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‘Fácil’ muestra lo difícil que es hacer una serie compleja sobre discapacidad (y punk)

Adaptar al audiovisual una obra literaria, la que sea, no es fácil. Hablar sobre discapacidad, y encima, toda la deconstrucción social y discurso progresista actuales mediante, sobre la sexualidad de las personas discapacitadas, tampoco. Meterse en el fregado de adaptar una novela de la penúltima autora punk, especialmente dotada para la polémica, que incluye críticas descarnadas a trabajadoras sociales militantes de las CUP, escenas de sexo explícito entre personas con (supuesta) discapacidad intelectual y, en general, una crítica al sistema de protección social en la que se apaga el fuego con lanzallamas, ya era el doble salto mortal.
Fácil, la serie de Anna R. Costa para Movistar Plus+, adapta la novela Lectura fácil (2018), de Cristina Morales, ganadora del Premio Nacional de Narrativa. El detalle casi no se ha mencionado en la promoción, a pesar de ser público y notorio. Quizás porque la escritora tuvo el detallazo, el pasado julio, de publicar una columna en la revista Rockdelux con el título ‘Si te gustó el libro, te encantará la serie’, en la que rebautizaba la serie como Nazi y cargaba con todo el vitriolo que le es propia contra el rebajado con agua que ha recibido su planteamiento.
En la rueda de prensa en el Kursaal este martes 20 de septiembre, tras la Gala de Movistar Plus+ celebrada en el Festival de San Sebastián, compareció la directora junto a Domingo Corral, director de producción original de Movistar Plus+, y Sandra Hermida, productora ejecutiva, además de las actrices Anna Marchessi, Coria Castillo, Anna Castillo y Natalia de Molina. A preguntas de los periodistas, Costa comentó haber leído la columna y que respondió por privado.
«Le dije que había leído el texto, que tenía libertad de expresar lo que piensa, pero que si quería opinar sobre la serie podíamos haber hablado antes de lo que supone escribir, producir y dirigir una serie. Y que en todo caso ella de lo único que podía opinar es de lo que había cobrado». Aunque parezca duro, que lo fue, más tarde amplió las razones de algunas de sus modificaciones, sin necesidad de preguntas al respecto.
Adaptar o desadaptarse

El argumento de Fácil, la serie, no dista tanto de su inspiración literaria: cuatro mujeres en la treintena, con diferentes grados de discapacidad, intentan vivir de manera independiente en un piso tutelado, a pesar de la presión paternalista del sistema. Quieren huir de la residencia que las deshumanizaba, de familiares que intentaban aprovecharse de sus pensiones o de la sobremedicación a la que habían sido sometidas. Una de ellas se enfrenta a la amenaza de la esterilización forzada debido a su comportamiento sexual, considerado inapropiado por la fundación que las tutela.
La novela es un collage narrativo que presenta las voces de las protagonistas desde diferentes técnicas: un monólogo interior, una novela escrita en ‘lectura fácil‘, una declaración judicial, las actas de la asamblea de una casa okupa y hasta un fanzine. La serie opta por caminos más convencionales -aunque hace referencia a todas esas vías- y también por reducir la carga sexual y política del original. Se elimina a los okupas que ayudan a una de ellas a instalarse por su cuenta para evitar ser esterilizada, las referencias políticas de actualidad y la mayoría de escenas de sexo. O más bien, estas últimas se convierten en más propias de una serie que aspira al público general.
Costa fue preguntada por si el personaje de la trabajadora social que tutela a las protagonistas, encarnada por Bruna Cusí, representa en parte a los espectadores «porque queremos ayudar a esas chicas». La directora respondió que ya estaba en la novela, donde «en principio, todos los personajes que trabajan para la institución son radicalmente malos. Yo tenía muchísimo interés en que eso fuese opuesto. Una cosa es la institución y otras son las personas. Desde mi primera escritura, y mi primera reunión con Cristina Morales, dije que eso no iba a ser así. El personaje de Bruna tiene una opinión propia e intenta acercarse a ellas proporcionándoles derechos, no servicios».
Otra diferencia, que no se comentó, es que realmente en la novela el personaje de Nati (Anna Castillo) no es discapacitado. Su «síndrome de las compuertas» (al que hace algún guiño el montaje) es en realidad un enfado constante contra cualquier tipo de injusticia, donde se adivina un alter ego de la autora. Nati es percibida como discapacitada porque se rebela ante lo que cree que deberíamos rebelarnos todos, y por eso llama «fascista» a la trabajadora social militante de las CUP (en la serie no tiene afiliación política).
Que la escritora se vea a sí misma así, aunque en muchos momentos se ría del asamblearismo okupa y otros elementos, puede parecer un poco ingenuo o tontorrón. La serie lo adapta explicando la discapacidad sobrevenida de esa misma mujer con un diálogo en el que ella pregunta a otro personaje: «¿Yo antes era normal, verdad?». En compensación, la mano de Costa y la directora Laura Jou consigue reflejar con efectividad el ballet para personas con diversidad funcional que es parte fundamental de la expresión de ese personaje -Morales fue bailarina-, se nota que con asesoría al respecto y usándolo, como la novela, para reflejar la necesidad de aceptación de los cuerpos no normativos.
La lectura fácil de Fácil

Así, aunque Costa insistió en la rueda en que no quería una serie «social», la percepción de la misma ha escapado a sus manos en el momento que ha llegado al público. Fácil es una serie en la que, en su primer pase ayer en San Sebastián, cuando apareció Natalia de Molina como Margarita, en el patio de butacas alguien lanzó un «¡qué buena es!». Y durante la rueda de prensa hubo otro alguien que comentó a la directora que «a mí, que soy una persona normal (sic), esta serie me ha descubierto cosas». Está claro, por cómo explican su experiencia, que no es la intención ni de la creadora ni de las actrices este tipo de lecturas. Pero nos atrevemos a especular con que serán las mayoritarias.
Por supuesto, sí que las actrices lo dan todo y su trabajo es espectacular. Tanto Natalia de Molina, con una transformación de la expresión corporal, la voz o el mismo rostro poco habitual, como una Anna Castillo, más contenida. Igualmente las dos «novatas», Coria Castillo, con experiencia como cómica pero empezando en la ficción, y Anna Marchessi, que da el salto a actriz tras años como guionista, entre otras, de Amar es para siempre o Luimelia.
En San Sebastián se ha hablado de Fácil como una serie «diferente, arriesgada y que se sale de la norma». Es verdad que Costa y Jou juegan con la cámara para dirigir nuestra mirada hacia los personajes -unas veces vamos tan pegados a los rostros de Àngels o Marga que no podemos evitar contagiarnos del viaje emocional de turno, otros las mujeres son enfocadas desde las alturas, enmarcadas en soledad dentro de la grandilocuencia de Barcelona-. Pero lo cierto es que la serie, en general, no se aleja mucho de los estándares habituales de Movistar Plus+, para bien y para mal.
Fácil termina con las cuatro protagonistas «huyendo» de que les arrebaten su piso tutelado mientras el personaje de Nati grita «¡Anarquía!» de forma un poco cómica. Y también con aplausos, muchos aplausos, tanto en los pases como en la misma rueda de prensa. Es cierto que hay un gran esfuerzo y mucha autoconciencia del propio trabajo y sus vetas más problemáticas en esta serie, pero no es tan arriesgado algo que sabes que va a ser aplaudido de manera… fácil. Aunque enfades a su autora punk.

Jose A. Cano