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Aitor Merino usa a su familia para reflexionar sobre el amor y la muerte en ‘Fantasía’

Los directores de ‘Asier eta biok’ vuelven a basarse en experiencias personales para un documento en el que la vejez y los cuidados centran el discurso

Fantasía documental Aitor Merino

Fantasía es más un documento que un documental. A partir de algo a medio camino entre el vídeo casero y el slice of life, Aitor y Amaia Merino (Asier eta biok, Non dago Mikel?) graban a sus padres en un viaje en crucero por sus bodas de oro y más tarde en diferentes situaciones cotidianas en las que, a lo largo de cuatro años, rememoran a miembros perdidos de la familia, constatan el paso del tiempo, comparten momentos tiernos y reflexionan junto al espectador sobre la verdadera naturaleza del amor y la seguridad de la muerte.

Los hermanos Merino dirigieron en 2013 Asier eta biok, la historia de la amistad de Aitor con Asier Araguren, un antiguo compañero del colegio en Pamplona que a principios de los 2000 se convirtió en miembro de ETA. Si aquel ejercicio fue de exposición al máximo, casi más del cineasta que de su amigo condenado por terrorismo, Fantasía es un paso más allá. Tanto por la intimidad de la familia revelada, con conversaciones que a cualquier espectador le resultarán cercanas pero es raro ver expresadas de manera tan directa, como por los miedos, experiencias y anhelos compartidos.

La presentación de Fantasía en Donostia fue la más familiar de cuantas hayan visto o vayan a verse en esta 69 edición del certamen, y además lo fue en un sentido estricto, con los Merino compareciendo rodeados de amigos y conocidos además del equipo de Doxa Producciones. Aitor, acreditado como director en solitario debido a que la mayor parte del rodaje corría de su cuenta debido a que su hermana reside en Ecuador, reconoció los nervios por exhibir en el mismo certamen y sección, Zinemira, en los que obtuvieron el premio Irizar del Cine Vasco en 2013.

Fantasía y la herencia que dejas cuando no tienes nada

Aitor Merino usa a su familia para reflexionar sobre el amor y la muerte en 'Fantasía' 1

Los Merino han confesado que durante al menos la mitad de los cuatro años que ha durado el rodaje sui generis del documental sus padres no eran conscientes de que el material estaba destinado a convertirse en largometraje. En el viaje en el crucero que bautiza la película, el Fantasía, la pareja daba por sentado que sus hijos, ambos cineastas, estaban grabando un video familiar especialmente trabajado, pero nada que, previo paso por guión y montaje, iba a acabar exhibiéndose en festivales como el de Málaga o este de Donostia.

Aún así, más allá de esas imágenes haciendo el ganso de vacaciones en el no lugar por excelencia que es el crucero y de la cotidianidad robada de algunos momentos de cámara fija, conforme avanza el montaje hay en el veterano matrimonio una progresiva conciencia de la proyección de cuanto hacen acompañada de una pérdida de vergüenza que trasciende el que los pillen sin dentadura postiza o luciendo tripa y mollejas recién levantados.

Hay que estar hecho de piedra para no sentirse interpelado por alguna de las situaciones que evoca Fantasía, con la abuela que ejercita la memoria a veces de recitar capitales de países, el padre que ya no puede tocar la guitarra como antes por culpa de un ictus o la madre que conserva el recuerdo de los abuelos convirtiendo sus fotos antiguas en ilustraciones a carboncillo. Todos sabemos, o intuimos de primera mano, el shock que supone dejar de ser hijo pero seguir siendo marido, padre, hermano o sobrino, y nos convertimos un poco en los Merino durante el metraje.

Memoria de nuestro bienestar

Aitor Merino usa a su familia para reflexionar sobre el amor y la muerte en 'Fantasía' 2

Porque lo que esta familia tiene de universalizable, en tanto todos podemos ver algo de nosotros en ellos, lo tiene también de documento sociológico. El Estado del Bienestar se cuela por las rendijas de los achaques del patriarca o las oportunidades de las que han disfrutado Aitor y Amaia pese a ser nietos de camioneros e inmigrantes. Dos cuarentones sin hijos en el momento del rodaje que siguen muy cerca de sus padres en lo emocional pero aún lejos en el estilo de vida.

Fantasía nos atrapa con la guardia baja gracias a un montaje muy inteligente, que parece vendernos algo más cotidiano y anodino de lo que acabamos encontrando y que crece con cada secuencia. El documental se va desvelando poco a poco como un espacio en el que es posible llorar de pura ternura, que te rompan el corazón de alivio o reír como bobos ante cualquier payasada en el espejo de un ascensor. Es decir, como la vida misma.

En fin, Fantasía llegará a salas comerciales durante este otoño en una trayectoria que intuimos, será reducida pero muy bien apreciada por el público que se atreva a acercarse a ella. Hay en este filme un algo de futura película de culto, de testimonio que va mucho más allá quizás incluso de lo que han previsto sus directores. Y si eso no es la esencia misma de hacer cine, que venga Dios, el osaba Pedro o quien se ocupe de estas cosas y lo vea.

Imágenes: Fotogramas de Fantasía – Doxa Producciones
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