Suscríbete Iniciar sesión

Entrevistas

«Rodando ‘El vasco’ en Argentina había chistes que teníamos escritos y nos pasaban a nosotros»

Jabi Elortegi, director de 'El vasco', explica el origen de la película, su coproducción con Argentina y cómo han querido reflejar la diáspora vasca en clave de comedia
Jabi Elortegi El vasco

Este viernes se estrena en cines El vasco, una historia sobre un joven de Bermeo perdido en mitad de Argentina que triunfó entre el público en su estreno en el Festival de San Sebastián. Su director, Jabi Elortegi, se sentó con Cine con Ñ para comentar el proceso creativo y de coproducción de esta comedia que juega con los estereotipos extremo pero que supera el tópico que asociamos al formato del choque entre caracterizaciones locales.

En El vasco el protagonista, Mikel (Joseba Usabiaga), se marcha a Córdoba, Argentina, a vivir junto a un familiar lejano para huir de Euskadi y todo lo que significa, pero no espera encontrarse con un recordatorio de la importancia de sus propias raíces. En clave de humor pero con toques de tragedia, la película plantea temas como el desarraigo, la emigración o la construcción de la identidad, tanto colectiva como individual.

Jabi Elortegi, además de dirigir El vasco, es uno de los fundadores de Pausoka Enterntainment, productora con una trayectoria en producción de series y tv movies para EiTB (como Goenkale, Ihesaldia o Irabazi arte) pero también documentales como Galerna (2012) o el programa de humor ¡Vaya semanita!.

"Rodando 'El vasco' en Argentina había chistes que teníamos escritos y nos pasaban a nosotros" 1

Sobre el papel El vasco parece una película que ya hemos visto muchas veces, la historia de un pez fuera del agua a base de tópicos regionales…

Ese juego del pez fuera del agua con el protagonista está, pero lo que no queríamos era hacer una película llena de tópicos. Así que hay un momento en que la historia gira, coge más poso y, siempre sin perder la capa de la comedia por arriba, se vuelve más dramática cuando la abuela despierta y aprovechamos para hablar de la emigración y de la gente que tuvo que huir de aquí. Lo hacemos además través de una persona que lleva 10 años sin memoria y la recupera. Nos parecía una bonita forma de contar la inmigración y cómo vive la gente de la diáspora nuestra cultura. La paradoja es que a nuestro protagonista, que viene renegando del País Vasco, sea una persona que ha perdido la memoria quien le hace recordar todo eso.

¿De donde sale el proyecto?

Sale de nosotros, de Pausoka. Estuvo escrito y guardado en un cajón mucho tiempo hasta que el Festival de San Sebastián organizó una serie de encuentros con productores argentinos y uno de ellos nos dijo: «Me llevo el guión al hotel y me lo leo, porque esto lo he vivido, conozco gente de la diáspora». Le gustó y a partir de ahí buscamos coproductores, que uno fue él y otro un productor de Córdoba, Argentina, que es donde finalmente se rodó El vasco.

¿Las localizaciones entonces son una elección de los coproductores?

Vino un poco porque ellos, Prisma Cines y Film Andes S.A., son empresas de las provincias Córdoba y Mendoza, respectivamente. La mayoría de descendientes de vascos están en Buenos Aires, porque es a donde llegaban los barcos, y se instalaban allí con el conurbano. Luego como muchos eran ganaderos pues se fueron también a la Pampa húmeda o a la parte de Mendoza, pero en la capital es donde viven más. Aún así nos venía bien que fuese una comunidad pequeña, porque también reflejó como era la vida en el mismo lugar del rodaje.

«El vasco estuvo en un cajón hasta que en encuentro con productores argentinos uno se llevó el guión al hotel porque había vivido lo que contaba, conocía la diáspora vasca»

Reflejáis también esa idiosincrasia argentina de que nadie es de allí y cada uno tiene su origen en una parte del mundo.

Fue una de las cosas que nos ayudó, y a ellos también, a creer en que era una historia universal. Si un gallego o un irlandés o un italiano ven esta película se van a ver reflejados, porque en Argentina hay de todo. Ellos lo entendían perfectamente. Algunos de los productores no tenían cerca a la comunidad vasca de allí, pero entendieron esa idea del exilio que queríamos contar. Podía ser un protagonista de cualquier parte del mundo.

¿Os documentastéis con casas de la cultura vasca como las que aparecen en la película?

Sí, sí, contactamos con muchos de ellos. Uno de los coproductores, como decía antes, es de la provincia de Córdoba, y pusimos el campamento base en Villa María, un municipio de allí que tiene un núcleo bastante fuerte de gente de origen vasco y un centro de la cultura vasca como el que se ve en El vasco. A partir de ahí ellos eran un poco los que nos prestaban la figuración, el atrezzo… Se volcaron con la película, todo lo que nos hacía falta nos lo daban.

Nos contaron que para ellos había sido un detonante para volverse a juntar, porque desde antes de la pandemia llevaban un tiempo que no se encontraban. Estas casas vascas antes tenían el sentido de que todo el que venía de la emigración tenían un sitio donde ir y les acogían o les ayudaban. Ahora sirven mantener vivas las tradiciones y culturas de los abuelos.

"Rodando 'El vasco' en Argentina había chistes que teníamos escritos y nos pasaban a nosotros" 2

¿Al escribir y rodar esta película os ha cambiado la idea de lo que significa ser vasco o argentino?

No (se ríe). Para nada. Creo que refleja como somos los vascos y como son los argentinos. Te pongo un ejemplo. En el pase en el estreno en San Sebastián acabó la película, salimos al coloquio y se dio el turno de palabra. Todos los que salieron a hablar eran argentinos, algunos de ellos sin familia vasca, pero que daban las gracias por la forma de mostrar el desarraigo: una señora de Necochea que su hija salía en la película, otra que está casada con el presidente de la casa vasca de su pueblo y andaban de visita… Solo hablaban los argentinos, desnudándose emocionalmente, nadie habló, como pasa en los festivales, de cómo está hecha la película, los planos, la música… Y los vascos, algunos con lágrimas en los ojos, porque vieron reflejadas situaciones familiares reales, pero sin hablar. Cogí el micro y dije «nada de esto está preparado, si lo llegamos a hacer de guión no nos sale».

¿Esas situaciones se vivieron en el rodaje, cambiaron la forma en que estaba prevista la película?

Sí y no. Hay chistes que los teníamos escritos… y nos pasaban. Como lo de que le pidan al protagonista que cante canciones de aquí en euskera o que baile un aurresku y él no sabe, eso me pasó a mí. Yo les decía: «Estáis muy locos». Nos llamaban ‘vascos vascos’. Allí un descendiente de vascos, aunque nunca haya pisado Euskadi, es vasco, y nosotros, los de aquí, somos ‘vascos vascos’. Llegaba uno y te daba un abrazo porque eras el primer vasco de verdad, como su abuelo, que veía en su vida.

Luego había cosas que nos las encontrábamos cuando íbamos a rodar y las metíamos porque nos parecía todavía más divertido. Fuimos a localizar un frontón y justo al lado había un roble, que es el símbolo de vascos, el árbol de Gernika. Hablamos con el dueño y era el nieto de un inmigrante. Nos contaba que él solo recordaba que su abuelo decía que a ese árbol no le podía faltar agua. Y se lo explicamos y el tío llorando… así que lo incorporamos al guión. Por eso creo que El vasco cuenta todas esas cosas: que no hay que dejar pasar el tiempo para hacer cosas con la gente a la que quieres o decir ciertas cosas, o para hacer feliz a nadie, como pasa con la abuela. Cuando lo crees, lo haces.

Foto de portada: Jabi Elortegi, director de El vasco – Pausoka Entertainment
Jose A. Cano

Jose A. Cano

Jose A Cano (Lora del Río, Sevilla, 1985), es licenciado en Periodismo. Ha trabajado en medios como El Mundo, 20 Minutos, El Confidencial o eldiario.es, entre otros, como periodista de local, internacional o Cultura. Actualmente ejerce como redactor en Cine con Ñ y colabora con medios como El Salto o El Español, entre otros.