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José Sacristán, director de cine en FlixOlé: La discreta sensibilidad de un buen tipo

El Goya de Honor 2022, más conocido por su faceta de actor, dirigió también tres
películas en las que demostró una mirada especial

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La faceta como director de José Sacristán es casi desconocida, pero a lo largo de una década, que quizás coincide con la de su mayor prestigio como actor, el madrileño filmó tres títulos aparentemente muy diferentes pero con muchos puntos en común. Las tres dibujan una sensibilidad especial, no tan lejana de la de algunos de sus personajes más conocidos.

Aprovechando el Goya de Honor para el actor natural de Chinchón y la programación especial de FlixOlé dedicada al mismo, repasamos estos tres títulos, ninguno de los cuáles llegó a ser un éxito de público o crítica y que tienen en común la inspiración teatral de todos ellos.

El primero, de 1983, es Soldados de plomo, una historia familiar sobre la nostalgia y las raíces que casi parece cercana al Jose Luis Garci más reciente y para la que contó con Fernando Fernán Gómez, Amparo Rivelles, Fernando Vivanco y unas entonces aún no tan conocidas Silvia Munt y Assumpta Serna. Adaptaba un relato de Eduardo Mendoza y funcionó lo suficientemente bien como para que tres años después llegase el más interesante de los títulos de su breve autoría.

CARA DE ACELGA (1986)

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José Sacristán dirige, protagoniza y escribe (a partir de una historia del novelista Carlos Pérez Merinero) este drama cómico o comedia dramática. La película no queda demasiado lejos de El viaje a ninguna parte (Fernando Fernán Gómez, 1986), aunque en versión entre optimista y resignada, y también se acerca a Cinema Paradiso (Giuseppe Tornatore, 1988), aunque en un enfoque mucho más desencantado.

Antonio ‘cara de acelga’, el protagonista, es un cómico de la legua que se ha quedado sin trabajo al cerrar la compañía con la que recorría los caminos de las Españas. Empieza la película convertido en vagabundo sin oficio ni beneficio. Sus viajes sin rumbo fijo lo llevan a cruzarse con toda clase de personajes que viven a medio camino entre la tragedia y la farsa, ayudándolos cuando puede y quitándose de en medio cuando debe.

Una historia sobre un actor que se ha quedado sin nada que hacer en la vida se convierte poco a poco en un alegato sobre el cine, el teatro y la ficción como una forma de alivio de la soledad y de conexión entre los extraños. El protagonista que compone Sacristán en Cara de acelga está a medio camino entre Lázaro de Tormes (pero menos desesperado y más bonachón) y un héroe tontorrón del landismo, adornado con un sentido del humor que pasa de lo cafre -para la época y un poco para ahora mismo- a la fina ironía en la misma escena.

Incluso las partes inequívocamente crueles del guión acaban siendo retratadas con una ternura que no le pierde la cara al costumbrismo. Cara de acelga es surrealista, sí, pero ese surrealismo cotidiano que cualquier hijo de vecino ha podido conocer en los días de su vida. La cámara de Sacristán sabe alejarse para retratar la soledad de sus personajes o dejar que las escasas escenas de violencia nos sorprendan por su sequedad.

Por cierto, el reparto acongoja, aunque la mayoría son secundarios habituales de la época (y amigos de José Sacristán): Emilio Gutiérrez-Caba, Amparo Soler Leal, Fernando Fernán-Gómez, Marisa Paredes, Amparo Baró, Miguel Rellán, Rafaela Aparicio, María Isbert…

YO ME BAJO EN LA PRÓXIMA, ¿Y USTED? (1992)

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Adolfo Marsillach se adapta a sí mismo del teatro al cine y José Sacristán dirige y protagoniza una obra que ya había interpretado sobre las tablas, en este caso junto a Concha Velasco. Una historia de amor infeliz disfrazada de comedia, casi una relectura amarga de títulos como Asignatura pendiente (José Luis Garci, 1977), en la que los dos intérpretes hacen gala de su extenso repertorio de recursos tanto cómicos como dramáticos.

Sacristán y Velasco interpretan a dos divorciados que se reencuentran en una boda a la que acuden por compromisos laborales y a la que no pueden acudir sus actuales parejas. Las circunstancias del guateque hacen que rememoren lo mejor y lo peor de su relación, incluyendo cómo se conocieron mientras viajaban en autobús, con la pregunta que los hizo bajar a la vez y da título al filme.

Marsillach adorna obra y traslación al cine de falsos flashbacks, insertos en los que ambos actores encarnan a otros personajes para narrar la cómica vida amorosa paralela de la pareja antes y después de separarse. Con Sacristán por medio, se convierte en una reflexión meta en la que el cine y sus tópicos se convierten en constructores de la memoria.

Cara de acelga hablaba sobre alguien desencantado pero, básicamente, buen tipo, los publicistas divorciados de Yo me bajo en la próxima, ¿y usted? son empatizables por otros motivos: resultan demasiado humanos. Un poco miserables, un poco tiernos, un poco perdidos, verlos de charla con el recuerdo de su propia boda, en la que están presentes los fantasmas de sus padres muertos, es una escena que difícilmente no rompa el corazón.

Y, con todo, muy en la línea de cierto cine de la época, Marsillach y Sacristán proponen un final irónicamente hipócrita pero vitalista, que propone, una vez más, la superación de los complejos del franquismo y la doble moral e invita a disfrutar del presente, quizás decepcionante, pero el único posible para habitar.

El José Sacristán director y todas sus otras versiones se pueden disfrutar en las 53 películas que componen el Especial dedicado al actor en FlixOlé.
Imagen de portada original: Jorge Fuembuena – Academia de cine.


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