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Cuando un pueblo alavés se unió para desenfundar pistolas: el wéstern vasco del ‘auzolan’

Maider Oleaga presenta en San Sebastián el documental ‘Kuartk Valley’, que cuenta la historia de las personas que hicieron, a golpe de energía colectiva, el único western rodado en el País Vasco

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En 2014 se estrenaba la película Algo más que morir (Oier Martínez de Santos, José Luis Murga), el único wéstern hecho en el País Vasco. Fue el fin de una larga aventura, después de seis años de rodaje, para esta película hecha con mucha pasión y nada de presupuesto por los vecinos y amigos del valle de Kuartango (Álava). Ahora, siete años después de su presentación en el Almería Western Film Festival, llega al Festival de San Sebastián Kuartk Valley, un documental de Maider Oleaga que cuenta esta historia de amor por el género y la gran energía colectiva de un pueblo que decidió desenfundar las pistolas.

La historia de Algo más que morir, un «encargo deseado»

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Maider Oleaga, en el Festival de San Sebastián. Foto: Cine con Ñ

Oleaga (Destierros, Paso al límite) vive en Vitoria. Aunque Kuartango (o Cuartango) está solo a 20 minutos de la ciudad, llegó a este valle aislado de casualidad en una visita con amigos en 2014. «Alguien de ahí (el sheriff que aparece en la película, Roberto) nos enseñó su estrella y ropa de vaquero y nos dijo que habían hecho un wéstern allí. Luego vi en Internet que, efectivamente, existía Algo más que morir, que aún no se había estrenado oficialmente más allá de un pase privado, y aluciné. Pensé que había una historia que contar», ha explicado la directora y guionista a Cine con Ñ desde Donostia.

Pero no fue hasta un tiempo después que el productor Mario Madoño le ofreció a Oleaga, que había estado inmersa en otros proyectos, hacer un documental de esta historia. Los dos directores de Algo más que morir querían hacer un documental sobre cómo se había hecho esta película. Tras haberse quedado con la sensación de que era una historia que había que contar en aquella primera visita, Oleaga aceptó este encargo que califica como «deseado».

La cineasta empezó a investigar e ir a Kuartango de forma interrumpida, mientras completaba también sus otros trabajos. «A medida que fui yendo, me di cuenta de los elementos que tenía para hacer el encargo: no estaba el decorado original del poblado la película, pero sí que tenía el paisaje original de Cuartango y la forma cinematográfica del género». Con estas coordenadas, Oleaga cuenta la curiosa historia sobre cómo y por qué se hizó este primer wéstern vasco, pero también lo que había detrás de las puertas del saloon.

Kuartk Valley, una energía colectiva

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Kuartk Valley se fija en la vida cotidiana de los vecinos del Valle, que se expresan desde sus propios términos y con la complicidad de un pueblo unido que hizo algo (una película) de lo que están muy orgullosos. «Cuando retratas la vida de personas tiene que haber una relación personal con ellas. Fui mucho a Kuartango para que se generara una confianza, y surgió la amistad. Se lo tomaron de forma muy natural: para ellos era un recuerdo muy hermoso que estaban felices de compartir», explica Oleaga.

La película de Oleaga busca esa sensación humana y comunitaria detrás del filme, ya sea a caballo, en un tractor o echando una partida en el bar. Una experiencia que es un espejo entre las dos películas. Así lo explica la directora: «El cine es un trabajo y una experiencia colectiva. Estas personas no ayudaron solo gratis, por compañerismo o porque les daba la gana a dos personas que querían hacer una película en Algo más que morir, también lo hicieron en Kaurtk Valley. Las que han participado han arrimado el hombro siempre».

Los habitantes de Kuartango siguieron la cabezonería y el empeño de los directores por hacer esa película de vaqueros, pero podrían haberlo hecho para cualquier otra cosa. Aunque, admite Oleaga, el hecho de que fuera un wéstern les hacía especial ilusión a varios de ellos: «No era cualquiera película, era de vaqueros. Conecta con nuestra infancia, todos hemos visto esas películas. Eso se nota, había esa forma de jugar al tratarse de una película así».

Nuestro wéstern

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Aunque sea un género importado, la historia detrás de Kuartk Valley -o películas como Desenterrando Sad Hill (Guillermo de Oliveira, 2017) o la mera existencia del Almería Western Film Festival– demuestra lo vivo que está el wéstern en el imaginario y código cultural de muchas generaciones en España. «Nuestros abuelos y abuelas se veían muy reflejadas porque tiene que ver con el mundo rural, con esa forma de ser, vivir y estar cerca de la tierra. El wéstern tiene mucho de eso», dice Oleaga.

La novedad de Algo más que morir es que se trata del primer wéstern rodado en el País Vasco, circunstancia que sorprendió a muchos cuando la película se presentó en Tabernas, donde consiguió dos premios. Oleaga recuerda que «en Almería no se podían creer que lo hubieran hecho allí en Álava. Aunque lo que tengamos en la cabeza nos lleve al desierto, un wéstern se puede hacer en muchos sitios. Hay wésterns también en montaña, como los de Anthony Mann o John Ford».

Kuartk Valley tiene, claro, guiños al género. Oleaga trufa la película con una serie de momentos performáticos e icónicos de todo tipo que homenajean la estética de las clásicas películas de vaqueros. La directora, aunque reconoce lo generacional y la menguada presencia del género en las últimas décadas, piensa que el wéstern «siempre se puede reinventar, como en First cow (Kelly Richardt, 2019). Como tiene algo de fundacional, de cuando eramos salvajes y fuimos haciendo la civilización, quizá el wéstern nos sirva aún para recordar de dónde venimos».

Ahora estrenada en el marco del Zinemaldia, Oleaga espera Kuartk Valley llegue al máximo de personas posibles. «No por egocentrismo de los que la hemos hecho o los protagonistas. Creo que hoy en día es muy hermoso poder contar una historia en la que la fuerza de la colectividad, el auzolan, como decimos en el País Vasco, tenga esa importancia y ese espacio. Nos puede reconectar con la necesidad de estar juntos para salir adelante».



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