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Filomena: Buenas intenciones para poco cine

Positivo en intenciones, pero de escaso calado como producto audiovisual.

Filomena: Buenas intenciones para poco cine 1

Filomena, documental dirigido por Richard Zulebzu y producido por Magda Calabrese junto a Objetivo Family Films, nos acerca a los efectos -y a una reflexión sobre las causas- de la reciente borrasca que asoló a una gran parte de España a principios de 2021. Sin embargo, la producción se centra exclusivamente en la ciudad de Madrid, donde indudablemente tuvo un impacto considerable.

Con la participación del colectivo Amigos de la Tierra -cuyo discurso vertebra la narración-, Filomena, que acaba de estrenarse en la plataforma Filmin, pretende establecer un discurso urgente contra el cambio climático a nivel global a través de un suceso local asociado al citado temporal del pasado enero.

En lo referente al contenido de esta pieza audiovisual, la intención descrita en el anterior párrafo es clara desde un inicio: tras una breve introducción, el punto de vista de Cristina Alonso, responsable de Justicia Climática y Energía de Amigos de la Tierra, conecta la problemática vivida a raíz de Filomena con nuestro estilo de vida -junto con la falta de medidas políticas o gubernamentales al respecto-, el cual no hace más que agravar el calentamiento global.

Filomena: Buenas intenciones para poco cine 2

Desde la intervención de dicha entrevistada, el documental tiene como objeto obtener conclusiones generales en cuanto al clima a través de ejemplos concretos de cómo se vivió en la capital española el paso del temporal: «Vivencias actuales de lo que podríamos encontrarnos en el futuro de seguir con este comportamiento», parece querer decirnos la lógica de esta producción. Lo que podría haberse limitado a un testimonio sobre los efectos de la mayor nevada en 50 años tiene como intención mirar el cuadro completo y servir como concienciación de uno de los mayores retos al que nos enfrentamos desde hace décadas.

Sin embargo, considero que este planteamiento (retomado en las conclusiones) parece divagar durante el desarrollo del metraje: concuerdo plenamente con las intenciones de este tipo de iniciativas, especialmente cuando a nivel político todavía hay líderes que cuestionan la mera existencia de un conflicto climático, pero a un nivel temático Filomena parece abarcar muchas cuestiones bajo el manto de la preservación del planeta sin terminar de conjugarlas de forma clara.

Se habla, por ejemplo, de la ineficiencia en la actuación de algunos estamentos de la Administración o de la opinión de la ciudadanía sobre el impacto del temporal, pero sin conectarlo con la cuestión climática. Se entiende la intención de mostrar la falta de preparación ante un hecho de estas características a través de este tipo de testimonios (que según la tesis de la cinta podrían repetirse de forma más frecuente si no actuamos), pero en ocasiones parece “dejarse en suspenso” la reivindicación climática para tratar un documental sobre una cronología de los acontecimientos a principios de año en Madrid.

Esta heterogeneidad de temas, muy relacionados pero expuestos con un aire a “cajón de sastre”, va en detrimento de la propia atención del espectador, quien tiene la sensación de enfrentarse a muchos frentes abiertos pero no saber a cuál atenerse. En cuanto a la organización del citado contenido, el documental comienza empleando imágenes de archivo -recurrentes a lo largo del mismo- para mostrar cómo, un año antes, el Gobierno ya alertaba sobre la necesidad de mentalizarnos ante la emergencia climática. Es decir, que la borrasca no se ha tratado de un hecho aislado en el tiempo.

Aunque posteriormente no termina de afirmar categóricamente que lo sucedido sea un indicio más en esta lucha contra el calentamiento global (el propio documental se «guarda las espaldas» de alguna manera, sacando conclusiones necesarias a través de argumentos plausibles y convenientes al mismo tiempo) a nadie se le debería escapar que la probabilidad de que estén relacionados es alta.

Filomena estreno documental Madrid

Tras un repaso analítico de cómo se vivieron aquellos días, a tramos muy próximo al reportaje televisivo, Filomena acaba hablando de manera global y loando principalmente las iniciativas de origen ciudadano. Sin embargo, la «larga travesía en el desierto (helado)» desde el inicio hasta el final, en la que la dispersión del punto de vista es notable y la reiteración de la citada estructura de reportaje en la forma de presentar los hechos se hace reiterativa, juega en contra de la connivencia con el espectador, la cual es todavía más fundamental que en una película de ficción por lo necesario del mensaje y su impacto real.

Por último, cabe hablar del interés de la producción desde un punto de vista audiovisual: en este aspecto, los posibles puntos fuertes que ofrecía el material de partida (imágenes “irrepetibles» que podrían haberse mostrado con un sentido más estético o un punto de vista focalizado en un sujeto durante aquellos días en vez de dispersarlo a la manera de los relatos propios del telediario) quedan subordinados al discurso reivindicativo general. Es decir, que en el aspecto cinematográfico Filomena ofrece un interés casi inexistente.

En definitiva, el documental se trata de una iniciativa centrada en llamar la atención sobre el cambio climático con aires a reportaje de televisión por encima de prestar atención a las posibilidades de un lenguaje más cinematográfico (el cuál no únicamente tiene que ver con la imagen, sino con el propio ritmo o el mencionado punto de vista), lo cual lo hace positivo en cuanto a sus intenciones, pero de escaso calado como producto audiovisual.

Jorge Dolz (@J_Dolz)

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