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Alta cultura, provocación y anarquía en ‘La última película de Jess Franco’

Llega a streaming el documental de Pedro Temboury sobre la obra del director de serie B por excelencia del cine español, rodado al mismo tiempo que su último filme

Jess Franco

La última película de Jess Franco, alias Jesús Franco (¿o viceversa?) fue, hablando con propiedad, Revenge of the Alligator Ladies (2013), cinta póstuma finalizada por Antonio Mayans. Pero, al mismo tiempo, también lo es el documental La última película de Jess Franco (2013), rodado en paralelo y un repaso a su vida y carrera que lo da por muerto antes de que lo estuviese (¿o no?). Otra película, esta dirigida por Pedro Temboury, que sus creadores consideran inacabada, una obra a medias y en construcción, rodada y montada sin tener todo lo necesario, como a veces fue el propio cine de su protagonista.

«Hay que decir que es más bien un work-in-progress, no se ha podido acabar del todo y se pueden ver algunos fallos, sobre todo de grafismo», explica Álex Mendíbil, guionista de La última película de Jess Franco. La figura del director «está llena de desinformaciones y tópicos, muchos promovidos por él mismo, y aquí quisimos acercarnos a su trabajo de una forma más concreta, intentando transmitir al que no lo conozca por qué es una figura tan importante y tan especial dentro de la serie B internacional». Es por eso que se mantiene muy pegado al círculo del propio Franco, en el que apenas solo participan personas que tuvieron mucha relación con él.

La película es un encargo de Eurociné, la productora francesa de serie B que más trabajó con el director y que emitió un corte de 50 minutos en la televisión gala en su momento. A España ha llegado este verano a streaming, a FlixOlé, un montaje de algo más de 72 que incluye brevemente una subtrama meta para enmarcar la acción, la existencia de un detective casposo y desastrado que recibe el encargo de localizar la única copia de la película que se está grabando.

Pedro Temboury como director era una elección obvia. Suyas son películas como Kárate a muerte en Torremolinos (2003) o Ellos robaron la picha de Hitler (2006), herederas del espíritu trash y disfrutón del propio Jess Franco y que transmite en los numerosos guiños del montaje, incluido el cierre que no desvelaremos. Mendíbil se sumó al guión como amigo del anterior y autor y coordinador el blog y grupo de Facebook del Franconomicon, además de estudioso del cine de Jess Franco.

Jess Franco y el desprecio de las buenas maneras

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‘El ataque de las vampiras’ (1973)

«El componente meta estaba desde el principio, aunque era una de esas partes más ambiciosas sobre el papel que se tuvieron que quedar en algo muy serie Z, pero en realidad, muy fiel al espíritu de Jess Franco», explica el guionista a Cine con Ñ. «Cuando llegó el día del rodaje no había casi nada de lo previsto y tuvimos que improvisar».

Algo que testimonios como el del propio Antonio Mayans o Lina Romay, la musa y pareja de Franco que pudo ser entrevistada también antes de su muerte, confirman: las prisas para el torbellino creativo que era Jess Franco no eran una traba, sino un impulso. Grababa sin presupuesto, sin vestuario, sin guión, pero teniendo claro lo que quería. Una narrativa que se complementa con contextos como el que dan otros documentales como Sesión salvaje (2019), y aquella ingenuidad como creativos y espectadores del cine de la Transición.

Para Mendíbil, el atractivo que intentan reivindicar del cine de Franco es «que juega con ambos extremos: la cultura más sofisticada, un increíble conocimiento musical y la cinefilia más profunda que he visto nunca, y al mismo tiempo, un desprecio hacia lo académico, hacia las ‘buenas formas’ de hacer cine y hacia la importancia que se le da a las películas por parte de los directores, los medios y los fans». Jess Franco era «un anarquista total, radical hasta para la gente joven con la que trabajaba al final, pero tenía un gusto y una cultura exquisitos. De ese contraste sale la esencia de su cine».

«En otras disciplinas», cree Mendíbil, «no es tan raro, vemos a grandes artistas haciendo música o pintura o literatura que rompe intencionadamente con lo que se considera ‘bien hecho’ y nadie se sorprende. En el cine comercial es menos habitual, está todo demasiado dominado por el academicismo y unos principios de calidad que no permiten salirse del tiesto. Por eso su cine, que nunca dejó de ser serie B, por tanto comercial, conecta bien con espectadores más próximos al cine experimental o al cine no narrativo».

El espíritu franquiano

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‘Miss muerte’ (1966)

Así, el documental presenta a analistas cinematográficos que estudian la influencia del expresionismo alemán en la estética del cineasta lo mismo que a productores que se desesperaban con su improvisación. Las actrices repasan los desnudos con distancia y buen humor afirmando que su mayor miedo era la aparición de la Policía y los autores contemporáneos recuerdan que ese tipo de cine hoy considerado casposo o excesivo supuso, a su manera, una revolución de las mentes y de las costumbres.

Un cine más hiperbólico pero menos resabiado, en el que Robert Foster se ríe de que usasen su nombre en películas en las que no participó… antes de acabar él mismo rodando con el director. En el que lo que ahora nos parece chapuza, explican sus protagonistas para disfrute de Temboury y Mendibil, se une a una crítica social a la hipocresía tanto artística como social del momento, y que Jess Franco quiso llevar hasta la década de 2010, aún harto de cierta mojigatería en el cine comercial.

Por eso, a la pregunta de si las películas como aquellas se podrían rodar hoy en día, Mendíbil nos responde que sí, «pero si hablamos de los temas y géneros que tocaba Jess Franco, se rueda hoy en día en plan nostálgico casi siempre, lo cual no tiene mucho recorrido. Hay gente trabajando en el underground o incluso un poco más arriba, en el cine alternativo independiente, que tiene a Jess Franco y a otros muchos directores como él como referentes e inspiración. Algunos tan reconocidos por la crítica como Peter Strickland, que a menudo lo cita como inspiración».

Pero, opina el guionista, lo realmente interesante ocurre «en el cine que se sigue haciendo con ese espíritu franquiano, aunque no le conozcan directamente ni lo citen, pero que busca contar cosas de la manera más libre posible, renunciando si hace falta al buen gusto, al buen cine y a todos esos estándares que no hacen otra cosa que limitar la creatividad».

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