más.
La coleccionista de escenas de miedo

La segunda razón principal por la que La coleccionista falla, y esto es lo más problemático, es que su terror es plano y terriblemente lineal. La película no construye el momento en el que dar miedo, simplemente te lo lanza a la cara desde el primer minuto. Incluso en elgore más explícito o el terror más de serie B, para que algo de miedo tiene que haber un proceso, una conexión paulatina, ya sea con los personajes o con la situación, que desemboque en algún tipo de sacudida y sorpresa. Aquí no hay preparación, solo sucesión de elementos.
En esta película se ha hecho al revés: primero el impacto y luego buscar la forma de acercarse a él. La película pone desde muy pronto un nivel de intensidad terrorífica que es muy difícil de sostener tanto por los actores como en la dirección, lo que provoca el efecto contrario que se desea, anestesiando cada posibilidad de crear una inquietud real. Si todo tiene que dar miedo desde el principio, nada lo acaba dando.
No ayuda tampoco un montaje que, además de hacer muy confuso el guión, apuesta por intercalar de forma paralela dos historias que, es evidente, habrían funcionado mucho mejor como dos películas por separado (sobre todo la de la familia) y con más tiempo. Eso hace que se puedan suceder hasta tres o cuatro secuencias que se supone que tienen que dar miedo, pero totalmente desconectadas la una de la otra, creando una sensación anticlimática continua.


Arturo Tena